La Quema de Machuca, la tragedia que 'Colombia olvidó'

La Quema de Machuca, la tragedia que 'Colombia olvidó'

El 18 de octubre de 1998 esta zona del país fue consumida por el fuego tras un ataque del Eln.

Machuca, Antioquia

En el corregimiento no hay espacios deportivos ni culturales para que los niños y los jóvenes realicen actividades complementarias al estudio.

Foto:

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

05 de diciembre 2017 , 04:32 a.m.

Machuca es un lugar de gente llena de fuerza y empuje, esa que no se rinde ante el dolor. En las calles de este pueblo se clama desde hace unos 19 años por justicia, tras la devastación que dejó consigo la guerra.

“Para haber sido golpeado por el conflicto armado es pujante, porque era para que estuviera asolado como una comunidad fantasma, pero ahí estamos de pie”, dice una mujer de la zona.

Las historias de los habitantes de este corregimiento ubicado en Segovia, Antioquia, comparten el sentimiento de pérdida, ese que se adueñó de sus vidas tras ver como el 18 de octubre de 1998 su pueblo era consumido por las llamas, que acabaron con las vidas de 84 personas (solo 30 sobrevivieron, muchos de ellos con secuelas).

Ese día el Eln dinamitó el Oleoducto Cusiana Coveñas, operado por la compañía Ocensa, en horas de la madrugada. El crudo se extendió al río “Pocuné”, que roza al pueblo, y la terrible conflagración empezó luego de que un puente fuera dinamitado por los guerrilleros.

“Sentí dolor, tristeza, rabia de ver tantos seres humanos, entre esos parte de mi familia, carbonizados, vueltos ceniza en una guerra donde ni ellos ni yo tenemos que ver”, cuenta Magdalena Rodríguez*.

Al pensar en ese día de terror declara que lo primero en lo que piensa es en esa bola de fuego, que subía como si envolviera al aire cubriendo las viviendas y a las personas, que en su mayoría estaban dormidas.

En el caso de Magdalena* fue diferente, pues estaba despierta esperando junto a varios de sus seres queridos el nacimiento de un nuevo miembro de la familia, tal cual lo dicta la tradición.

Sentí dolor, tristeza, rabia de ver tantos seres humanos, entre esos parte de mi familia

En plena labor de parto empezó el olor a gas que se adueñaba de Machuca luego de que la guerrilla rompia el oleoducto, no se alarmaron porque en contadas ocasiones el Eln ya había cometido la misma acción sin que se desatara un incendio.

Cuando se percataron de la conflagración Rodríguez* salió de su antigua vivienda por la quebrada La Batea hacia una montaña con la niña en brazos. Atrás de ella otros familiares cargaban a la mamá de la pequeña. Todo el mundo corría, se podía ver gente quemada tratando de salvarse y quienes se atrevían en medio de la tragedia a mirar hacia atrás solo podían ver al pueblo ardiendo en llamas.

Al regresar a lo que quedaba del corregimiento, las escenas eran desgarradoras, pues los restos de sus muertos solo podían ser recogidos con pala y bolsa. “Uno no sabía quién era ese, uno sabía que ese era alguien porque vivía en esa casa consumida y había un bulto de ceniza ahí calcinado”, afirma.

En medio de tanta tristeza, la pequeña niña que nació ese 18 de octubre es el símbolo de la esperanza de Machuca. Actualmente la joven tiene 19 años, sigue luchando con la idea de que en la misma fecha en que celebra un día más de vida su pueblo recuerda nuevamente esa madrugada en la que lo perdieron todo.

Ella llora mucho, pide que la ayuden. Quiere estudiar, salir adelante con algo que le sirva para colaborarle a su papá. Mucha gente la ha entrevistado pero nada, se les olvida que ella nació ese día de la candela”, cuenta Magdalena*.

Alejandro Toro, miembro de la fundación Avanza Colombia, conoce a la niña desde que tenía 10 años y dice que, aunque desde esa institución han tratado de apoyarla, ahorita están juntando esfuerzos para que pueda empezar sus estudios universitarios o una carrera técnica.

Agrega que la joven se ha convertido en sinónimo del renacimiento de Machuca, al igual que el árbol de mango, junto al río 'Pocuné', que el día de La Quema destilaba fuego.

El esperado cara a cara con el Eln
Machuca

Gearoid Ó Loingsigh contó cómo fue el trabajo tras la escritura del libro 'Machuca'.

Foto:

Diana Ravelo / EL TIEMPO

Los habitantes de Machuca llevaban años esperando a que se diera un cara a cara con el Eln para que respondiera a sus preguntas y tratara en algo de aliviar con el bálsamo de la verdad el dolor y las heridas que llevan en alma y en la piel.

El pasado dos de noviembre parecía que por fin ese momento iba a llegar, en un pequeño salón de la Universidad de San Buenaventura en Medellín estaba previsto, a propósito del lanzamiento del libro ‘Machuca’ del irlandés Gearoid Ó Loingsigh, el histórico encuentro que contaría con la presencia del autor del libro; un grupo de víctimas de la tragedia; Eduardo Martínez, gestor de paz del Eln y algunos medios de comunicación.

Sin embargo, tiempo antes de la cita se confirmó la inasistencia de Martínez por razones médicas y por ende fue Bernardo Téllez, miembro de la delegación de paz de esa guerrilla, el encargado de escuchar a los asistentes, pero no en persona sino conectado a través de Skype desde Quito.

El desazón de quienes viajaron por horas para por fin ver de frente a un representante del Eln no era un sentimiento nuevo, pues ya en 2008 se había anunciado que un excomandante de esa guerrilla, Francisco Galán, iría el jueves 16 de octubre junto a una delegación encabezada por el vicepresidente Francisco Santos a pedir perdón, pero nunca ocurrió.

