El espíritu femenino se vio en una pantalla

El espíritu femenino se vio en una pantalla

El documental 'Jericó, el infinito vuelo de los días' fue presentado en el pueblo de su inspiración.

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A las protagonistas del documental 'Jericó, el infinito vuelo de los días', que fue proyectado por primera vez en la población, les fue rendido un homenaje.

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Sofía Villa/EL TIEMPO

23 de octubre 2016 , 04:11 a.m.

En la tarde previa al estreno del documental que recoge las voces de ocho mujeres del pueblo Jericó (Suroeste de Antioquia) no contaba con una sola cita para peluquería.

Los jericoanos se levantaron animosos para mostrar a los visitantes que lo que iban a ver en pantalla era apenas un poco de la magia de este municipio antioqueño, rodeado por montañas de un verdor envidiable.

Un pueblo católico, exuberante y orgulloso de ser la cuna de la primera santa colombiana, la madre Laura Montoya.

La proyección de 'Jericó, el infinito vuelo de los días' fue todo un suceso pues los jericoanos habían visto las cámaras de cine rodando en la acera de sus casas y querían conocer las historias de esas ocho protagonistas, todas mujeres mayores, conocidas en el pueblo que contarían con viva gracia sus más profundas alegrías y tristezas.

Una por una entraron al auditorio Santa María, donde las aplaudió el público y las recibió Catalina Mesa, la directora del documental. Catalina, antes de dar comienzo a la película, leyó un fragmento escrito por Ruth Mesa, la tía abuela que la inspiró para realizar la producción.

Allí contaba cómo en 1948 Ruth llegó a ese mismo auditorio con vítores y aplausos porque había sido coronada como reina del pueblo. Después de 68 años, los vítores fueron para ese espíritu femenino, afín al de su tía abuela y presente en las ocho protagonistas que Catalina se empeñó en descubrir y resaltar.

Cuando comenzó a rodar la cinta se vio el azul claro del cielo del pueblo que tiene como fiesta tradicional un festival de cometas. En la imagen se leyó un poema de Oliva Sossa de Jaramillo, poetisa jericoana, que reza Este mi noble Jericó es bonito/enclavado en el sol de la montaña,/el monte azul rozando el infinito/ y el infinito entrando en la cabaña.

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El documental, que refleja parte de la vida de Jericó, se estrenó en Hot Docs, Toronto (Canadá), en uno de los festivales de documentales más importantes del mundo. Sofía Villa

Foto:

El largometraje es un homenaje a una generación de cuenteras vivarachas y carismáticas que hacen de sus hogares un palacio propio y llenan sus espacios cotidianos esmerándose por llevarlos acorde con su personalidad.

En un itinerario de encuentros se va mostrando el caleidoscopio que formó la directora para revelar cómo en el día a día confluyen el humor y la sabiduría.

“Se llama 'El infinito vuelo de los días' porque es en su cotidianidad que van revelando y se van contando sus infinitos, su vida interior, sus amores y sus secretos”, explica la directora.

Mientras que una de las protagonistas, Ana Luisa Molina, con 84 años, comenta que para ella el nombre del documental “quiere decir que vamos pasando, vamos contando las historias, luego vienen recuerdos tristes y alegres porque somos humanos y todos sentimos alegría, tristeza y amor”.

Cuando la directora, acompañada por Jhonatan Suárez, camarógrafo, y Robinson Durango, sonidista, entró por los marcos coloridos de esas casas coloniales, encontró mujeres que en su intimidad guardan ciertas obsesiones.

A una de ellas le encanta jugar cartas en las tardes y tiene una amplia colección de rosarios de diferentes tamaños y colores, colgados en la pared de su habitación. Otra tiene más de una decena de santos y en su cama siempre reposa el Niño Dios. Otra de ellas pasa sus días cosiendo colchas de retazos.

También está Luz González, uno de los personajes principales, quien asegura que nació para brillar. Cuando dice esta frase no se refiere de ninguna manera a ser el centro de atención o atraer las miradas pues, por el contrario, asegura que no es mujer de fama.

El brillo al que se refiere es al de sus ollas, tapas y charoles que exhibe con orgullo colgadas en las paredes de su casa. Con cierta manía Luz se empeña en esforzar la esponjilla para que la lata quede como un espejo.

“A mí la fama nunca me ha gustado, los campesinos no somos de fama”, dice ella y añade que aceptó hacer parte de la película porque nunca se imaginó el alcance que iba a tener.

“Yo no sabía que eso se iba a dar para cines, porque Catalina quería era dejar la película en el museo del pueblo. Entonces yo dije eso no lo van a ver ni los nietos míos porque como yo soy soltera, entonces no lo va a ver nadie' y me equivoqué. Ya hay que aceptar las cosas”, comenta ella.

Así, las tradiciones culturales paisas van llenando la vida de estas mujeres que son la viva imagen de la nostalgia que trajo de nuevo a Catalina a sus raíces, después de 15 años de vivir en París (Francia), para llevar al pueblo de sus ancestros un documental que quiere capturar la espontaneidad y tenacidad del espíritu femenino antioqueño.

DIANA SOFÍA VILLA M.
Para EL TIEMPO

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