Foto: Archivo Particular
Sandalio, sentado en el medio, con su mamá María de Jesús (izq.) y su esposa María Nelly Quintana en 1981.
El 10 de diciembre de 1981, siete guerrilleros se llevaron a Sandalio Ardila de su finca porque se negó a darles gasolina. Aunque lo dieron por muerto ahora creen que sigue en poder de las Farc.
El 20 de julio, mientras todo el país marchaba para exigir la libertad de los secuestrados, María Nelly Quintana, la esposa de Ardila, cumplía 51 años de matrimonio con él.
Sin embargo, del medio siglo que lleva casada con él, lapenas ha podido disfrutar 24 años de matrimonio.
Ardila fue secuestrado en una finca de El Nare, una recóndita vereda en las estribaciones de la serranía de La Macarena.
Con 46 años de edad, hacía tres había decidido comprar un terreno en esa zona para iniciar un criadero de peces y empezar a asegurar un futuro para su esposa y sus siete hijos. Ya cultivaba arroz y era transportador, pero veía que la piscicultura podría ser el futuro.
"Siempre se caracterizó por ser un hombre muy berraco para el trabajo de campo y por eso escogió esa zona a donde iba frecuentemente", recuerda Efraín Ardila Quintana, hijo de Sandalio, quien por aquella época tenía 21 años y estudiaba medicina en la Universidad Nacional de Bogotá.
"Se estaba bañando en el río y no lo dejaron ni vestirse. Así se lo llevaron. A los guerrilleros no les gustó la negativa de mi papá de no darles el combustible, pero él también lo necesitaba para poderse devolver", añade Efraín, quien hoy convertido en un hombre maduro y a pesar del paso del tiempo, no puede contener las lágrimas cuando relata lo sucedido.
Las distancias impidieron que solo después de cinco días la familia se enterara del secuestro. Un compadre de Sandalio, quien se había desplazado por río hasta San José del Guaviare y luego por tierra hasta Acacías, donde vivía la familia, llegó a contar lo ocurrido.
"Dijeron que se lo llevaron por no colaborar con la causa revolucionaria, debido a que no les había dado unos mercados y tampoco la gasolina que le pedían", relató el testigo del secuestro.
Lucha y desilusión
A partir de ese momento empezó una lucha incesante para intentar lograr un contacto con el frente 27 de las Farc, que por esa época tenía influencia en la región, y llegar a un acuerdo para la liberación. Guillermo, otro de los hijos de Sandalio, fue hasta la zona y al cabo de unas semanas contactó a uno de los comandantes.
No se preocupen -dijeron los guerrilleros- él (Sandalio) no colabora con la causa y por eso va a trabajar unos días con nosotros. Ustedes sigan tranquilos que después lo entregamos.
"Pero hubo un cambio de mando y los nuevos jefes no sabían del secuestrado. Gracias a un contacto guerrillero que conocí en la Universidad Nacional, me enteré de que lo habían llevado para Colombia (Huila)", dice Efraín Ardila.
Ese mismo contacto de la Nacional le hizo puentes a Efraín para hablar con representantes de las Farc en Ecuador, Cuba e incluso Holanda, países hasta donde se desplazó para gestionar la liberación de su padre.
Corría el año de 1985 y la familia Ardila Quintana, que había caminado toda Colombia y gastado una fortuna recorriendo otros países, seguía sin conseguir una respuesta de las Farc. Lo único que había descubierto era que desde aquella época tenían contactos internacionales y que en Europa esa guerrilla era considerada la defensora de los pobres.
Nunca exigieron una suma de dinero por su liberación. Nunca enviaron una prueba de supervivencia y nunca más volvieron a saber de su padre.
En 1987 los Ardila Quintana decidieron dejar de luchar y declararlo legalmente muerto para hacerle el duelo, las misas y las oraciones por su alma. La finca de los sueños de Sandalio donde fue plagiado quedó abandonada en la selva y nadie más volvió a la zona.
Ese baúl doloroso de recuerdos quedó cerrado por por más de 20 años, hasta que los testimonios de una mujer en el 2006 y de un guerrillero en diciembre del año pasado les revelaron lo impensable: Sandalio seguía vivo y en poder de las Farc.
JHON ALFONSO MORENO CORREA
Llano 7 días
COPYRIGHT © 2008 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.