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En junio, tropas en Afganistán sumaron la mayor cantidad de bajas desde el comienzo de la guerra

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Foto: AFP

Este es el momento del desembarco de tropas estadounidenses cerca a la ciudad de Sirkankel, en Afganistán.

El número de fallecidos fue de 45. Y el total en los primeros seis meses del año (van 160) hacen prever que será, cuando acaba, el más violento en la historia de este conflicto.

Han pasado casi siete años (en octubre) desde que Estados Unidos, apoyado por una coalición de países aliados, invadió Afganistán como repuesta a los atentados del 9-11. Y aunque la guerra acabó con el régimen talibán y puso a la defensiva a la organización terrorista Al Qaeda, la situación ahora pinta peor que nunca.

El diario New York Times, para resaltar la gravedad, publica una historia en su edición de este domingo en la que concluye que junio, también, fue el mes más letal para las tropas de E.U. (murieron 23 soldados) y, por primera vez, superó a Irak en número de decesos (22).

Esta tendencia ya se venía registrando desde el año pasado (2007), que superó todos los anteriores en cuanto a muertes y atentados suicidas.

Ese año, de acuerdo con cifras del Pentágono y la ONU, dejó más de 8.000 muertos -1.500 civiles de ellos civiles, el resto insurgentes- y vio un incremento de casi el 100 por ciento en ataques contra miembros de la coalición y fuerzas del gobierno afgano.

Lo que es más, según confirman fuentes del Pentágono, los talibanes, que hasta el 2006 están virtualmente extintos, se han reagrupado en la frontera con sur, con Pakistán, y han comenzado a ejercer control en áreas del país, como el este, donde hasta ahora tenían poca presencia.

De acuerdo con un estudio presentado por el Pentágono el mes pasado, en esta zona del país se está consolidando una segunda insurgencia compuesta por miembros de Al Qaeda, grupos militantes paquistaníes y el Hizb-i-Islami, una guerrilla que, irónicamente, recibió cientos de millones de dólares de E.U. durante la guerra con los soviéticos en los años ochenta. En esta región, dice el reporte, los atentados y ataques han aumentado en un 50 por ciento en lo que va del 2008.

El tema está tan caliente que se ha vuelto central en la batalla presidencial entre John McCain y Barack Obama, que ahora le prestan igual o más atención que el conflicto en Irak. Obama, para precisar, cree que este país debe ser el epicentro del guerra contra el terrorismo.

Las razones tras la "pesadilla afgana" varían y dependen de quién las ofrezca. Pero coinciden, eso si, en un factor: del 2007 en adelante los insurgentes optaron por modificar sus tácticas de guerra.

"La superioridad de las fuerzas internacionales y afganas en batallas convencionales forzó a los grupos de oposición a adoptar tácticas asimétricas, en pequeña escala, que tienen como objetivo a las Fuerzas de Seguridad del país y los civiles: explosivos improvisados, ataques suicidas, asesinatos y secuestros", explica el secretario general de la ONU Ban Ki-moon en un reporte-actualización que hizo a finales de marzo de este año.

De acuerdo con el Major General Jeffrey Schloesser, jefe de las tropas de E.U. en la región este, los insurgentes han decidido, además, atacar todos los esfuerzos de la coalición por mejorar la calidad de vida de los afganos y así restarles apoyo popular. "Están atacando colegios, carreteras recién construidas y cualquier cosa que construimos", dice Schloesser.

De seis meses para acá, los estadounidenses han venido insistiendo en que la OTAN debe aumentar el pie de fuerza en el país. Algo similar a lo que hizo E.U. en Irak a comienzos del 2007. Washington alega que no es posible distribuir ayuda humanitaria si no existen primero condiciones de seguridad.

Y en cierto sentido, los eventos del terreno le dan parcialmente la razón. Solo en el 2008, organismos que se encargaban de brindar asistencia humanitaria han sido atacados en 80 oportunidades.

Pero en la Alianza no parece haber estómago para un incremento de tropas.

La misma disputa -o fractura- es evidente frente a los cultivos de amapola, que se han triplicado en los últimos tres años y que nutre de recursos a los talibanes y las guerrillas. E.U. tiene fe ciega en una política de fumigación-erradicación de cultivos, como la usada en Colombia, mientras los europeos se inclinan más por el desarrollo alternativo.

Pero los problemas no paran allí. Un reciente presentado en junio por la Oficina para el Control Gubernamental (GAO), el brazo investigativo del Congreso de E.U., concluye que, tras más de 10.000 millones de dólares invertidos desde el 2001, las Fuerzas de Seguridad de Afganistán son tremendamente ineficientes y plagadas de corrupción.

Conclusión con la que coincide el Grupo de Estudio para Afganistán, un organismo creado por ex funcionarios de E.U. para evaluar la situación y emitir recomendaciones. De acuerdo con el estudio, entidades como la Policía están profundamente divididas y plagadas de tensiones sectarias "que las vuelven una fuente mayor de inseguridad que los mismos talibanes en algunas regiones del país".

El presidente Hamid Karzai ha dejado claro que su país está aún lejos de lograr la masa crítica que permitirá progresos sostenibles. Según el presidente, necesita al menos un Ejército de 150 mil hombres bien dotados y entrenados.

Actualmente solo cuenta con 58 mil -mal preparados según el reporte de GAO- y el apoyo de los 50 mil miembros de la OTAN. En otras palabras, según los expertos, serán necesarios al menos otros siete años de intervención para alcanzar este objetivo.

Afganistán, por supuesto, no es Irak donde los muertos de E.U. y otros países ya suman más de 4.500 en 5 años de guerra, por no hablar de los 1.200.000 iraquíes que han perecido, según estima la ONG "Icasualties". (En Afganistán la cifra va en 900 miembros de la coalición y 100 mil afganos).
Pero podría serlo.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

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