En la calle, los centros comerciales, en el transporte público, en el bus o mientras almorzaban, los colombianos fueron sorprendidos con la noticia del rescate de 15 secuestrados en poder de las Farc.
En medio de un sol radiante que cobijó a Bogotá buena parte del día, el auncio del rescate fue invadiendo poco a poco cada rincón de Bogotá. En una pantalla de televisión instalada en el centro comercial Gran Estación, la imagen del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, pasaba desapercibida para quienes en ese momento merodeaban las vitrinas del lugar.
Una o dos personas, solamente, se detuvieron ante la pantalla. Abrieron los ojos. Abrieron la boca. Y luego preguntaron "¿Cómo? ¿Los rescataron?". Otro joven que se hallaba cerca y compartía el audífono de un pequeño radio con otro compañero, se enredó tratando de zafarse de él para correr hacia el televisor. En menos de cinco minutos, ya eran 40 las personas que habían invadido el pequeño espacio.
"Ay, lástima... Yo creí que habían dialogado", decía una mujer a su compañera mientras veía pasar las imágenes con las fotos de los hoy ex secuestrados. "Huyyy, marica, a Ingrid también...", dijo otro de los asombrados.
Mientras tanto, dos jóvenes que abandonaban el restaurante Leños y que después de una hora no sabían nada de la noticia, se detuvieron al ver en la entrada del establecimiento el titular de un noticiero de televisión que en ese momento rezaba: 'rescatada Ingrid Betancourt, tres norteamericanos y 11 uniformados'. "Ay, mira, los soltaron...", y junto a sus acompañantes se quedó unos minutos más con una sonrisa dibujada en el rostro. "Qué chévere", agregó y partió.
Para entonces, la noticia era un hervidero en toda Bogotá. En el norte, una señora de 60 años vestida con falda debajo de las rodillas, sastre de cuadritos pequeños de tres botones y una cartera negra, preguntó afanosa si en un restaurante de corrientazos de la calle 90 con 15 había un televisor o un radio porque una amiga la había llamado para darle la buena nueva: "mijita, liberaron a la Betancourt".
"Alexandra, Ana, Karol y yo íbamos en un taxi comiendo helado. A Alex le sonó el celular, era una amiga y le dijo: ¡¡¡liberaron a Ingrid!!!! Alex dijo: ¿¿¿Quéééé??? Niñas liberaron a ¡¡¡Ingrid!!! Todas gritamos de la emoción, aplaudimos y le dijimos al taxista que prendiera la radio e inmediatamente se escuchó la voz de Juan Manuel Santos diciendo los liberados son: Ingrid Betancourt y los demás...", relató una periodista.
En la carrera novena, cerca al Comité de la Cruz Roja Internacional, los pitos de los carros se escucharon como si Colombia hubiera ganado el mundial de fútbol. La gente estaba feliz en las calles, todos murmuraban la noticia, "¡¡¡Liberaron a Ingrid!!".
A las 2:10 p.m las dos cigarrerías ubicadas en la calle 93 con carrera 17 estaban abarrotadas de gente que parecía presenciar, en los televisores de los locales, una final de fútbol. Abrazos y aplausos se tomaron este punto del norte de la ciudad. Expresiones de desconcierto y alegría se reflejaban en el rostro de las decenas de empleados del sector que a esa hora terminaban su hora de almuerzo. A paso ligero, la gente buscaba un radio o un televisor donde poder confirmar una noticia que nadie creía.
Minutos después se escucharon los pitos de los carros y la algarabía de los transeúntes en plena 15 con 92.
"Lo más chistoso es que la gente comenzaba a llamar, incluida yo, a los que odian al gobierno a hacerle fieros por el rescate. Fue como si se separaran en dos bandos y se burlaran uno del otro", contó otra ciudadana a la slaida de una reunión de trabajo.
Fernando iba caminando por el pasaje de los artesanos de la carrera 15 con calle 90 con la mirada clavada en el piso reposando el almuerzo mientras oía noticias en su viejo radio marca Sonaky. ¡Liberaron a Ingrid! Exclamó rompiendo la calma de los artesanos.
Un artesano con una grabadora gigante puso la emisora y amplificó para todos el sonido de la emisora que oía don Fernando.
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