Cuatro años después de la tragedia, finaliza el juicio por el Space

Cuatro años después de la tragedia, finaliza el juicio por el Space

Esta semana se conocerá el sentido del fallo en el proceso penal por la muerte de un residente.

Edificio Space en Medellín

El edificio Space, levantado en el barrio El Poblado, de Medellín, colapsó el 12 de octubre del 2013 y mató a 12 personas.

Foto:

Guillermo Ossa / Archivo EL TIEMPO

08 de octubre 2017 , 04:36 p.m.

Las últimas audiencias del juicio por el desplome de la torre 6 del edificio Space, en la capital antioqueña, coincidirán con el cuarto aniversario de la tragedia que segó 12 vidas el 12 de octubre del 2013.

La investigación por la muerte de 11 trabajadores que laboraban la noche del derrumbe ya precluyó, luego de la reparación de sus familiares. El caso sigue abierto por Juan Esteban Cantor Molina, un residente fallecido tras haber estacionado su vehículo en límites de las torres 5 y 6.

En el proceso, adelantado por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Medellín, están acusados de homicidio culposo Pablo Villegas, representante legal de la constructora CDO; María Cecilia Posada, directora de la obra, y Jorge Aristizábal, ingeniero calculista.

Para este lunes y martes están previstos los alegatos de conclusión. Primero hablarán los abogados de la familia Cantor; luego, el representante del Ministerio Público y, finalmente, los defensores de los acusados. Una vez terminen los alegatos, la juez leerá el sentido de su sentencia. De ser hallados culpables, los acusados recibirían condenas de entre dos y seis años.

Según Juan Camilo Muñetón, apoderado de los Cantor, la principal causa de la duración de esta primera instancia del proceso fue el gran cúmulo de pruebas practicadas, además de la comparecencia de 15 testigos y expertos citados por la Fiscalía, algunos provenientes de otras ciudades.

Otro factor que alargó el juicio fue la muerte, en diciembre, de Juan Guillermo Acosta, defensor de Aristizábal. Según Carlos López, su nuevo apoderado, tanto en la indemnización como en la preclusión de la investigación de 11 muertes se fue otro tiempo. En todo caso, la juez compulsó copias al Consejo Superior de la Judicatura para iniciar un proceso disciplinario contra López por una presunta dilación.

Cada una de las partes ya anunció que apelará la sentencia si no le resulta favorable, por lo que el expediente pasará al Tribunal Superior de Medellín.

“El tribunal tendría que estar muy atento a decidir antes de que prescriba la acción penal, porque de lo contrario no podría condenar y no habría ningún tipo de responsabilidad”, advirtió Muñetón, apoderado de la familia de la víctima.

Esta semana, la familia Cantor exhumará los restos de su pariente. “A Juancho no nos dejaron cremarlo... Será una semana compleja”, manifestó Ángela, su hermana.

Para Amparo Botero, fiscal seccional 100 de la Unidad de Vida, hubo ilicitud e irresponsabilidad de los acusados (Villegas, Posada y Aristizábal). De acuerdo con su exposición (de seis horas) durante los alegatos finales, Jorge Aristizábal diseñó el Space sin cumplir las exigencias normativas para los muros estructurales, razón por la cual estos terminaron cediendo ante la carga vertical que debían soportar. “También incumplió las medidas máximas permitidas por las normas de sismorresistencia vigentes”, añadió la fiscal.

Según ella, el diseño subestimó además el peligro de la falla estructural presentada en febrero del 2013 en la columna R3 del piso 5 de la torre 6. En su defensa, el ingeniero Aristizábal intentó demostrar que el constructor (CDO) no edificó el Space de conformidad con su diseño. “En absoluto supervisé la construcción, para eso están los planos”, afirmó.

La fiscal Botero sostuvo también que Pablo Villegas incurrió en graves errores de construcción al aceptar los diseños irregulares presentados por Aristizábal. También lo acusó de adoptar medidas insuficientes frente al asentamiento de la pila R3, que se venía manifestando desde octubre del 2012, por lo que se generó un aumento paulatino del peso que debía soportar la estructura.

“Autorizó el uso de concretos con resistencia por debajo del valor de diseño para algunos elementos fundamentales, resistencias que eran violatorias de las normas de sismorresistencia”, agregó.

No se tomaron medidas para impedir el ingreso a la torre 6; las reparaciones que se hicieron 'fueron cosméticas' y hubo cambio de los planos

Villegas explicó el proceso de reparación de la pila afectada en la torre 6 y contó que la constructora había recibido el sello de buenas prácticas del Icontec.

A María Cecilia Posada la culpan de haber dirigido la obra sin cumplir las normas y hacer caso omiso a grietas, fisuras y arqueos presentados por la edificación.
La fiscal aseguró que ella ejecutó de manera “equivocada” la construcción de la pila R3 de la etapa 6, tanto en la longitud como en la campana de fondo, lo que generó incapacidad para soportar la carga.

Posada dijo en su interrogatorio que consideraban que “en ocho días debíamos tener todo organizado”, y que el día del desplome estuvo en el edificio hasta las 7:40 p. m. “Salí muy tranquila porque la reparación iba muy adelante”, añadió. Luego contó que, tras sentir el estruendo desde su oficina, lo llamó. “Le dije: ‘Jorge, se nos cayó el edificio’. Y él me contestó: ‘Es imposible’ ”.