Una vez empezado el evento, tras unos breves discursos, Gearoid Ó Loingsigh contó cómo fue el proceso de elaboración de esa publicación que implicó indagar por el proceso abierto por las víctimas contra Ocensa y un trabajo de campo hablando con algunos de los afectados.

Además, señaló que si bien hay responsabilidad penal y moral del Eln, no se puede olvidar la corresponsabilidad del Estado colombiano, por el olvido al que condenó a esa zona del país, y de la empresa propietaria del oleoducto por no poseer un plan para ejecutar durante una emergencia.

Luego intervino Bernardo Tellez para recordar que esa guerrilla asumirán la responsabilidad que le corresponde y que espera que esto también lo hagan el resto de actores involucrados. “Quedamos en disposición de conversar, lo decimos aquí públicamente. De empezar el tratamiento directo con la víctimas de Machuca a la hora que ellos lo determinen (…) les pedimos que nos den la posibilidad de empezar el tratamiento a ese doloroso hecho”, aseguró.

Tras las palabras del miembro de la delegación de paz de esa insurgencia, el micrófono fue abierto al público para que de forma voluntaria preguntaran a los expositores lo que quisieran. Lo que sería un conversatorio convencional se transformó en un espacio para el desahogo, contar las difíciles experiencias vividas tras ‘La Quema’ y exigir respuestas.

El primero en ponerse de pie fue Esteban*, quien pidió le permitieran hacer una aclaración sobre lo que sucedió esa noche infernal. “No fue que el petróleo bajo de la loma, llegó al pueblo y un fogón lo prendió (...) El Eln explotó el tubo arriba del pueblo en la loma, ese crudo cayó al río, bajó al pueblo y luego la guerrilla explotó un puente. La chispa del puente encendió el río, cosa tal que se subió la llama”, narró recordando la versión de los hechos que escuchó de voz de su mamá.

Sus palabras se convirtieron en la primicia de una secuencia de testimonios donde todos los asistentes fueron testigos de cómo el corazón de las víctimas de esta tragedia relataron sus penurias.

María, por ejemplo, con rabia recordó cómo ha vivido en carne propia la indolencia y  cómo muchos se han aprovechado del dolor de la comunidad. “Vivimos en un país de gente inteligente donde todo el mundo le tira la pelota al otro, 19 años después el Eln viene a decir sí, somos los culpables. Públicamente lo vienen a decir a estas alturas de la vida”, atestiguó.



Su hermano, Alberto* continuó a la vocería aclarando que las exigencias de él y ella van más allá de pedir una compensación material y que la pregunta que se siguen haciendo es dónde está la ayuda que les iban a dar.

No hay nada más trisque que ir a recibir un cartón, ver a cada amigo de uno con la madre y con el papá y uno solo tener un espejo para echarse agua para que nadie vea lo que siente por dentro porque no tiene quién lo acompañe (…) Una disculpa, sí la aceptamos. Que una casa, pues ahí está. Pero hay cosas que nos arrebataron, que llevamos acá dentro”, recordó con indignación.

Una disculpa, sí la aceptamos. Que una casa, pues ahí está. Pero hay cosas que nos arrebataron, que llevamos acá dentro

Empoderados, a los testimonios siguieron las preguntas dirigidas a Tellez exigiendo verdades tempranos sobre las razones que motivaron el atentado, los rumores que se dieron en el pueblo luego de la tragedia sobre supuestas amenazas o por qué se han incumplido las citas de ese grupo guerrillero con las víctimas.

El vocero insistió en recordar la disposición para asistir a Machuca a darles todas las explicaciones que les deben, pero no se concretó ninguna fecha.

Un mensaje de Machuca para Colombia
Machuca, 19 años después del incendio

En el Barrio Nuevo sus casas coloridas se erigieron donde el Eln dejó solo dejó cenizas.

Foto:

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

“Se olvidaron de que Machuca existe”, repite una y otra vez Adelaida Hernández*, mujer que dice aún no ha logrado recuperarse del día de La Quema, pues perdió a su madre, vio morir a su hermana en brazos, su sobrina también falleció y su hermano quedó con secuelas para siempre.

La petición a Colombia de Adelaida Hernández

La petición a Colombia de Adelaida Hernández

Hernández asegura que necesitan que los colombianos pongan urgentemente sus ojos en ese corregimiento, le piden al país que se de cuenta de que los abandonaron y “que el Estado y Ocensa se olvidó” de ellos.

También pide hacer público que la vida no ha sido fácil para las víctimas, pues a la hora de buscar un empleo siempre los discriminan. “Dicen: Ay, mire cómo está de quemado, mire cómo tiene esa cara. No, nosotros con los defectos quemados y todo tenemos derecho a un trabajo, a un estudio”, alega.

Se olvidaron que Machuca existe


A su clamor se une el de Alejandro Toro, de la fundación Avanza Colombia, quien no duda en expresar que es larga la lista de necesidades no cubiertas para quienes decidieron quedarse en la zona después de lo sucedido.

El respeto a su derecho a la verdad, reparación y restitución; la presencia del Estado; el hacer algo con el desempleo generado por el agotamiento de la explotación minera artesanal; el mejoramiento de las vías de acceso, pues están en un estado lamentable y mejorar las condiciones en el área de la salud, pues actualmente el corregimiento no cuenta con un médico de tiempo completo y la ambulancia fue llevada a Segovia, son algunas de las deudas que hacen parte de esa factura que aún no le es pagada a las víctimas de La Quema.

*Los nombres de las víctimas fueron cambiados por su seguridad. 

DIANA RAVELO MÉNDEZ
ELTIEMPO.COM
@DianaRavelo

Enviada especial a Medellín por invitación de la Federación Internacional de Prensa de Los Pueblos 

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