Último adiós / Opinión
Por: JAIME FERNÁNDEZ MOLANO |
Como húmedas burbujas que se esparcen en el recinto, se siente el murmullo de las señoras metidas a la fuerza entre las estrechas telas negras. Deslizan su fe a través de un curioso jugueteo de bolitas en fila, que giran entre sus dedos mientras gimen, las señoras, y salpican el lugar con frasecillas repetidas que evocan glorias, goces y dolores ajenos y extraviados.
Gente y más gente. Todos entran y salen. Aúllan, murmuran, gritan; expelen un vaho maloliente.
Más tarde, un tipo informe y adiposo lanza figuras en el aire con la punta de los dedos. Pide por la salvación de un alma que todos saben perdida desde siempre. Esparce un humo pendular y rocía el ambiente con agua turbia y salina que cae sobre el protagonista de la escena.
Se dispersa luego la multitud, que ahora es una lenta fila perdida sobre el pavimento.
Después de un largo trecho, arriban al sitio señalado. El tono sube hasta el aturdimiento. Susurros, chillidos, gritos que pretenden desgarrar el azul violeta de la tarde.
Un lánguido soplo de trompeta, despide el espectáculo.
Por fin, a través de las estrechas grietas del cristal, caen, como una verdadera bendición, los primeros jirones de tierra sobre mi rígido cuerpo.
JAIME FERNÁNDEZ MOLANO
Escritor y periodista; entreletras2@yahoo.com


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