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Asaí, el fruto mágico que sacaría de la pobreza al Atrato Medio

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Asaí, el fruto mágico

'Coco' es uno de los recolectores del asaí que nace en lo profundo de la selva chocoana

Ya existe una planta de producción y están haciendo negociaciones para exportar la semilla.

‘Coco’ toma con destreza el tallo. Antes tuvo que penetrar la selva más de 100 metros, después de desembarcar a orillas del Atrato. Está pisando territorio antioqueño pero al cruzar el río estará en Chocó.

Con sigilo, el hombre marcado por la violencia en su natal Chocó y que alguna vez lo impactó, camina sobre humedales por un sendero en madera construido por él y otros miembros de su comunidad.

Machete en mano pisa con cuidado las tablas que la humedad fue deteriorando. Aunque la jungla es parte de su vida, talar una especie de palmera conocida como murrapo es una tarea que hace menos de 5 años viene realizando.

La sapiencia para hacerlo se la debe a Bosque Húmedo, una entidad creada por comunidades del Atrato Medio y que capacita a los habitantes en labores agropecuarias que mejoran sus vidas.

Hoy esa esperanza de cambiar la historia de una de las regiones más pobres de Colombia está depositada en la recolección del naidí o asaí, un fruto extraído del murrapo y que según estudios médicos tiene altos componentes antioxidantes que previenen enfermedades como el alzheimer, el parkinson o el cáncer.

Esas propiedades, que muchos en la región consideran mágicas, ya han sido reconocidas en varios países europeos como Inglaterra, Alemania y Holanda, gracias al Brasil que hasta ahora exportaba el asaí.

Sus principios

Según Nemesio Palacio, gerente de la empresa Bosque Húmedo, la exportación de asaí le genera al Brasil unos 150 millones de dólares. Anota que solo en Sao Paulo son consumidas, cada mes, 400 toneladas.

“En el sur del Pacífico recolectan murrapo. Allá solo aprovechan el palmito (tallo de la palmera que se consume en ensaladas). En Brasil, además extraen el asaí”, explica.

El primer paso para aprovechar la semilla lo dieron un grupo de ingenieros que conocieron el ejemplo de ese país. Ellos llevaron expertos brasileños a las selvas colombianas y constataron que en el Atrato Medio, en límites entre Chocó y Antioquia, yacían por lo menos 120.000 hectáreas.

“Hay que subir a la palmera con un equipo de seguridad compuesto por un arnés y una cuerda que amarramos al racimo. Luego, un ayudante la va bajando”, explica Palacio, en tanto resalta que las condiciones para la extracción son complejas por lo húmedo del suelo y lo agreste del terreno.

‘Coco’ es quien mejor hace el trabajo. Son suficientes cuatro o cinco machetazos para ir dándole forma a cada tallo. En 20 minutos de corte saca el palmito que luego es procesado.

Ese material pasa a una planta. Ahí entra a jugar un papel preponderante la empresa Naidí. Ellos creyeron en el producto y con el apoyo de la Fundación Suramericana, que invirtió recursos en el proyecto productivo, montaron la infraestructura en plena selva de Vigía del Fuerte donde hasta el momento tienen empleadas a unas ocho personas de la región.

“En la planta tenemos dos procesos productivos: la cocción para el palmito donde lo limpiamos, lo descortezamos y lo envasamos. En la planta de pulpa, le hacemos un calentamiento y realizamos la pasteurización de la pulpa”, explicó Mauricio Hoyos, gerente de la empresa.

La inversión fue de 3.000 millones de pesos. La planta es la novedad para todos. El blanco resplandece desde su fachada hasta los uniformes de los operarios. Cuenta con las medidas necesarias de salubridad y máquinas de última tecnología para procesar el fruto y el palmito.

“Este proyecto es de largo plazo y desarrolla las capacidades de la población. Esperamos permanecer durante unos tres años adicionales, de tal manera que al momento del retiro dejemos las condiciones necesarias para que las comunidades lo sigan liderando”, explica Luz María Velásquez, directora de la Fundación Suramericana y quien advierte que los frutos de este descubrimiento se recogerán en mínimo cinco años.

Por ahora, ‘Coco’ es quien enseña la dura técnica de extracción del fruto. Mientras tanto, en la planta ya se producen muestras de la pulpa que por su empaque transparente denota una apariencia similar a la mora.

Ya están enviando pequeñas cantidades a Portugal y México y –dicen directivas de Naidí– en puertos de Inglaterra esperan un container con asaí de la selva colombiana.

Los ‘milagros’ del asaí generan esperanza

Aún falta mucho trabajo para que las 28 comunidades negras y 13 indígenas
cambien su realidad de miseria. Sin embargo, Luz María Velásquez, directora de la Fundación Suramericana, está convencida de que con apoyo en el desarrollo del asaí, se va a lograr.

“Han carecido de oportunidades e institucionalidad, que en muchos casos, no ha llegado aquí de la manera que debería”, indicó.

Antes del descubrir el fruto, las comunidades luchaban por el reconocimiento de sus territorios y junto a la fundación Espavé comenzaron a trabajar en la identificación de recursos naturales.

Ellos recibieron capacitación de los brasileños en la compleja tarea de capturar el fruto. “Esto debe dejar riqueza tanto a los lugareños como a los dueños de la empresa”, dijo Mauricio Hoyos, gerente de Naidí.

Víctor Andrés Álvarez C.
Enviado especial de EL TIEMPO*
Atrato Medio
*Con invitación de la Fundación Suramericana.

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