En La Esperanza se disfruta de la lectura desde el vientre materno

En La Esperanza se disfruta de la lectura desde el vientre materno

La biblioteca popular más vieja de la ciudad está cumpliendo 50 años

Biblioteca La Esperanza

La biblioteca se ha convertido en el punto de encuentro de niños y jóvenes del sector. En esta temporada vacacional se están haciendo actividades especiales.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

20 de junio 2018 , 06:39 a.m.

Lenis González habla con una suave cadencia caribeña. Tiene tres hijos y piensa que, como herencia, debe dejarles algo valioso: el amor por la lectura.
Nació en Chigorodó, un municipio del Urabá antiqueño. Allí, lamenta, el incentivo por el hábito de lectura es exiguo.

Comenzó a leer a los 14 años porque un amigo de su pueblo le prestó libros unos libros que tenía.

Está convencida de que ese hábito puede mejorar la vida de cualquier persona. Por eso comenzó a leerle cuentos a su hija menor desde antes de que naciera.

"Cuando yo tenía 18 años me decían que era más madura que las personas de mi edad. Creo que era porque leía libros y aprendí sobre muchas cosas. Alguna vez vi una frase que decía que uno es lo que lee, por eso quiero transmitirle eso a mis hijos”, expresa la mujer.

Para lograr su cometido, llegó a la biblioteca La Esperanza, ubicada en el 12 de Octubre (comuna 6).


Esta es la biblioteca popular más antigua de la ciudad, que este año está cumpliendo medio siglo de haber sido fundada. Su historia comenzó en 1968 cuando unas mujeres de la comunidad decidieron que era momento de fomentar la cultura de alguna manera en el barrio. Reunieron algunos libros y, con la ayuda del párroco, quien les ofreció un espacio para los libros, lograron abrir la biblioteca, que bautizaron como El principito, haciendo referencia a la célebre novela de Antonie de Saint-Exupéry.

Este es un espacio diferente, un lugar para que los jóvenes encuentren un refugio; no para esconderse, si no para que vean en la literatura otro camino

Hoy, mientras los niños juegan y leen, un visitante desprevenido puede encontrarse con los más de 4.000 libros que este espacio tiene al servicio de la comunidad.
Por los estantes se pueden ver textos para bebés, como los que Lenis lee a su hija de dos años.

También hay literatura para niños. Pero los adultos no se quedan atrás y, en un rincón, pueden encontrarse joyas literarias como la obra narrativa completa de Miguel de Unamuno o algunas novelas de Víctor Hugo.

Como un convenio de responsabilidad social, la biblioteca comenzó a ser apoyada desde 1994 por el Grupo Familia, a través de su fundación. La empresa brinda apoyo económico y logístico para el buen funcionamiento de La Esperanza. La administración de la misma está en manos de Ratón de biblioteca, una fundación sin ánimo de lucro que tiene como fin facilitar el acceso a los libros y a la lectura a niños y jóvenes.

Vivimos muy felices con el público cercano de la biblioteca, son muy lectores. En promedio, están leyendo unos nueve libros al año. Tenemos niños de 12 y 13 años que leen a Dostoievski y a Poe

Por ello, la biblioteca tiene una serie de talleres para que los menores, incluso desde antes de nacer (así suene inverosímil) adquieran el hábito de lectura. “Tenemos un taller de madres gestantes. Ellas leen cuentos a sus niños, así todavía estén en sus vientres. Lo que buscamos es que se forme un vínculo emocional entre ellas y sus hijos por medio de la lectura”, comenta Nevir Escobar, bibliotecaria de La Esperanza.

Una vez los niños nacen, sus madres los pueden inscribir en el taller de lactantes, que va de 0 a 2 años. La dinámica es más o menos la misma: se escoge una lectura que las mamás transmiten a sus hijos. Para este ejercicio, la biblioteca dispone de la ‘bebeteca’, una serie de textos ideales para niños, que tienen más imágenes y que permiten, por medio de dibujos en relieve, que los infantes logren familiarizarse con los libros por medio del tacto. Estos talleres de primera infancia están financiados por la Fundación Éxito

Biblioteca La Esperanza

Leer en voz alta, dice una de las madres que asiste con sus hijas a los talleres, es la forma idea de transmitir el hábito de lectura a los niños.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

Sandra Zuluaga, directora de La Esperanza, explica que todos los talleres están centrados en fomentar el hábito de la lectura y la escritura. “Vivimos muy felices con el público cercano de la biblioteca, son muy lectores. En promedio, están leyendo unos nueve libros al año. Tenemos niños que van desde antes de nacer y van creciendo y se convierten en grandes lectores. En La Esperanza tenemos niños de 12 y 13 años que conocen a Dostoievski y a Poe”, dice la directora.

Para estos jóvenes también hay un grupo que está orientado al periodismo literar
io. La idea es que los jóvenes aprendan sobre el ejercicio periodístico sin dejar de lado los elementos literarios que ya tienen incorporados en su saber.
En la biblioteca también hay talleres para adultos. Estas personas, al tener un bagaje más amplio, leen literatura considerada de más complejidad.

Para Nevir, La Esperanza es un amparo para la comunidad: “Este es un espacio diferente, es un lugar para que los jóvenes encuentren un refugio; no para esconderse, si no para que vean en la literatura otro camino para la vida”.

Miguel Osorio Montoya
PARA EL TIEMPO
MEDELLÍN

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