Foto: Guillermo González-EL TIEMPO
Desde hace cinco años, Duván Leonardo Ramírez quedó dependiendo de una silla de ruedas para poder desplazarse. Así va al colegio.
Todos los años, el 8 de diciembre, Barranquilla es quizá la ciudad más bulliciosa, festiva e iluminada del país.
Por esto, la Noche de las Velitas del 2004 no podía ser distinta en la casa de Duván Leonardo Ramírez, un niño de 9 años nacido en Aguachica (Cesar), que por primera vez llegaba a Barranquilla y se deslumbraba ante tanto jolgorio.
A las 2 de la mañana, el festejo llegó a su fin, entre los familiares de Duván. Su madre, Carmen Vásquez, le ordenó irse a descansar.
Sin embargo, el niño, un hermano menor y otros jóvenes de la cuadra, se entretuvieron recogiendo las velas derretidas a la Virgen.
Duván apenas comenzaba la tarea cuando, sorpresivamente, cayó en medio de los otros niños. Lo que en principio se creyó que era una broma del pequeño, terminó en una tragedia. El dictamen médico fue categórico: Duván había recibido un balazo.
Lo peor vendría después. Las radiografías demostraron que el proyectil le destruyó la tercera y la cuarta vértebras, y le rompió la médula.
La bala que le quitó la movilidad a Duván hace parte de una costumbre entre algunos desadaptados, que, en la Noche de las Velitas, se dedican a hacer disparos al aire como parte nefasta de la diversión.
"Nunca supimos quién disparó, residentes del sector me dijeron que fue un vecino con antecedentes en venta de droga, pero no lo denuncié porque carecía de pruebas, y nadie quiso testificar", recuerda la madre.
Pero la tragedia para esta familia apenas comenzaba. El padre de Duván los abandonó, y Carmen, sola, sin recursos, sin trabajo y sin donde vivir, tuvo que desprenderse de sus dos hijos mayores: los entregó a parientes.
Con la ayuda de familias amigas, lograron sobrevivir, y el niño comenzó a estudiar. Sin embargo, las angustias económicas no cesaron y, en diciembre pasado, por incumplimiento en el pago del arriendo, Carmen y su hijo estuvieron a punto de ser lanzados a la calle. Esta crisis sumió a Duván, quien estudia sexto grado, en una profunda depresión.
A sus 14 años y en medio de su drama, Duván es un excelente estudiante, amante de la pintura y de las manualidades y con muchos sueños por cumplir. "Quiero ser pintor, me gustan las caricaturas y hacer historietas con los personajes. También, hago figuras de plastilina", dice con una sonrisa tímida.
ROBERTO LLANOS RODADO
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
BARRANQUILLA
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