Un pesebre que se renueva con ondas de colores

Un pesebre que se renueva con ondas de colores

Fue entregado el proyecto que mediante la pintura transformó la fachada de 230 casas este barrio.

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El barrio El Pesebre ahora luce su nueva cara tras la transformación que el artista francés Tarik Bounani realizó con la comunidad.

Foto:

Esneyder Gutiérrez / EL TIEMPO

10 de agosto 2017 , 09:48 a.m.

El reflejo de los habitantes del barrio El Pesebre se trasladó a la sonrisa de Tomás González, de once años de edad.

Él es uno de los niños de esta comunidad del noroccidente de la ciudad que se apropió de la obra del artista francés Tarik Bounani, quien utilizando las fachadas de 230 casas del sector El Jardín de este barrio, pintó un macromural para exaltar la belleza y la transformación social de la ciudad.

En los pisos del barrio El Pesebre aún se perciben algunas manchas de pintura.
Sus habitantes miran con orgullo los coloridos ladrillos que ahora visten las fachadas de sus casas y que según dicen, cambian por completo la imagen de sus hogares.

Tomás fue el elegido por la comunidad para entregar esta obra de arte pintada en las calles de su barrio. Él, desde el primer día del proyecto, en agosto del 2016 cuando llegaron los artistas a mostrar su propuesta, casi sin pedir permiso se incluyó en el plan de trabajo y como descubrió que todo se trataba de pintar, sumó su esfuerzo para embellecer del sector.

Al pequeño, desde siempre le brotó una vena artística. Su mayor sueño es el de convertirse en cantante y subirse a un gran escenario para que la gente escuche sus rimas, porque el género urbano es su pasión.

Quizá esta mezcla de elementos artísticos lo llevaron a hacerse amigo de Tarik y de María Camila Moreno, precursores de este mural.

“Tarik, te ves tan raro porque siempre te vimos pintado de todos los colores”, expresó el pequeño mientras comenzó el recorrido para mostrar cómo su barrio se renovó con ondas de colores.

Tarik, te ves tan raro porque siempre te vimos pintado de todos los colores

El trayecto empezó con las palabras de los responsables de la obra. Tarik, María Camila, Mauricio Cadavid de la Corporación Futuro para la Niñez, y Miguel Ayala, director de la fundación Orbis de Pintuco. Según Ayala, fueron necesarios más de 2.500 galones de pintura de primera calidad. Esto con el fin de que la obra tuviera una plena duración sin necesidad de mantenimiento de por lo menos cinco años.

Luego de las intervenciones formales, Tomás continúa oficiando como guía de su barrio. Los vecinos lo miran nerviosos desde sus ventanas, tal vez un poco intimidados por la presencia de la prensa, cosa que poco le molesta al joven, que mientras va caminando con sus amigos Bryan y Daniber, pregona a sus vecinos que “salgan para ver el macromural”.

La señora Luz, residente del barrio, agradeció con la voz entrecortada a todos los que participaron en esta renovación. Ella, al igual que muchos de sus vecinos sintió alegría con este proyecto que, entre otros, les permitió trabajar en equipo y aprender a conocerse y a compartir con el otro.

La casa de Tomás fue una de las pocas que no pudo ser pintada en esta cara del barrio. Dijo que fue porque cuando empezaron el proyecto en la fachada donde vive con sus padres y sus abuelos, tenía enchapado y no pudo ser intervenida. Sin embargo, esto no detuvo al enérgico niño para ayudar en las demás viviendas. “Pintando en las partes bajas porque arriba es muy peligroso y puede ocurrir un accidente”, dijo.

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Los niños fueron fundamentales en la renovación de las fachadas del barrio. La obra busca generar un cambio social en el sector.

Foto:

Esneyder Gutiérrez / EL TIEMPO

Lo que más disfrutó Tomás de trabajar junto a María Camila y Tarik, fueron las enseñanzas en pintura y el agradecimiento que los vecinos le expresaron con jugos de mora, guayaba o mango. Esto fue lo mejor que pudo recibir. Más cuando su jugo favorito es el de mango y en medio de las jornadas donde el sol se posaba inclemente sobre el lienzo de El Pesebre, era más que un trofeo para su función de ayudante del proyecto.

El artista, en cambio, hizo el recorrido en silencio. Su cámara fotográfica apenas emitió sonido alguno cuando disparó para contemplar el fruto de casi un año de trabajo. Su tula estaba un poco coloreada por las gotas de pintura roja, verde, amarilla y azul que seguramente le cayeron durante las extensas jornadas de transformación que se dedicó a hacer en El Pesebre.

“Aprendí a utilizar la creatividad ante la falta de recursos para acceder a los lugares más difíciles a pintar”, expresó el artista.

Aprendí a utilizar la creatividad ante la falta de recursos para acceder a los lugares más difíciles a pintar

Tarik, proveniente de París, resaltó las enseñanzas de humanidad que la comunidad de este barrio le brindó al acogerlo como un hijo.

Incluso, guarda con nostalgia el sabor que le dejaron los platos caseros que tuvo la oportunidad degustar en esta experiencia. Ahora, con la entrega del mural, espera que el arte haya dejado enseñanzas en el barrio.


DAVID FONSECA ARIAS
​davfon@eltiempo.com
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN

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