Familias paisas recibieron el año con tradición y sabor

Familias paisas recibieronel año con tradición y sabor

Las calles de Medellín se llenaron de personas, fogones de leña y sancochos.

Sancocho

Luego de más de dos horas de preparación, todos disfrutaron del primer sancocho del año.

Foto:

Esneyder Gutiérrez / Para EL TIEMPO

02 de enero 2018 , 09:04 a.m.

Muchas familias paisas no olvidan las tradiciones. Una de ellas es la del sancocho del primero de enero después de una rumba familiar para despedir el año.

Desde la 6 a. m., los Márquez Marín comenzaron a pelar yuca, papa, mazorca, zanahoria y plátano para preparar su sancocho trifásico, que lleva tres carnes: pollo, res y cerdo. Condimentaron con comino, ajo, cebolla y cilantro.

Estaban en la calle 35B con 98, barrio Santa Mónica 2, en la vivienda conocida tradicionalmente como ‘Casa Loma’, donde viven 13 integrantes de la familia. Ayer todos tenían diferentes roles: Albeiro Mejía se encargó de encender el fogón, usó ladrillos para dar soporte a la olla que herviría un caldo para llenar más de 40 platos, con chamizos y troncos de madera alimentó la candela. Heidy, Janet y Marión Márquez se encargaron de pelar, picar y mezclar los ingredientes.

“Aquí se encuentra toda familia, el sancocho del primero de enero es motivo de unión y reconciliación, además hacemos natilla y siempre tenemos la tradición de elevar un globo de más de 500 pliegos, pero con mecha de parafina que garantiza que no ocasione incendios, ni perjudique a nadie”, aseguró William Jaramillo Márquez, mientras cuidaba que las llamas del fogón no alcanzaran su frágil obra, hecha de papel globo amarillo, azul y rojo.

La bienvenida del nuevo año incrementó en la familia Márquez Marín la alegría y la unión. Los amantes del licor siguieron tomando aguardiente hasta el amanecer, al ritmo de canciones de Pastor López, como ‘El hijo ausente’, seguida de la infaltable melodía ‘El año viejo’, de Tony Camargo.

Sancocho2

Alrededor de un plato de sancocho se reunieron personas en diferentes barrios de Medellín.

Foto:

Esneyder Gutiérrez / Para EL TIEMPO

Los alumbrados de la casa de tres niveles y barandales cafés continuaban encendidos, aunque había amanecido, pero la prioridad era hacer el ‘caldo levanta muertos’, mencionó Germán Darío Gómez Álvarez, de 53 años, vecino de la familia y conocido por todos como ‘Mojarra’.

Cada olla que se observaba por las diferentes calles de los barrios, tenía su sazón particular, los ingredientes, la temperatura y los tiempos de cocción. “Lo más importante del sancocho es que se haga con amor y en unión familiar, rehabilita a los borrachos, enguayabados y es un plato muy alimenticio para los niños, también”, expresó Heidy.

Otras familias pusieron en la preparación, según la región y su cultura, arracacha, ahuyama o guineo, que juntos se cocinan con el vapor del agua y le dan un toque único a los sancochos.

Más lejos, en la carrera 86A del barrio Santa Lucía, la familia Pérez comenzó a preparar el tan anhelado y tradicional plato. Cada mañana del primero de enero y desde hace 29 años, Norman Mercado se remanga la camisa en la casa de su suegra para cocinar más de 70 porciones. La mayoría de la familia llega desde Sonsón (Oriente antioqueño), de donde hace 43 años Efrén Pérez y María Posada, padres de su esposa, llegaron a Medellín dejando atrás su terruño.

“Todos los años se hace la misma receta, sancocho de res con cola y costilla, lo único que ha cambiado es que siempre se suman más amigos, más vecinos, cada año hay más gente y eso me gusta”, dijo Mercado.

Pero en la casa de los Pérez todo es tradición. Mientras el fuego arde y se cuecen los alimentos, allí también suenan las melodías de dos viejos pianos de monedas de 5 centavos que conservan en el garaje, en el que parece que las personas se trasladan a un bar antiguo de uno de los municipios antioqueños, con todos los elementos tradicionales que identifican la vida campesina.

Primero de enero

Como la tradición del sancocho, algunas familias también elevan un globo cada año, la mecha es de parafina para evitar incendios.

Foto:

Esneyder Gutiérrez / Para EL TIEMPO

Jhon Jairo Pérez es la mano derecha de Norman. Sombrero, poncho y gafas oscuras hacen parte de su atuendo, su tono de voz de pura cepa es suficiente para llamar la atención, su único fin es servir a los invitados y hacer que pasen un rato agradable, una labor que cumple al menos dos veces al año. El 25 de diciembre es el otro día que celebran juntos de esta manera.

Otros vecinos como los Acevedo también se suman con su sancocho en la cuadra. En total son cuatro fogones echando humo en diferentes casas, todos disfrutan con sus familias y amigos, pero las puertas están abiertas como si todos fueran un solo hogar. Es una competencia sana, el que tenga el sancocho con el mejor sabor y hasta el que termine antes, así cada uno prueba el de su vecino, lo que genera una mejor convivencia y reafirma las relaciones en comunidad.

Al final, los Márquez Marín y los Pérez disfrutaron no solo de los sancochos, sino que ratificaron que lo más importante es el momento que se vive en familia, alrededor de un plato que en diferentes ocasiones ha sido propuesto como plato nacional colombiano y con el cual muchos hogares alimentan a sus familias tradicionalmente.


ESNEYDER GUTIÉRREZ
Para EL TIEMPO
​Esneyderes@gmail.com@esneyderfoto

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