El baile, que durante este fin de semana tiene su torneo en Villavicencio, fue considerado en un momento dado fue mal visto por la religión.
"El bayle que llaman xoropo escobillao y que se acostumbra en algunas villas y lugares de la capitanía general de Venezuela, ha sido mal visto para algunas personas de seso como el señor doctor Martín Echeverría por parecerle, entre otras suciedades, que lo infaman demasiado, sacrílego en velorio (sic)..."
El joropo era pecado. Así quedó consignado en esta ordenanza del año 1749 en la que un religioso advierte sobre este tipo de danza, y que se convierte en una de las referencias bibliográficas más antiguas acerca de este baile criollo.
Carlos 'Cuco' Rojas, investigador y folclorista y quien reseña esta cita en el libro Cantan los alcaravanes, explica que el joropo tal como lo conocemos hoy tiene un nacimiento triétnico: español indígena y africano.
"Para las personas que solo disfrutan de su interpretación o su baile, estos detalles pueden resultar sin importancia, pero para mi resultan apasionantes", dice Rojas Hernández.
"Pero si de pecado se trata, quienes bailaban el xoropo en sus inicios daban pie para ser tildados de no menos que herejes".
Según esa misma ordenanza, que es una especie de carta en la que se advertía que esta danza no debía ser vista con buenos ojos por los habitantes de la época, el xoropo lo bailaban hasta en los velorios.
"(...) en que se canta y se bayla casi encima de los cadáveres, como homenaje a los difuntos", dice el escrito del religioso.
Por fortuna fueron muy pocos los que consideraron pecado aquel tirmo campesino y su evolución natural siguió en curso.
Para Gustavo Rodríguez, gerente del Centro Cultural Llanero de Bogotá, el joropo en Colombia data desde la época de La Independencia (1819), pero escritos sobre el tema solo son muy recientes (año 1940).
"Los testimonios sí confirman que en las sabanas existió en diferentes formas de interpretación, canto y baile desde la segunda mitad del siglo XIX: Los principales cronistas han sido algunos religiosos de diferentes épocas que tocaron el tema en su momento y le hicieron un aporte a su conocimiento fuera de su lugar de origen", sostiene Rodríguez. Según Carlos 'Cachi' Ortegón, investigador casanareño, lo más importante que le ha pasado al joropo en el último siglo es dejar de ser local y de un reducido grupo, para convertirse en una ritmo internacional.
"Haber salido de un escenario reducido de fiestas familiares en los hatos, para tener un festival internacional de espectáculo urbano, es la evolución más grande", dijo Ortegón quien apuntó que Villavo seguirá siendo 'meca' del joropo.
El joropo puede venir del árabe xoropo, que significa jarabe. Es por ello que nuestro joropo (como el jarabe tapatío) tendría similitud con otros bailes zapateados de México y Argentina, en donde también hubo misiones jesuítas. Fueron ellos los artífices de que se conocieran instrumentos y cantos, según comenta el historiador Oscar Pabón.
Miguel Ángel Martín el xoropo puede emparentarse en cuanto a lengua con el soropo, que eran las casas del llanero pobre en medio de la sabana, y que sería el sitio donde se bailaba el xoropo.
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