Con revista buscan apaciguar el dolor de la desaparición

Con revista buscan apaciguar el dolor de la desaparición

La publicación incluye fotos de desaparecidos identificados, cuyos restos no han sido reclamados.

Familiares de desaparecidos

En el marco de la Semana del Detenido Desaparecido, familiares de víctimas se reunieron para conocer la publicación y recorrer juntos el Cementerio Universal.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

30 de mayo 2018 , 06:38 p.m.

Los ojos de Lourdes Zapata recorren los rostros de 400 personas que, como su hijo, Ricardo de Jesús Zapata, desaparecieron sin dejar rastro. Sus manos se aferran a la revista, aunque sabe bien que el nombre de su ser querido no está en esas páginas.

Es irrisorio. Los familiares de los hombres y las mujeres desaparecidos entre 1994 y 2017, cuyas caras fueron publicadas para encontrar a sus cercanos, ya no son buscados. Y ella lleva nueve años recorriendo el país tratando de ubicar los restos de Ricardo.

“Así se veía cuando se lo llevaron”, dice señalando la misma foto a color del joven que le cuelga sobre el pecho desde el día en que desapareció. Fue en una calle cercana a la Minorista. Madre e hijo trabajaban en una arepería en la casa y él se encargaba de ir a comprar el maíz. Esa tarde lo persiguió un vehículo oscuro, se bajaron tres tipos y nunca se supo de él. “Unos investigadores de Bogotá que trataron el caso me dijeron que fue un falso positivo”, comenta, ni siquiera toma aire y asegura que su hijo era un joven bueno.

Y comenzó la tortura, como ella cataloga su vida a partir de 2007. La falta de respuestas la ha llevado a todas las instancias para encontrarlo, pero por más que la escuchen, nadie le devuelve lo que queda de Ricardo.

Mientras Lourdes cuenta su historia, la revista Rostros, publicada por la alcaldía de Medellín, a través de la secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos, pasa por otros padres que comparten el dolor y siguen en la búsqueda de sus seres queridos.

Familiares de desaparecidos

Este fue el punto del camposanto donde Lourdes se imaginó a su hijo Ricardo de Jesús sepultado.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

La cantidad de personas desaparecidas en Antioquia ha obligado a las autoridades y a la administración municipal a idear nuevas formas de agilizar los procesos de encuentro entre un doliente y los restos de su ser querido. En el departamento se reportaron, solo durante 2017, 1.102 desapariciones forzadas, involuntarias o voluntarias, según el Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres (Sirdec). De ellas, el 25,95 por ciento aparecieron con vida (286 personas). Mientras tanto, aún no existe información sobre la ubicación de otras 816.

Y las cifras hacia atrás son aún más alarmantes. El subsecretario de Derechos Humanos, Carlos Arcila, aseguró que la época entre los años 1980 y 2000 registró la mayor cantidad de desapariciones en la región.

Por su parte, Aiza Esther Pichott, coordinadora del equipo de dignidad humana de la subsecretaría de Derechos Humanos, encargada de la implementación y puesta en marcha del Plan de Personas Desaparecidas, explicó que en Colombia no existe un único sistema de identificación de reporte de desapariciones, por lo tanto el universo es confuso.

Por lo mismo, la alcaldía decidió comenzar el año pasado con el levantamiento de esa información para dar con una cifra total de desaparecidos en la ciudad. La matriz comenzó a hacerse en San Javier, comuna 13, donde hay 114 procesos registrados entre 1973 y 2017 y demostró que, efectivamente, durante esos años se reportaron más casos de desapariciones.

Pero las búsquedas inconclusas no son el único problema. Muchos de los restos óseos que logran identificarse en Medellín, gracias a la digitalización de las huellas, no son reclamados por nadie, a pesar de tener identidad. Esto, según Arcila, puede deberse a que los fallecidos perdieron todo contacto con sus allegados antes de morir, a que los familiares desconozcan que los restos están en el Universal o en Medellín, en caso de ser oriundos de otras ciudades, y finalmente, a que sus dolientes hayan dejado de buscarlos.

Familiares de desaparecidos

Durante el recorrido por el Universal se dio a conocer la publicación, que cada 6 meses renovará las imágenes de los desaparecidos.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

“En 2017 se identificaron 124 personas, de las cuales 21 ya fueron reclamadas por sus seres queridos y la mayoría de ellos están ya en el camposanto del Cementerio Universal. Este año,van 12 identificaciones y reclamadas 4”, indicó Luis Bernardo Vélez, secretario de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos.

Para avanzar con los procesos de devolución de los despojos humanos, en el laboratorio del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de Medellín, expertos utilizan un escáner craneal para hacer aproximaciones fotográficas a partir de la información que puede extraerse de la forma de los cráneos.

Así, han logrado ilustrar cómo se veían los fallecidos en el momento del deceso, para publicar también esas imágenes y que cercanos identifiquen que llegaron al Universal. El proceso cruza información de distintas bases de datos sobre cada persona desaparecida para añadir a la imagen pistas que puedan ser decisivas, como alguna fractura en los huesos, el color de la última camiseta puesta o la marca de los zapatos.

La revista hace parte del Plan Integral de Búsqueda, con el que se pretende dar con el paradero de las familias de las personas que fueron sepultadas sin identificación en el Cementerio Universal. Se piensa que allí están enterradas 7.500 personas, de las cuales 3.000 no han sido identificadas, o no han sido reclamadas pese a tener identidad.

Yo no pierdo la esperanza. Sé que voy a encontrar a mi hijo

Unos 2.000 ejemplares de la publicación circulan a partir de hoy por la ciudad, ofreciendo la posibilidad de comunicarse a una línea única de atención en caso de identificar a alguien conocido. Los restos, una vez sean recogidos por algún cercano, podrán sepultarse en el mausoleo ‘Ausencias que se nombran’ en el Universal, especialmente edificado en 2017 para albergar víctimas de desapariciones forzadas.

Justo al lado de aquellos osarios, debajo de un árbol alto que refresca el camposanto, Lourdes acomodó la foto de Ricardo al lado de un cojín que bordó junto a otras Madres de La Candelaria. Se alejó, se sacó el celular del bolsillo y tomó un par de fotos. Esa no es la tumba de su hijo, pero quiso imaginarse qué sentirá el día que por fin pueda darle digna sepultura a sus restos.


Valentina Vogt 
Para EL TIEMPO
valalb@eltiempo.com
@ValentinaVogt

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