Foto: Manuelita. S.A
El uso del biodiésel significará reducir la dependencia del diésel importado, pues cerca de 6.000 barriles de ese combustible llegan a diario al país.
La inversión del proyecto alcanzó los 45 millones de dólares y es capaz de producir 100.000 toneladas anuales de biodiésel.
Un año de trabajo, tecnología belga y una inversión que llega a los 90 mil millones de pesos fueron necesarios para que en el departamento se hiciera realidad la gigantesca planta de procesamiento y refinamiento de palma de aceite.
La planta, levantada en San Carlos de Guaroa, es la quinta en el país y catapulta definitivamente al departamento y a la región de los Llanos Orientales en el negocio del biodiésel.
Henry Eder, presidente del Grupo Empresarial Manuelita S.A., que hizo la multimillonaria inversión, explicó que las tierras en el Valle ya están copadas mientras que a las del Meta les falta aún mucho para cultivar y, además, es el mayor proveedor de palma del país.
La cercanía a Bogotá, una buena producción de materia prima que sale de una plantación que tienen con algo más de 7.000 hectáreas de palma de aceite y la facilidad de conjugar en un sólo sitio el cultivo y la planta procesadora, fueron las principales razones para apostarle al Llano.
Así lo reveló el empresario vallecaucano, quien explicó que hace un mes se iniciaron las pruebas de producción en la planta de biodiésel ubicada en San Carlos de Guaroa, a una hora de Acacías.
"Ya contábamos con una plantación de palma sembrada hace más de 20 años y teníamos tres alternativas: o se hacía en la plantación, o en Villavicencio, en un sitio más central para recibir el aceite de otras plantaciones, o en la sabana de Bogotá, que es el mercado principal de la capital", contó.
"Hicimos cálculos y vimos que había alguna ventaja logística de hacerlo en los Llanos", manifestó el empresario caleño.
La nueva planta producirá 100.000 toneladas de biodiésel al año y será abastecida de aceite de palma proveniente de una plantación contigua de propiedad de la compañía, así como de los palmicultores de los Llanos y otros del centro del país.
Con este proyecto, el Meta se sigue proyectando como productor de biocombustibles, que se hacen cada vez más necesarios ante el agotamiento de recursos naturales y la demanda de mayores fuentes de energía.
Y aunque transformar el aceite crudo de palma no requiere mucho personal en la planta de biodiésel, sucede todo lo contrario en la plantación, pues allí se generan unos 800 empleos.
La refinería, perteneciente a Aceites Manuelita S.A., está entre las más grandes del país y entrará a competir con otras plantas refinadoras que hay actualmente en Tibú (Norte de Santander), Barranquilla y Santa Marta.
Se estima que en Colombia se están produciendo anualmente cerca de 800.000 toneladas de aceite crudo de palma africana y de esa cantidad, por lo menos la mitad es destinada a la producción de biodiésel, el cual se mezcla entre 5 y 7 por ciento en los motores diésel.
"El petróleo y el carbón no van a alcanzar para la demanda mundial. El mundo requiere más energía y lo más eficiente desde el punto de vista ecológico son el biodiésel de palma y el etanol de la caña de azúcar", destacó el empresario.
Igualmente Henry Eder dijo a EL TIEMPO que dentro de su plan de negocios con el biodiésel, Aceites Manuelita contempla una expansión hacia el Casanare, cerca al municipio de Orocué.
En esa región, según manifestó, se busca contar con una plantación de 20.000 hectáreas de palma de aceite.
El biodiésel es el resultado de un proceso de refinación del aceite de palma para luego realizar una transformación química al mezclarlo con etanol en un 10 por ciento, lo que genera un metil-ester que es el biodiésel. Lista la combinación pasa por unos reactores y unos purificadores que le permiten mezclarse técnicamente con el diésel.
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