En ecofincas cultivan alimentos limpios para todo el valle de Aburrá

En ecofincas cultivan alimentos limpios para todo el valle de Aburrá

Con hogares ecológicos, campesinos demuestran que la producción limpia de alimentos es posible.

Hogares Ecológicos

En el corregimiento San Cristóbal, de Medellín, existen varias familias líderes que cultivan la tierra de forma limpia y sostenible con el medioambiente.

Foto:

María Isabel Ortiz Fonnegra / EL TIEMPO

17 de septiembre 2017 , 12:44 p.m.

A una hora de Medellín, en la vereda San José de la Montaña, del corregimiento de San Cristóbal, ya son varias las fincas que dejaron de lado los monocultivos, pesticidas y fertilizantes para producir comida limpia, diversa y natural, con semillas colombianas e incluso otras que han conseguido de trueques con cultivadores de Perú o Ecuador, por ejemplo.

‘La Poderosa’ es un ejemplo de esto. Esta es la finca de Nora Nelly Bedoya, campesina de la vereda San José de la Montaña, antes solo cultivaba cebolla pero hace 15 años tiene lechuga, rábanos, papas criollas, perejil, flor de jamaica, tomate, entre otras plantas que se van rotando continuamente, no solo para enriquecer el cultivo sino como método de control natural de plagas, ya que evita que los insectos o gusanos se queden pues constantemente les cambian el ‘alimento’.

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Hace 15 años Nora Nelly dibujó un mapa de su finca con producción limpia, diversa y sostenible. En la actualidad dice que ya cumplió ese sueño.

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Cortesía: Corantioquia

Cuenta con orgullo que siempre quiso ser campesina y que ha sido una realización tener 6.600 metros sembrados de diversidad, se dibuja una sonrisa en su rostro al lucir que su nevera mantiene casi vacía porque todo lo toma fresco de la tierra.
Además, su alegría es poder aportar a que toda la ciudad se alimente de forma más saludable de toda la ciudad. “Lo que más me gusta es poderle decir a la gente que el producto que están llevando es natural, orgánico y saludable”, expresó.

Por otro lado, para Bedoya es importante rescatar las semillas ancestrales y adaptar al territorio local granos como la Quinoa y el Amaranto “que casi nadie las conoce pero son muy beneficiosos para la salud, hay que tratar de enseñarle a la gente a tener variedad, a no comer siempre lo mismo. Estamos vinculados directamente a la salud de las personas”, dijo.

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Bedoya enseña papas criollas que ella cultivó en su tierra. Las obtuvo de un trueque con campesinos de otro país y ya están adaptadas y listas para el clima local.

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Cortesía: Corantioquia

Además, cuidando las semillas evitan tener que depender de comercializadoras multinacionales, “lo más importante son las semillas, allí está el tesoro de la alimentación”, expresó. Estas semillas son custodiadas por los campesinos, que las comparten entre sí para enriquecer los cultivos de todos, así han construido una red colaborativa.

Mejoraron las condiciones

Otro gran avance fue integrarse a los mercados campesinos, a los que semanalmente llevan sus productos, reduciendo los intermediarios y aumentando sus ganancias. En estos mercados se valora que los productos sean más naturales, por lo que las hortalizas producidas en estas fincas ecológicas tienen buena acogida.

Decían que la agricultura orgánica no era sostenible y nosotros con nuestra resistencia hemos logrado que eso cambie

Decían que la agricultura orgánica no era sostenible y nosotros con nuestra resistencia hemos logrado que eso se cambie y más vecinos se han metido en esto”, concluyó.

Ese es el mismo sentimiento de Susana Vélez, quien cultiva plantas aromáticas. Tiene 31 años y recuerda que más o menos desde los 7 se inició en el mundo de las hierbas, cuando sus padres la enviaban a cosechar aromáticas al monte, así se enamoró de las plantas y cuando creció se quedó con ellas. Con medicinas naturales alivió su dolor luego de una cirugía en el pie izquierdo, pues hace poco más de un mes sufrió una caída que le causó una fractura.

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Susana Vélez cultiva aromáticas de forma sostenible y respetuosa con el medioambiente.

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María Isabel Ortiz Fonnegra / EL TIEMPO

Lo que ella quiere es compartir esas bondades de las plantas con las demás personas, “recuperar las recetas de los abuelos y llevarlas a la gente”.

Con emoción en sus ojos describe todo el proceso de cosechar las aromáticas y secarlas ella misma, para que a los clientes les duren más tiempo. Ella también las empaqueta y les pone una etiqueta con información sobre qué flores o aromáticas contiene y para qué sirven, qué alivian.

Sabe que con sus esfuerzos ayuda a que la gente se alimente mejor y también cree en la equidad, por eso busca seguir mejorando pero sin hacer que sus productos tengan un valor final demasiado alto, “¿qué me gano si hago un producto que solo lo puedan comprar gente de más estrato? Yo quiero que si un vecino me toca la puerta y me pregunta si tengo algo para este dolor se lo pueda dar y tenga un precio que puedan pagar, sin privatizar esto, que lo pueda comprar la mayoría de las personas”, contó.

Susana y Nora Nelly son líderes en su vereda y cada día trabajan con sus vecinos para lograr buenos precios para todos, para que mejoren ambientalmente, y para no invisibilizar esos procesos de resistencia campesina frente a las grandes compañías de producción, las importaciones y la comida transgénica.

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Los deshidratadores solares son para el uso de todos los campesinos.

