Después de estar al servicio de su país en diferentes lugares del mundo y recibir maltratos, Zequeira encontró en Colombia su "segunda patria".
El hombre busca su consultorio para contar sin temor su historia como disidente cubano.
Finalmente abre una puerta café de madera y se acomoda en su escritorio, donde hay un talonario de fórmulas médicas, dos historias clínicas y un computador portátil.
Detrás de él está colgada en la pared una bandera de su país natal. Lo primero que recuerda son los atropellos mientras fue médico al servicio de Cuba en cerca de once países.
"Cuando pasaron dos semanas me quisieron avisar que mi hermano se había muerto, yo estaba en Zambia y el jefe de brigada, que nunca me entregó los 14.000 dólares por los tres años de trabajo, tampoco me quiso dar el pasaje hasta Cuba. Todo eso hizo que mi familia pensara que yo ya no los quería, que todos mis sentimientos habían cambiado en ese país, y eso mismo se repitió exactamente después de un año, en septiembre del 2000, con la muerte de mi madre".
Cuando volvió de Cuba, Zequeira decidió contar todo lo que vivió en ese país africano al periodista símbolo de la oposición cubana, Héctor Maceda, vecino de la calle Neptuno de La Habana, quien quiso hacer pública la corrupción del régimen.
En esa entrevista Zequeira explicó que a diferencia de las otras delegaciones médicas presentes en Zambia, la cubana era la más mal remunerada, su personal era el que más atendía enfermedades contagiosas con alto riesgo de mortalidad, como la tuberculosis y el VIH.
"Desde 1989, con la caída de la antigua Unión Soviética, se vivió la ruptura del campo socialista con Cuba, la pirámide social se invirtió. Yo como médico me podía ganar entre tres o cuatro dólares mensuales, lo que pasaba es que el dinero se quedaba en los intermediarios de Fidel".
De ahí Zequeira empieza a compartir sus ideas de oposición con el Partido Independiente, y comienza su amistad con el señor Maceda. También pudo leer de manera clandestina la revista Bohemia, conociendo la vida de varios comandantes de la revolución "que el mismo régimen y la historia oficial me habían ocultado durante toda mi vida".
"A mí me marcó la historia de Joel Iglesias, el más joven de los más de 30 comandantes de la revolución, quien fue muy importante, fue presidente de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, pero que de muchas cosas de su vida nunca me hablaron en la escuela. No como Raúl Castro, que no aparece en ningún libro de la revolución, que ha diferencia de su hermano no es un hombre digno, que no tiene los cojones para tener el poder que ahora tiene".
Maceda es capturado y juzgado como preso político junto con otros militantes del partido de la oposición, pagando desde el 2003 una pena de 25 años, "él me decía: váyase que van a hacer una redada, lo pueden desaparecer, lo llevan a la cárcel o lo matan".
Por eso en octubre de 2003, el médico decide presentarse para prestar sus servicios en una misión para Venezuela, es despedido en un acto público por Fidel Castro y se instala en el Estado de Sucre.
"En Venezuela mataron a muchos médicos cubanos, porque los obligaban a ir a barrios muy peligrosos para averiguar quienes eran las personas que vivían ahí. La Policía Política Cubana lo recogía a uno en unas camionetas y lo levaban directo hasta la casa y no lo dejaban a uno salir"
Asilo en Colombia: sueños en la adversidad
"Cogí un maletín pequeño, mi pasaporte y los pocos bolívares que tenía y les hice pensar -a la Policía cubana- que iba para otro barrio donde mi novia venezolana, a ella la mantenían también vigilada. En realidad me iba de Sucre hasta Caracas para intententar salir de Venezuela".
Zequeira pidió el asilo político ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y Cáritas de Venezuela, pero alguien le dijo que en ese país no era tan seguro quedarse por la presencia de la Policía cubana, entre las opciones estaban Perú y Colombia.
Después conoció a una colombiana que transportaba encomiendas quien le pidió 80 mil bolívares para cruzar la frontera, "ahí empezó mi odisea, ella viajaba en una camioneta y yo sólo sin mi pasaporte en otra, por si me agarraban decir que era colombiano que me habían atracado y robado los documentos, así me dejaran pasar más fácil".
También comenzó su confusión por la frontera norte entre Colombia y Venezuela, pues en los lugares donde paraba un día lo atendían venezolanos y otro colombianos.
El sol siempre calentó fuerte, la comida fue escasa, caminó casi todo el viaje, aunque a veces lo transportaron vehículos y buses.
"El guía me dijo: ya llegamos a Colombia. Yo no estuve muy seguro, por eso pedí una cerveza en una cafetería y me trajeron una 'Polar', yo ahí mismo le dije: me estás engañando hermano, óigame esto no es Colombia, yo ya he estado en ese país antes, tráigame una 'Águila', en realidad atravesé Maracaibo-Maicao-La Guajira. Ahí mejor cogí un taxi hasta un terminal, luego me fui a Honda, Ibagué, hasta llegar a Cali".
