‘La filosofía es un arma potente contra la resignación’

‘La filosofía es un arma potente contra la resignación’

Marina Garcés, filósofa española, habla de la importancia de pensar y saber para ser libre.

Marina Garcés

Garcés estudió filosofía en Barcelona, actualmente es profesora en la Universidad de Zaragoza y hace parte de la organización catalana Espai en Blanc.

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Guillermo Ossa / EL TIEMPO

25 de enero 2018 , 08:32 a.m.

Para Marina Garcés, filósofa y escritora catalana, la filosofía es un alma subversiva. No es una teoría abstracta ni vacía, aplicable a todo, sino más bien, la capacidad de prestarle atención al mundo. Para ella, autora de cinco libros y de un sexto que se lanza en abril, la filosofía no llena de contenido lo que ya existe, porque tiene un efecto vaciador, retira la obviedad, insiste en la pregunta: ¿cómo sabes lo que sabes?

En el marco del Hay Festival, Garcés estuvo en la Biblioteca Pública Piloto para hablar sobre la crisis, la transformación, la violencia y la información que satura al planeta. Y a partir de su propia aproximación a la vida filosófica y a su deseo de pensarse y pensarnos de manera distinta, la autora conversó con EL TIEMPO sobre la realidad actual de Medellín.

La ciudad es modelo de transformación ¿Es posible cambiar la cultura y adaptarla a una nueva realidad?

Yo confío poco en estos esquemas que pretenden borrar el pasado para empezar de cero, ya sea otra historia, otra cultura, otra vida. Creo que la vida humana y la vida de las colectividades es un continuo retomar y desplazar, y eso, implica discriminar qué de lo vivido nos da puntos de apoyo, valores y formas de vida.
No creo tanto en cerrar una historia para empezar otra radicalmente nueva, porque ahí hay un engaño y además hay un peligro, que es el de dejar fantasmas en el armario, mal resueltos. Las historias tienen que estar vivas y tienen que estar abiertas.


Medellín ha cambiado en su infraestructura ¿Cómo incide el espacio físico en la transformación de los pensamientos?

Estas son ciudades que tienen la particularidad de tener espacios públicos singulares por la geografía y por el tamaño tienen la complejidad de mundos, de desplazamientos. El espacio público es vivo, entonces, cualquier estrategia de recuperarlo para un uso colectivo, es político y crea colectividad.

Se hace para la convivencia y para cultivar convivialidad. Es una herramienta concreta para poder aprender a vivir juntos y aprender juntos a vivir. Se puede rehacer, con recursos tan simples como el espacio.


¿Cuál es el rol de la memoria en ese proceso?

La memoria es algo en lo que es necesario y preciso trabajar de muchas maneras, siempre tiene un componente de ficción tanto personal, como colectiva, que nos sirve para nombrar algo de nuestro pasado.

Por otro lado, están las historias con las que seguimos viviendo, que no necesariamente quedan dentro de la memoria, es aquello con lo que seguimos avanzando y seguimos escribiendo nuestro presente vivo. Entonces, tiene que haber una relación entre una y otra, cómo articulamos las memorias de estas historias vivas que nos dan un presente y un mañana.


¿Qué tan importantes son las experiencias que se heredan en la concepción del presente de las nuevas generaciones?


Uno de los problemas de la vida política, social y cultural en España, en general, ha sido precisamente la de una falta de transmisión viva de las historias. Hay unos cortes generacionales de la guerra civil y de la dictadura que han debilitado el presente.

Cuando hay posibilidades de cambio, no se sabe, se despiertan todos los miedos, porque no hay una transmisión concreta de las historias. Me parece importantísimo no acallar lo vivido, para que otros puedan vivir.

Yo alertaría de cualquier tentación de decir que no se va a hablar más de algo porque un día saldrá en forma de miedo, y eso, discapacita a los siguientes si no saben qué han vivido sus padres, sus abuelos, el desplazado de aquí, el de allá, por qué este se movió de su tierra, por qué a este le mataron al hermano o al hijo.


¿Cómo convergen las individualidades y las realidades propias en esa construcción de identidad común?


Para mí son muy importantes porque no creo en la dualidad entre lo individual y lo colectivo, no es o una cosa u otra, sino que todo colectivo está compuesto de vidas singulares, yo no diría de individuos, porque ya es una categoría demasiado reductiva, sino de vidas singulares que se ponen en común.

Si anulamos la singularidad de cada historia, de cada cuerpo, cada circunstancia en lo colectivo, o lo contrario, si convertimos solo en una suma de individuos nuestras sociedades, estamos perdiendo esa relación viva entre el yo y el nosotros.


Medellín lleva décadas de violencia ¿Podemos desligarnos de esta?

La vida humana está atravesada por muchas pulsiones, deseos y oscuridades que van desde los estratos más biológicos y genéticos de nuestros organismos, hasta las herencias culturales y las experiencias recibidas. Materialmente, somos muy complejos.

La cuestión ética y política es qué hacer con eso. Hay que estar siempre aprendiendo a hacer de la vida colectiva una cuestión: cómo aprender a tratarnos bien, cómo deshacer las violencias que nos enfrentan como sociedades, como hombres y mujeres, como personas que nos queremos y a la vez nos destruimos. Todo eso está ahí, no para ser negado, sino para ser transformado.

Las historias
son aquello con
lo que seguimos avanzando y seguimos escribiendo nuestro presente vivo


¿Puede la filosofía abrir caminos en esa transformación?

Para mí es una herramienta clave, como tantas otras, como el arte o la cocina, como cualquier cosa que sirva para tratarnos bien y en condiciones de igualdad. La filosofía permite no dar por hecho lo sabido, es un arma potente contra la resignación, permite volver a preguntar si podemos hacer las cosas de otra manera, si podemos verlas de otra manera, si podemos pensarlas de otra manera.


Eso demuestra que la filosofía no le pertenece solamente a los académicos...

Sí totalmente, hacen falta batallas para sacar la filosofía de la academia, pero no para divulgarla, sino realmente para devolvernos las herramientas, esa potencia común que tenemos todos que es la de pensar.


VALENTINA VOGT
Para EL TIEMPO
Valalb@eltiempo.com
@ValentinaVogt

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