Campesinos restituidos exportarán plátano

Campesinos restituidos exportarán plátano

La historia de personas que se levantaron de la violencia de los grupos armados.

Campesinos restituidos exportarán plátano

Daniel Polo camina por sus plataneras en el predio del que había sido despojado por grupos paramilitares hace más de 20 años. Espera exportar pronto el producto de su cosecha.

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Jáiver Nieto / EL TIEMPO

23 de abril 2017 , 01:19 a.m.

Paquemás –una de las veredas donde más hubo despojo de tierras en el Urabá antioqueño– es hoy territorio de paz. Durante casi 50 años sus habitantes no conocieron más que la guerra. Primero, entre el Epl y las Farc. Luego, los ‘paras’.

El conflicto sacó de sus tierras, a sus 30 años de edad, al campesino Daniel Emilio Polo.
Pero a los 51, ya con canas, regresó con un único propósito: sembrar plátano hasta sus últimos días para ayudar a pagar los estudios de sus 14 nietos y dos bisnietos. Más de 20 años esperó para volver a su parcela en esta vereda de Turbo, de donde lo desplazaron con su esposa y cinco niños, el mismo día que asesinaron a seis personas frente a él.

La orden que tenían los ‘paras’, al mando de Éver Veloza, ‘H. H.’, era despojarlos de las tierras ‘a sangre y fuego’. “Vende usted o vende la viuda”, les dijeron a Daniel y a sus vecinos. La noche del destierro, los ‘paras’ pintaron panfletos en las fachadas de las casas y golpearon las puertas con sus fusiles, como una forma de advertirles que les quedaba un día para desocupar sus fincas.

Ahora, Daniel está parado en el mismo predio de 12 hectáreas, con botas de caucho, sombrero, poncho y un machete al cinto, listo para caminar por sus plataneras y ver si dieron frutos y trazando un futuro: sembrar cuatro hectáreas de plátano y exportarlos a Estados Unidos y Canadá.

Como él, otras nueve familias de Paquemás se insertarán al mercado extranjero. En su finca, construyen una de las 10 empacadoras para envolver el fruto con calidad, primer paso para acceder a un código y un sello de exportación, con ayuda de la Embajada de Suecia, la FAO y la Unión de Bananeros de Urabá S. A. (Unibán).

Sonia Castillo, coordinadora del programa de Reconciliación de la Unidad de Restitución de Tierras, explicó que, además de devolverles el predio a las víctimas, las apoyan con proyectos productivos y las ayudan a construir un futuro. “En Urabá hay vocación platanera, cuando retornaron querían volver a sembrarlo. Hoy lo venden en el mercado nacional a bajos precios. Queremos insertarlos al mercado de exportación para que tengan ingresos estables”, dice.

El año pasado, las familias de Paquemás exportaron 113 toneladas de plátano y están produciendo 116 cajas semanales para comercializarlas en el exterior. Eso fue posible porque los empresarios bananeros capacitaron a los campesinos sobre buenas prácticas agrícolas y les enseñan a empacar los productos de tal forma que sean competitivos en el mercado.

Otra de las beneficiadas es Mélida Isabel Martínez, experta en el proceso de empacado. Todos los días, ella y sus dos nietos revisan la siembra de plátanos, verifican que den frutos y no los ataquen enfermedades.

Mélida y su esposo, Carlos Arturo Pereira, fueron los últimos en irse de la vereda. Tuvieron que dejar sus tierras en febrero de 1997, cuando vieron su casa en llamas. La pareja fue testigo de muertes y de presiones para que los habitantes entregaran los títulos de sus predios, adjudicados en 1994 por el antiguo Incora.

El difícil retorno

La tierra que Daniel puede cultivar hoy la vendió en 1996 por 3 millones de pesos, bajo amenazas y en medio de la disputa entre Farc y ‘paras’, que se asentaron en Paquemás, vereda de 1.138 hectáreas, donde vivían 114 familias. Daniel y su familia regresaron en el 2014. Ya han retornado 36 familias (de 81 despojadas), a las que un magistrado de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín les restituyó sus tierras. Otras 40 están en proceso de recuperar los títulos.

Daniel no niega que tuvo miedo de regresar. La última imagen que tuvo fue la de seis personas asesinadas para que los campesinos supieran que era en serio que se tenían que ir. El día que volvió, su parcela estaba irreconocible, su casa ya no existía. “La guerra arrasó con todo, si no fuera porque me sé de memoria el camino que dejé de pisar por 20 años, diría que esa no era mi tierra”, asegura.

Con los 9 millones de pesos que le dio Restitución de Tierras construyó una vivienda y empezó a sembrar. Pero todo se vino abajo cuando apareció el antiguo dueño de sus predios. “A los 20 días de retornar, el antiguo poseedor envió a un empleado para advertirme que si no me iba tumbarían la casita y quemarían los cultivos. Una noche llegué del pueblo y no había nada”, relata. Con el respaldo de funcionarios de Restitución de Tierras denunció y la Policía capturó al antiguo dueño, que no solo era el poseedor de ese predio sino de otros de la región.

La esposa de Daniel y sus hijos no quisieron volver, pero él se arriesgó y hoy sabe que valió la pena. Está seguro de que esos años de guerra quedaron atrás.

DEICY JOHANA PAREJA M.
Enviada especial de EL TIEMPO
Turbo

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