La América: una librería que se encuentra en vía de extinción

La América: una librería que se encuentra en vía de extinción

Este lugar, en el centro de la ciudad, lleva 72 años dedicado a la venta de libros.

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La librería científica era vecina de la América en esta calle. Sin embargo, el año pasado cerró su local en el centro de Medellín.

Foto:

Mateo García

19 de septiembre 2016 , 11:17 p.m.

Vejez. Eso es lo que tiene de especial la librería América, dijo Fernando Navarro, su dueño, mientras hablábamos en su oficina, al fondo del local lleno de libros, y acompañado por la música proveniente de la calle.

La voz de Héctor Lavoe llegaba a todos los rincones y se combinaba con las palabras de Fernando, quien contaba la historia de su librería en los 72 años de vida, fundada por su padre, Jaime Navarro, en 1944.

La América está ubicada en el pasaje Boyacá, rodeada, entre otras cosas, de pornografía y libros piratas. Esta es la más antigua de la ciudad, y la última del Centro, de aquellas de la vieja escuela, como la Dante, la Nueva, la Científica y la Continental. Todas desaparecieron en silencio, no hubo funeral para ninguna.

En 1944 Jaime Navarro fundó un negocio en el pasaje Boyacá. Allí mismo, en la calle Real, donde todo lo que entrara a esta conservadora y católica provincia tenía que pasar.

Desde principios del siglo XX el sector estuvo dedicado al comercio. Aunque ha sufrido muchas transformaciones, en diferentes ampliaciones que se han realizado durante muchos años, no pierde la vocación.

En ese contexto estaba la librería, llena de estudiantes universitarios en busca de sus textos, de intelectuales tras las nuevas lecturas.

Ahora, 72 años después, todo está igualito: la baldosa, la caja registradora, la variedad de libros, todo menos una cosa, los lectores.

Por esa razón, Fernando Navarro se atreve a afirmar que la librería “está en vía de extinción”, y que sigue el camino de su vecina, la Científica, que el año pasado dejó su local en el Centro, y de la Nueva, la más antigua de la ciudad, que cerró luego de 92 años de existencia. “Los costos de los libros siguen siendo una complicación. Y la piratería, aquí hay 14 puestos de piratería en esta cuadra. Esto parece una plaza de mercado estrato menos 12”, son algunas de las razones de la actual situación.

Este mismo concepto lo comparte Hernando Donado, dueño de la Científica y de la difunta Nueva. “Eso como negocio ya no es rentable. Todas las universidades les venden los libros a los muchachos, las librerías quedamos huérfanas, quedamos solas”.

Sin embargo, existe una razón más poderosa y es el Centro, ese amado y odiado Centro. “Esta calle es un desastre, es la calle del diablo”, sostiene Fernando.

Y es que la calle comenzó a tener esas dinámicas hace unos 20 años. Cuenta Navarro que ya no llegan hasta allí los clientes frecuentes, los que iban a mirar, a preguntar por novedades, a leer un rato para ver si se convencía de comprar el libro.

A veces, cuando Fernando abre el candado en la mañana, le parece que es algo monótono, pues lleva 50 años en las mismas, todo es igual, lo único que han cambiado son los clientes y él no ha pasado de intentar tener un buen servicio para que la gente llegue.

En diciembre del 2015 Palinuro abandonó el Centro, no dio más y ahora, ocho meses después, no se arrepienten de la decisión y están contentos en el sector Estadio.

“Admiro la tenacidad y esa fe de librero que tienen. Para bien de la ciudad todavía queda como ese rayito de luz ahí en el Pasaje Boyacá”, expresó Luis Alberto Arango, de Palinuro.

Pero esa no es una posibilidad, la América no se va, nació en el Centro y ahí se va a quedar. “¿A otro lado? ¡No!, ni riesgos. Si aquí que tengo mi local propio, esto pagando arriendo no te da, y menos en esos centros comerciales que son tan costosos, no. Para ninguna parte, de aquí salimos para el cementerio como cuando se muere uno”, aseguró Navarro.

Muchos consideran que las librerías son patrimonios culturales de las ciudades, tal vez en esta no, porque poco importó el cierre de la Nueva, y Navarro opina que la administración “no tiene nada que ver con esto, y no creo que les interese”.

Amalia Londoño, secretaria de Cultura, afirmó que la visión que se tiene desde la Administración es apoyar a este tipo de negocios desde los diferentes eventos del libro que tiene la ciudad.

Frente a esta situación y, puntualmente, hablando de la América, que en cualquier momento podría decir “no vamos más, vamos a cerrar”, comentó que es algo “muy desafortunado, sobre todo porque yo creo que hay maneras de reinventarse y el ejemplo más grande es el de otras librerías que, aunque desafortunadamente han salido del Centro, han logrado reinventarse en otros espacios de ciudad, que ha valido la pena”.

Por ahora, solo queda esperar. Aún hay muchos libros por vender, pero también mucha música por escuchar y mucho porno por comprar. Pero la ciudad no puede dejar morir otro lugar tradicional, dice Hernando Donado, por eso desea que “Fernando continúe con esa librería, porque el pueblo la necesita, necesita librerías en el centro”.

Salí del lugar, aún sonaba Héctor Lavoe, tal vez el cantante se quede en la calle sonando durante muchos años, pero el librero, Fernando, no se sabe hasta cuándo estará en aquella vieja librería.

MEDELLÍN

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