Francesa echa raíces orgánicas en el Quindío

Francesa echa raíces orgánicas en el Quindío

Una administradora de empresas produce hortalizas orgánicas en su predio en Circasia, Quindío. 

Francesa promueve la agricultura limpia en Circasia, Quindío.

La francesa Laua Molander promueve la agricultura orgánica en el Quindío.

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Laura Sepúlveda

26 de junio 2017 , 02:37 p.m.

Que los agroquímicos usados comúnmente por productores locales están provocando que los predios sean menos fértiles es una de las primeras afirmaciones que Laura Molander lanza cuando alguien habla de agricultura.

La joven, de origen sueco pero francesa de crianza, se considera una de las pocas productoras de hortalizas orgánicas que hay en Quindío e incluso en la región, de hecho recibe en su predio, ubicado en el municipio de Circasia, varios grupos de estudiantes y productores que quieren aprender de su cultivo y sobre todo de los bioinsumos que prepara.

Aunque no es agrónoma ni campesina de origen como ella misma lo acepta, dice que aprendió en el campo y precisamente en el campo colombiano, al sur del país. Hace tres años llegó al Quindío con el objetivo de producir sus propias hortalizas. “Si uno compra un agroquímico, no está pensando en nada. Aquí (en el campo) hay que aprender, reflexionar, experimentar y hacer, y así se aprende”.

Así fue en su caso, ensayo y error. Hace unos siete años, decidió viajar a Colombia en busca de sus raíces pues su mamá es barranquillera. Aunque es administradora de empresas, buscó varios empleos hasta que llegó a Pasto, donde trabajó durante cuatro años con una ONG local que promovía la agricultura orgánica, y fue ahí donde aprendió y se enamoró del campo. Complementó su experiencia con varias capacitaciones en Cali, con el experto en agricultura orgánica Jairo Restrepo.

“Aprendí a hacer los bioinsumos para manejar plagas y enfermedades y la nutrición de las plantas pero de forma orgánica y hacerlo yo misma”.

Relata que trabaja con la microbiología, “uso el material del suelo y reproduzco los microorganismos y los riegos en el terreno. Estos cogen los minerales y los hacen asimilables para la planta”.

Sus fertilizantes son a base de minerales y otros productos y sus insecticidas son elaborados con elementos naturales. “Cuando pones un agroquímico estás matando la microbiología, y yo trabajo con ella, eso es lo que hace que mi suelo sea fértil. Los productores que usan agroquímicos están empobreciendo su suelo cada año más. Cada vez tienen que comprar más abono, ya el suelo no es un ser vivo sino un soporte para la planta”, asegura.

Y agrega que “mis plantas tienen mucho más nutrientes que una que está fertilizada con lo que se consigue en el mercado. Mientras que yo trabajo con 60 minerales, esos tienen solo 3, y eso es lo que enseñan en la universidad, a usar fertilizantes comerciales, no a fabricarlos”.

Precisamente por la calidad y variedad de sus productos, Veko, su marca de ecología comestible es una de las más buscadas en el mercado agroecológico que se realiza una vez al mes en el Sena del barrio Galán en Armenia.

Tiene una amplia clientela de familias y restaurantes de Armenia que le compran canastas de verduras que ella les lleva a domicilio. Algunas de las semillas que cultiva las trae de Europa como el kale, un tipo de col (rizada o lisa) que se produce en ese continente y que en Armenia solo es producida y comercializada por ella. De sus viajes a Europa también trae diversos tipos de lechugas y hortalizas que luego produce en su predio.

Cree que el voz a voz la ha hecho conocida, pues constantemente llegan a su finca para conocer su trabajo. “Les doy un recorrido por el lugar. Es algo detallado, donde explico cómo preparo mis insumos y las prácticas que tengo. Es como un taller de tres horas, generalmente para estudiantes. Esta semana, vinieron 25 productores de Risaralda”. También ha tenido voluntarios extranjeros que trabajan a cambio de alimentación y hospedaje.

En su predio de una hectárea, tiene tres empleados. Cuenta que, inicialmente, fue difícil dirigirlos pues venían con la experiencia de cultivos tradicionales. “Al principio, chocaba mucho con ellos, es una cultura diferente”.

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