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Saber que aún vivía reabrió heridas en la familia Ardila

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Foto: Archivo Particular

Aquí, Sandalio, (a la izquierda) con toda la familia en el año 1980.

Dos versiones diferentes en lugares distintos, con datos que solo debía saber Sandalio Ardila, fueron vitales para establecer el paradero donde podría estar: El suroccidente del país.

 Hace un año y medio una mujer se acercó a la  esposa de Efraín y le comentó que alguien había visto a Sandalio.

"No queríamos recavar nuevamente sobre el tema, pero nos dieron tantos indicios que decidimos ir a hablar directamente con la mujer que lo había visto", comentó Efraín quien había optado por iniciar la lucha nuevamente.

Sin dar detalles, sostiene que luego de armar el rompecabezas para determinar quién lo había visto en realidad, concluyeron que esa  persona estaba en una ciudad del suroccidente colombiano, cuyo nombre la familia prefiere reservarse por ahora. Allí  Carlos, otro de los hijos, y Efraín, dialogaron con la testigo.

"Ya sabía qué profesiones teníamos, cómo nos llamábamos y otros detalles que solo debía saber mi papá. Ella, que es psicóloga, conversó con mi papá porque la guerrilla lo llevó pensando que la señora era médica. Él le comentó toda su historia y lo vio varias veces. Nos dijo que a mi papá lo cuidaban dos personas y que lo estaban tratando de una lesión en la pierna izquierda", dice Ardila.
Las características físicas que dio les confirmaron que se trataba de su padre. Un sentimiento de tristeza y de alegría embargó el corazón de los Ardila Quintana.

Sin embargo ese no fue el único testimonio. En diciembre del año pasado, luego de que Efraín operó a un paciente, en el proceso de recuperación este le confesó que conocía a un hombre desde niño, que ahora era uno de los  comandantes de las Farc en Vista Hermosa y que tal vez podría darle alguna razón de Sandalio.

"Por gestión del paciente, en diciembre del año pasado nos vimos con el guerrillero, aprovechando que estuvo en Villavicencio. Me dijo que mi padre y otros secuestrados estuvieron bajo su custodia en Vista Hermosa y Sumapáz por más de seis años, pero que hacía como dos años los habían trasladado a otros frentes. No supo explicar porque seguía secuestrado, que a veces ni los mismos jefes guerrilleros saben las razones y cumplen con ir con ellos de un lado para otro. Tristemente hoy mi padre sigue siendo un inventario de las Farc", comenta Efraín.

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