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Cortesía: Corantioquia

Toda esta lucha, que para ellas empezó hace unos 15 años, comenzó a ser acompañada desde el año pasado por la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (Corantioquia), que ha llevado implementos como los deshidratadores solares, cajas de madera que con paneles de zinc capturan la luz y calor del sol con los que, en tres días, se secan naturalmente las plantas aromáticas.

También se apoya a estas familias a través de formación de líderes y promotores rurales, quienes se encargan de amplificar el mensaje de la producción sostenible entre sus vecinos y familiares.

A los campesinos hay que valorarlos porque son los que están ubicados en las zonas que se deben proteger ambientalmente

“La corporación promueve el encuentro y los apoya a establecer parcelas ecológicas. A los campesinos hay que valorarlos porque son los que están ubicados en las zonas que se deben proteger ambientalmente”, dijo Jaime Madrigal, parte del equipo de Corantioquia que ha apoyado a los cultivadores de San José de la Montaña en el establecimiento de una vereda agroecológica.

Reivindicando el papel de la mujer campesina

En San José de la Montaña los cambios en los procesos productivos fueron impulsados, en su mayoría, por mujeres, algo que no fue fácil de lograr pues el machismo en el campo es pan de cada día aunque poco se hable del tema.

“La Organización de Mujeres Campesinas Siemprevivas nació de la necesidad de sacar a la mujeres de ese círculo en que vivían, solo estar en una finca, pendientes de su esposo y sus hijos, cuya vida social solo era salir la Iglesia o el mercado”, dijo Carmen Acevedo, lideresa campesina, quien añade que el nombre de Siemprevivas tiene un significado especial, pues esta es una flor que es resistente y dura mucho, algo con lo que ellas se identifican.

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Carmen Acevedo lidera procesos de empoderamiento de las mujeres.

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María Isabel Ortiz Fonnegra / EL TIEMPO

En el 2003 hicieron sus primeras reuniones con un grupo de 60 mujeres que ha cambiado con los años y en la actualidad permanecen 23 campesinas de la vereda.

Lo primero fue empezar a reconocerse como mujeres del campo orgullosas de sus raíces y su identidad, a esto le siguió el reconocer que tenían unos derechos, que no tenían por qué ser maltratadas física, verbal, económica o de cualquier otra forma por ninguna persona; además, convencerse de que podían soñar con una vida más allá de la hogareña si así lo querían, “antes casi no nos cuidábamos a nosotras mismas por estar siempre al cuidado de los demás pero nunca pensábamos en nosotras”, dijo.

Muchas, después de grandes y de casadas, empezaron a estudiar, terminaron el bachillerato e hicieron estudios superiores con algún énfasis en la ecología o la agricultura, contó Avecedo, quien es tecnóloga en Gestión Comunitaria.

“Al reconocer nuestros derechos y reconocernos como mujeres con grandes potenciales fuimos cambiando nuestra forma de mirar la vida, fuimos ocupando otros espacios de la sociedad, empezamos a tener nuestros proyectos productivos y nos presentamos al presupuesto participativo”, dijo la líder comunitaria.

Las mujeres campesinas no estamos solo para tener hijos y estar con el esposo, como mujeres somos cuidadoras de la vida, amadoras del campo... le aportamos mucho a la seguridad alimentaria

Entre todas comenzaron a producir papa, cebolla, tomate, aromáticas y mermeladas, entre otros, todo con principios agroecológicos, y aunque al principio los hombres desconfiaban y decían que esas reuniones de mujeres solo servían para dañar familias, se dieron cuenta de que los alimentos que ellas cosechaban eran de mejor calidad y que la felicidad de las mujeres influye mucho en la felicidad general de los hogares.

Hogares Ecológicos

Los productos que siembran estas mujeres son de mejor calidad que otros de fincas vecinas que usan químicos, lo que ha motivado a más gente a cambiarse a la agroecología.

Foto:

María Isabel Ortiz Fonnegra / EL TIEMPO

“Las mujeres campesinas no estamos solo para tener hijos y estar con el esposo, como mujeres somos cuidadoras de la vida, amadoras del campo, valoramos el medioambiente, somos custodias de semillas, trasformadoras de alimentos... le aportamos mucho a la seguridad alimentaria de nuestras familias y nuestra región”, dijo Acevedo, y agregó que este proceso ha sido muy gratificante y han logrado incidir en otros espacios, pues hay mujeres de la asociación que han participado de foros en otras ciudades y países, que pertenecen a la Mesa de Derechos Humanos y Mesa de las Mujeres de Medellín, a Juntas de Acción Comunal, entre otros.

Aún falta mucho, siento que tenemos mucho que hacer por otras mujeres, reducir esa brecha de desigualdad de género entre hombres y mujeres que todavía está marcada en el campo

En esta lucha por reivindicar el papel de la mujer campesina también han trabajado porque la titulación de los predios sea compartida, es decir, que la tierra esté tanto a nombre del hombre como de la mujer para que, en caso de muerte del cónyuge o separación, las mujeres puedan seguir en sus territorios, cultivando la tierra que ellas han ayudado a cuidar; además, esto también facilita que las mujeres puedan obtener un crédito en un banco para algún proyecto o mejoramiento de vivienda, pues van a tener un predio con el cual respaldar el préstamo.

Aún falta mucho, siento que tenemos mucho que hacer por otras mujeres, reducir esa brecha de desigualdad de género entre hombres y mujeres que todavía está marcada en el campo”, concluyó.

MARÍA ISABEL ORTIZ FONNEGRA
Redactora de EL TIEMPO
En Twitter: @M_I_O_F

MEDELLÍN

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