Nunca supo qué día de la semana era, recuerda más o menos que salió el 9 de Agosto de 2004 del estado de Sucre, en el nororiente de Venezuela y llegó a Cali, ubicada en el suroccidente colombiano, el 15 de agosto de ese mismo año, a encontrarse con casi 200 cubanos refugiados.
Con la ayuda de la ACNUR de Colombia y del defensor del pueblo de Cali, Dr. Hernán Salazar, Zequeira obtiene la Resolución de refugiado 0721 de febrero de 2005.
Con sus ojos llorosos afirma que quiere estar de nuevo con su familia, ya que después de su estadía en Zambia: la relación con su hermana se dañó, a su padre nunca más pudo verlo quien se radicó en Miami, Estados Unidos; la muerte de sus dos seres queridos lo mantenían en una tristeza constante. Y hoy es casi imposible ver a su hija, que dejó de nueve años en Cuba y ahora tiene trece años.
"En agosto de 2005, todo el dinero que tenía lo invertí en un viaje Colombia a Tierra Santa para quedarme en Canadá, e intentar después bajar hasta Estados Unidos y ver a mi padre. Pero cuando llegué a Bogotá me detuvieron en el aeropuerto, porque según ellos no tenía los papeles suficientes para seguir el viaje. De ahí en adelante quedé en la calle".
Zequeira vagó durante tres meses en las calles bogotanas, se sostenía con lo poco que le daban las personas, había perdido el contacto con sus compatriotas de Cali, y no podía pedir trabajo como médico porque aún no había convalidado sus títulos.
Luego fue a Medellín y de ser practicante de la religión Afrocubana se convirtió al cristianismo en la Iglesia Luterana, allí le ayudaron a conseguir trabajo como vendedor ambulante, "el dueño me pagaba 5 mil pesos por trabajar de siete de la mañana a siete de la noche y a veces con uno que otro plato de comida".
A través del Ministerio de Relaciones Exteriores y con la ayuda de la familia luterana, Zequeira puede convalidar su título de médico especializado en medicina general integral.
Hace seis meses del año rural en Ricaurte, Nariño, desde agosto de 2006 hasta febrero de 2007, terminando al mismo tiempo su relación sentimental con una caleña.
A mediados de ese año Zequeira trabaja en el Hospital Departamental San Antonio de Roldanillo, Valle del Cauca, pero en noviembre su contrato se termina por la reestructuración del personal.
"De ahí paso dos meses sin trabajo, con muy poco dinero, y solito, sin mi familia" una familia del pueblo le brinda alimentación y lo contactan con la gerente del hospital de La Argelia, Valle del Cauca.
Un pueblo de ocho mil personas que han poblado más la zona rural. Ubicado a dos horas en carro de Pereira, la ciudad más cercana. Un municipio en el que el aire frío se descuelga por los cerros que rodean el casco urbano, y hace que muchos de sus habitantes dejen solitarias las estrechas calles donde todavía hay casas de bahareque.
Zequeira confiesa que tiene una nueva compañera sentimental, quien hoy día es su esposa con quien vive junto a sus dos hijos. De nuevo aparecen lágrimas en sus ojos, cuando dice que sus sueños son nacionalizarse colombiano, 'ser hijo de mi segunda patria', tener un trabajo más estable y rentable, y así obtener los papeles necesarios para viajar a Barcelona, España, y convertirse en un Médico Sin Fronteras.
Además de pisar Cuba sin temor para volver a ver a su hija para enseñarle los valores que debe darle como padre y vivir cerca de su progenitor antes de que muera.
'Extraño la unidad familiar'
La primera parte de sus tres años rurales la hizo en la marina mercante cubana donde ganaba dos dólares diarios por 24 horas de trabajo. Luego lo escogieron para que fuera a Zambia, por estar entre los médicos 'más avezados y confiables... aparentemente'.
Eso fue lo que lo separó de su esposa y su hija en Cuba, donde se dio cuenta de que muchos de sus colegas vivían casi la misma situación, sin ni siquiera poderse ver en la frontera de loa dos países africanos.
Hoy los únicos integrantes de su familia son su padre y su hija, la cual no puede llamar frecuentemente, porque el costo de un minuto oscila entre 2.500 y 3000 pesos, además sólo puede llamarla cuando esté trabajando su ex-esposa, hasta el punto que pueden molestarla por la relación con su padre ahora exiliado político.
"Ahora lo único que extraño de Cuba es la unidad familiar que otrora tuve: mi hija, mi padre y mi hermana con quien no pude remediar nunca la relación".
Daniel Suárez
Especial para eltiempo.com
PEREIRA
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