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Historias anónimas de los secuestrados olvidados por la opinión pública

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Foto: Archivo Particular

Jairo Antonio Escobar fue secuestrado desde el 30 de junio de 2004.

Sus familiares no salen en televisión, no protagonizan marchas, ni los medios los buscan, ellos simplemente exigen libertad para sus seres queridos.

Joimer Ojeda Martínez, el caminante llanero que acompañó al profesor Gustavo Moncayo en su travesía hasta Bogotá, quedó sorprendido con la cantidad de personas que buscan a un familiar secuestrado.

En marzo pasado, cuando salió en bicicleta para Quito en otra campaña por el acuerdo humanitario, al menos 10 personas lo abordaron en diferentes regiones para entregarle fotografías o cartas con la esperanza de que algún día esos seres queridos que permanecen cautivos  puedan volver con vida.

"Aunque siempre he luchado por la libertad de mi amigo, el ex gobernador Alan Jara,  el objetivo es buscar la liberación de todas las personas. Sin embargo hay muchas historias que no se conocen porque los medios se concentran siempre en los más secuestrados más destacados", dice Joimer, quien afirma tener autorización de esos familiares para realizar acciones que permitan recobrar su libertad.

A propósito de la expectativa que ha surgido por la supuesta liberación de otro grupo de secuestrados, anunciada por el político Luis Eladio Pérez y el llamado del presidente venezolano Hugo Chávez para liberar a todos los secuestrados, Llano 7 días recogió algunas de esas historias anónimas de secuestrados que nunca aparecen en la 'lista de canjeables'.

Las esperanzas siguen en las selvas del Vaupés

El 24 de diciembre de 2007, por unos momentos, la alegría había vuelto a la familia Escobar. Según los rumores y versiones que habían llegado hasta sus oídos, ese día iba a ser liberado en alguna zona selvática de Mitú, Jairo Antonio Escobar, el único de vaupenses que aparece como secuestrado.

Ansiosos, fueron a esperarlo a un sitio donde supuestamente sería entregado, pero él nunca apareció.

"Fue un falsa expectativa que nos desilusionó, pero que no nos hace perder la fe en que volvamos a verlo con vida", dice Heidi, su hija. Ella, quien duró secuestrada con su padre los primeros 20 días desde el 30 de junio de 2004, afirma que tiene la corazonada de que sigue con vida.

"Me liberaron porque me enfermé. Apenas tenía 15 años. Yo no pude volver a estudiar en tres años. Jamás nos han dicho porque se lo llevaron.", explica la joven.

Aunque al principio pensaron que era un secuestro extorsivo, a medida que pasaron los meses fueron descartando esa posibilidad, porque nunca exigieron dinero. Ese año, quería ser candidato a  la alcaldía y tenía un importante respaldo de la comunidad indígena, de acuerdo con sus familiares.      

Agrega que "han sido años muy difíciles porque pasamos una época muy complicada económicamente y él era la base del hogar. Mi madre no sabía nada del negocio y debió sacar adelante a la familia".

Sostiene que a pesar de haber enviado mensajes a los comandantes guerrilleros para que los devuelvan o envíen alguna prueba de supervivencia, desde el principio no han encontrado respuesta.

"Las personas también tienen miedo de averiguar por él, pues creen que les pasará algo", dice Heidi y califica de injusto que durante este año se haya dado más importancia solo a ciertos secuestrados y no se indague por personas como su padre", agrega.

El Vaupés, en donde a pesar de haber sido uno de los baluartes de las Farc el secuestro no es común, el cautiverio de este comerciante ha manteniendo en vilo al departamento.

No obstante, según la Fundación País Libre, desde 1996 en ese departamento de 54 mil kilómetros de selva, secuestraron a 79 personas (Ver infografía pág. 5), siendo 1998, el año de la toma a Mitú, el año en el que más secuestraron con 68.

A Erika se la llevaron estando embarazada

El 8 marzo de 2005, la vida cambió para las familias de cuatro comerciantes que salían de Uribe (Meta), con rumbo a Villavicencio.

Ese día, fueron bajados de un carro donde viajaban, en el sitio conocido como Alto de las Tres Esquinas,  Erika María Gómez,  Edna Martínez,  Osser Saavedra y Jesús Antonio Molano, quienes luego de hacer algunos contactos para vender bonos solidarios para una fundación social, regresaban a la capital del Meta.

María del Rosario Mora, hermana de Erika María, asegura que sin ninguna razón, la guerrilla les quitó las cédulas y se los llevó sin que hasta ahora se conozca de su paradero.

"Ella tenía cuatro meses de embarazo y tampoco sabemos nada sobre cómo está el bebé. Un año después de que se la llevaron, llamó a nuestra casa y solo atinó a decir que estaba viva, pero hablaba muy pasito. Colgó y no volvió a llamar", dice Rosario llorando, mientras agrega que la incertidumbre y la zozobra de no saber que fue de sus familiares es lo más angustiante.

Fray Antonio, hijo de Jesús Molano, el otro de los secuestrados ese 8 de marzo, afirma que su padre hoy debe tener 56 años y que ya estaba enfermo cuando se lo llevaron.

"Tiene ataques epilépticos y necesita usar la droga Tegretol para disminuir su enfermedad. Aunque dicen que las Farc los confundió con informantes, lo cierto es que ellos eran solo rebuscadores que se ganaban la plata en forma honrada", sostiene  Fray Antonio, quien dice que su madre no aguantó estar sin don Jesús, pues murió en el 2006, un año después de que lo secuestraron.

La más antigua de las secuestradas

El 24 de julio Carmenza Suárez de Cruz cumplirá 12 años en poder de las Farc. La secuestraron en 1996 y es la persona que más ha permanecido secuestrada en el Meta.

A tal punto que incluso, según sus familiares, los psicólogos de la Fundación País Libre les han dicho que es mejor acostumbrarse a la idea de que está muerta para empezar a hacer su duelo.

Sin embargo, esto no acaba con la fe de los Cruz Suárez, quienes se aferran a una luz de esperanza para que la madre y esposa regresa sana y salva.

Su familia recuerda que la noche del plagio seis hombres armados llegaron a su finca, en las afueras de Granada (Meta), preguntando por la señora Carmenza. Reunieron a todos los empleados en la sala de la casa y uno de los secuestradores la identificó.

Han pagado dos veces por el rescate, pero ni siquiera una prueba de supervivencia han recibido.

Durante el periodo de la zona distensión, la guerrilla le dijo a la familia en La Macarena que Carmenza había muerto por el disparo accidental de un guerrillero, pero nunca se confirmó la información. También, en otra ocasión, se dijo que las Farc le hizo un 'juicio' y la condenó a cinco años de cautiverio, pero hace seis años no se sabe nada de ella.

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