Botero añadió a su alegato factores que engrosaron la cadena de errores: no se tomaron medidas para impedir el ingreso a la torre 6; las reparaciones que se hicieron “fueron cosméticas” y hubo cambio de los planos, “a mano alzada y en hojas sueltas, sin aprobación de la Curaduría (...). ¿De qué magnitud son los errores cometidos, señora juez?”, concluyó la fiscal.

El dolor es lo único que sigue en pie

Las navidades en la familia Botero no serán nunca las mismas. Ninguna de las celebraciones del año, de hecho. El recuerdo de Jaime y Juan Carlos, los dos hermanos menores de un grupo de seis, empañan la alegría.

‘Los chiquitos’, como eran llamados de cariño, dejaron una huella imborrable y superar sus muertes, ocurridas en octubre de 2013 tras el colapso del edificio Space, es imposible. Así lo expresó su hermano Mauricio Botero, quien relató que el mayor sufrimiento lo ha vivido la madre. “Mi mamá perdió la alegría y se ha visto con más quebrantos de salud, ha estado más limitada para caminar, cualquier cosa se le complica una gripa”, dijo.

Juan Carlos tenía 44 años y Jaime, 50, cuando quedaron atrapados entre los escombros. Ese día estaban en el lugar haciendo labores para las cuales fueron contratados para reforzar unas estructuras que estaban fallando. Ambos tenían una pequeña firma, Ingeomed, en la que fabricaban elementos metálicos, un proyecto al que se dedicaron juntos, como siempre estuvieron. Jaime estudió Electricidad y Juan Carlos, Mecánica Industrial.

En total fueron 12 vidas las que se apagaron ese día: trabajadores de obra, vigilantes y un solo propietario, Juan Esteban Cantor. Una única familia, la de este último, no llegó a acuerdos con CDO y se mantienen en el proceso judicial.

Eran los chiquitos y se fueron antes que todos. Nos dejan mucha tristeza. Eran personas trabajadoras, responsables, de familia y preocupadas por los demás. Esa es la imagen que guardamos de ellos

Hoy, cuatro años después de la tragedia, la familia de Juan Carlos y Jaime Botero considera que el acuerdo de compensación al que llegaron en 2014 con el grupo constructor por la pérdida de sus seres queridos tiene un sabor agridulce.

Por un lado, afirmó Mauricio Botero, fue la mejor decisión para no someter a su madre de 84 años a mayores sufrimientos en trámites, abogados y juicios. Por el otro, piensan que no fue un acuerdo justo para la magnitud de la tragedia que significó perder a sus hermanos.

Y es que nada podrá llenar el hueco que dejaron ambos hermanos que además se complementaban entre sí. Jaime, desde su postura callada e introvertida, y Juan Carlos, mucho más extrovertido, desde su alegría. “Mi mamá siempre quería que estuvieran muy unidos y se ayudaran y ellos prometieron que se iban a acompañar y así lo hicieron hasta el último día”, expresó Mauricio.

Hoy, deben lidiar con el dolor que significa encontrarse con los compañeros del colegio y no verlos a ellos, con la celebración anual de las Fiestas del Maíz, en Sonsón (oriente antioqueño), donde nacieron los seis hermanos y donde está ubicada la finca heredada por el padre, esa a la que la madre no quiere volver y de la que salieron todos rumbo a Medellín a medida que iban terminando el bachillerato, en busca de una universidad.

Edificio Space

Así luce hoy el lugar donde estaba el edificio Space.

Foto:

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

“Eran los chiquitos y se fueron antes que todos. Nos dejan mucha tristeza. Eran personas trabajadoras, responsables, de familia y preocupadas por los demás. Esa es la imagen que guardamos de ellos”, añadió el hermano.

Ese sábado, 12 de octubre, a las 8:40 de la noche, toneladas de cemento, tierra, polvo y vigas cayeron sobre ellos. Tuvieron que esperar 11 días de constante búsqueda de los organismos de socorro para hallar los cuerpos, con 24 horas de diferencia.

Hoy, el dolor no se ha sanado, pero no queda rencor en la familia, para la que no es muy claro cómo definir las culpas en este caso. “Con la poca información que tengo, creo que es un caso donde hay culpabilidad de las personas más por omisión y por tratar de economizarse unos pesos, no podría decir que la culpa fue únicamente del constructor, el diseñador, el proveedor, pienso que la cadena de errores empieza al querer ahorrar gastos”, manifestó el hermano de 58 años, el segundo de la familia.

“Siento que el accidente fue un error humano, pero no me atrevo a culpar directamente a nadie, nadie tuvo la intención de asesinarlos, tal vez estaban convencidos de que no se iba a caer el edificio, pero era algo que nadie se esperaba. Es muy lamentable todo lo que pasó, pero no hay rencor, la verdadera justicia es la divina”, puntualizó Mauricio.

JUAN DIEGO ORTIZ
Redacción ADN
HEIDI TAMAYO ORTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Medellín

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