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Óscar Tulio Lizcano recibió de sus paisanos, en Manizales, el abrazo del regreso

Lágrimas, abrazos, vivas, aplausos se vivieron en la llegadadel ex congresista a la capital de Caldas, quien estuvo 3.004 días en poder de las Farc.

Lizcano, quien se fugó de las Farc el 26 de octubre pasado con uno de sus carceleros, alias 'Isaza', aterrizó a las 11:50 a.m. en la pista del Aeropuerto La Nubia, en el vuelo 9920 de Avianca.

En el terminal aéreo, amigos y paisanos -Lizcano nació en Riosucio, Caldas- habían preparado un recibimiento con carros de bomberos y hasta un bus escalera.

Lizcano llegó en compañía de su esposa Martha Arango y de su hijo mayor, Mauricio, representante a la Cámara. En la pista los esperaba, Juan Carlos, el hijo menor del ex parlamentario.

"¡Mírelo ese es!", exclamó una mujer cuando Lizcano descendió con precaución, llegó un poco mareado, por la escalerilla del avión.

Entre tanto, curiosos seguían agolpándose en las ventanas de la cafetería del aeropuerto para tratar de ver al político que estuvo más tiempo en poder de las Farc. Fue secuestrado el 5 de agosto de 2000, en una vereda de Riosucio.

Cuando ingresó a recoger su equipaje, Lizcano no aguantó el llanto al recibir el abrazo de bienvenida de un amigo.

"Estoy muy feliz, conmovido, asustado", dijo después.

La caravana

En medio de la multitud y un enjambre de camarógrafos y periodistas, los policías que custodiaban a Lizcano abrieron paso y literalmente lo metieron en una camioneta para iniciar el convoy que lo conduciría a la Catedral de Manizales.

"Usted se comió lo que yo no pude", le dijo Lizcano, antes de subirse al carro, al joven alcalde de Riosucio, Jesús Alberto Carmona, quien debió forcejear para saludar a su coterráneo.

La caravana recorrió las avenidas Alberto Mendoza y Santander, donde pequeños grupos de personas saludaron a Lizcano con banderas blancas, de Colombia y de Riosucio.

Cuando el ex congresista llegó a la Plaza de Bolívar, Lizcano fue recibido con una salva de aplausos.

Después de superar el atrio del templo, que estaba repleto, el ex congresista vio los brazos abiertos de monseñor Fabio Betancur Tirado, arzobispo de Manizales. Lo abrazó y lloró largamente.

Como si el ex congresista estuviera entrando a un estadio de fútbol y no a la 'Casa de Dios', la gente aplaudía, gritaba vivas y buscaba el mejor sitio para verlo. No faltó el que se subió en las largas bancas del templo para divisarlo mejor.

Lizcano finalmente llegó a las primeras sillas, donde lo esperaban el gobernador de Caldas, Mario Aristizábal, el alcalde de Manizales, Juan Manuel Llano, y la senadora Adriana Gutiérrez.

Cincuenta minutos después de haber regresado a su tierra, Lizcano por fin se pudo sentar para escuchar la misa que tanto añoró en las selvas donde sino hubiera sido por uno de sus captores, aún estaría muriendo en vida.

FERNANDO UMAÑA MEJIA

CORRESPONSAL EL TIEMPO

MANIZALES

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