Con trazos buscan la transformación social

Con trazos buscan la transformación social

Festival Entreviñetas trajo invitados y programación relacionada con cómic e ilustración

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'Puño' estudió cine en Cuba y Europa. Ahora combina el dibujo con la producción audiovisual.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

10 de octubre 2016 , 03:02 a.m.

David Peña ‘Puño’ es un dibujante e ilustrador español. Él fue uno de los invitados al Festival Entreviñetas, que termina hoy.

Además, estuvo en Medellín durante tres semanas en una residencia artística en que tuvo oportunidad de conocer la escena del cómic en la ciudad y de hacer un taller con líderes de las comunas. El resultado de ese trabajo lo expuso ayer en el teatro Pablo Tobón.

Peña habló con EL TIEMPO sobre su trabajo y lo que aprendió en su estadía en la capital paisa.

(Además: Regresa el festival de la novela gráfica a Bogotá)

¿Cuáles son los temas que aborda?

A mí me gusta pensar en mí como un dibujante mercenario. La mayoría de cosas las hago por encargo, aunque mi relación con la publicidad es muy distante. No me gusta utilizar la creatividad para convencer a la gente de comprar cosas que no quiere. Lo que hago por iniciativa propia es muy diferente, cambio mucho cada año. Últimamente trabajo formas muy voluptuosas, ya que al vivir en Europa creo que todo es vigorexia, es aparentar, son brillos falsos. Me gusta mucho dibujar interpretando la realidad con este tipo de formas.

¿Desde pequeño tuvo talento para dibujar?

Yo no creo en el talento, creo en el trabajo y en las horas de experiencia. Siempre he sido muy mal dibujante, pero he dibujado tanto que inevitablemente he tenido resultados. Dibujar es fallar miserablemente una y otra vez. Por eso hay mucha gente que lo deja, porque estamos acostumbrados a recibir recompensas inmediatamente y para dibujar bien hay que hacer entre 3.000 y 10.000 dibujos, según tu habilidad para aprender. Entonces, lo que he sido siempre es muy obstinado.

¿De qué se trataron los talleres que hizo con líderes jóvenes de las comunas?

La selección la hicieron desde la Secretaría de la Juventud. Fue un líder de cada comuna. Con esos 17 jóvenes, entre los 14 y los 20 años, comenzamos a trabajar para mejorar su habilidad y que aprendieran nuevas dinámicas que mediante el dibujo les permitieran mejorar sus vidas, contar sus relatos de una manera más acertada y poética.

Hubo cinco sesiones, las dos primera fueron con ‘Cabizbaja’, una ilustradora local que hizo que el grupo se cohesionara, pues como eran de todas las comunas había gente muy privilegiada y otras de lugares marginales. Entre todos hicimos un fanzine. Después de la primera sesión descubrí que el grupo funcionaba muy bien. No sé si es algo de los antioqueños, pero su dulzura, su amabilidad, su participación, el no faltar nunca a ninguna sesión a pesar de que vivían lejos, me pareció muy bello.

(Lea: 'Publicar viñetas ofensivas es obligación de los dibujantes': G. Groth)

¿Qué fue lo que más le llamó la atención de la forma de pensar y de las ideas que traían todas estas personas tan diversas?

Me llamó mucho la atención su madurez, sin duda. Es gente muy mayor para la edad que realmente tienen. Me parece que son muy conscientes de lo que hacen, de su realidad y también de la mía, por ejemplo. Eso me sorprendió muy gratamente.

¿Eso le dio alguna idea de qué es Medellín?

Por su puesto, me hice un retrato muy rápido, al tratar con gente de tantos lugares. Además, el intercambio ha trascendido el taller. He ido a conciertos de rap y de hip-hop en las comunas y a pintar con aerosol con los chicos. Ha sido una experiencia muy completa. He estado en sitios muy lujosos y he estado en barrios muy afectados, entonces me llevo un retrato amplio de lo que es Medellín.

¿Al taller llegaron jóvenes que nunca habían dibujado en su vida?

Sí, pero eran los jóvenes más privilegiados los que menos sabían dibujar. Pero también me sorprendió que no tenían el problema que tienen mis alumnos en Europa, que se ponen muy nerviosos y no pueden dibujar. Acá me sorprendió la osadía con la que se enfrentaron a todo esto.

Y de toda la experiencia de residencia artística ¿qué se lleva?

Profesionalmente aún no lo sé. Hasta que no llegue a Europa otra vez no me voy a dar cuenta.
Pero, personalmente me llevo muchas cosas, vuelvo muy enriquecido y con ganas de que esto no termine aquí. He conocido mucha gente muy activa y trabajadora, me he dado cuente de que en España somos muy vagos.

DIANA SOFÍA VILLA
MEDELLÍN
diavil@eltiempo.com

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