Foto: Ricardo Vejarano / EL TIEMPO
Con una multitudinaria asistencia habitantes y turistas en Riosucio (Caldas) le dieron el saludo oficial al Diablo, patrón del carnaval.
Es una fiesta con cachos y con cola, en la que niños, adolescentes, adultos, parejas, familias enteras visten rojos trajes a modo de diablo, que hace su aparición a las 8:00 y prende la rumba.
Poco antes de las 6:00 de la tarde, el sol se oculta tras el cerro Ingrumá y otras montañas que rodean a Riosucio. La penumbra marca el inicio a seis noches en las que el diablo arma la fiesta en este municipio caldense de 48.000 habitantes.
Centenares de personas con trajes de diablo empiezan a tomarse los parques de La Candelaria y San Sebastián, separados apenas por una cuadra.
A las 8:00 de la noche, una enorme figura de 5,5 metros de alto y más de 400 kilos, que semejaba un hombre y una bestia, de ojos encendidos y que arrojaba fuego por la boca, irrumpió en la calle.
Antes que inspirar terror, todos quieren una foto al lado de la siniestra figura y por eso, este diablo tiene su propia corte. Una cofradía satánica, integrada por 40 hombres todos vestidos de diablo, armados con tridentes, se encarga de proteger la bestia.
Osneider Mejía es uno de ellos. Dice que hace ocho años lo hace junto a un grupo de amigos de la 35 -en este carnaval todos los grupos tienen el nombre de combos o barras- y ya son una institución dentro del carnaval.
Riosucio surgió como parte de un asentamiento por parte de las comunidades Quiebralomo, constituida por mineros y mulatos, y La Montaña, de indígenas emberas. Como fecha de fundación se tiene el 7 de agosto de 1819.
La existencia de ambas comunidades dio origen a rivalidades. Cada una tenía su plaza y templo -San Sebastian y La Candelaria- separadas apenas por menos de 100 metros. Incluso un cerco llegó a dividir el pueblo.
Cuando se unifica el municipio, en 1846, se organizaron las fiestas y se pensó en un simbolo o figura que inspirara el debido respeto o temor para evitar enfrentamientos, dando origen a este diablo que recoge tradiciones de ambas culturas.
Por eso, el sacerdote Carlos Alberto Arango, aclara que en este Carnaval de Riosucio este diablo es una figura de integración y alegría, pues la mítica figura permitió superar las diferencias entre esas comunidades y dice que todo el municipio se integra alrededor de estas fiestas e incluso centenares de personas regresan a la localidad y participan del desfile de colonias.
Este año, siete mujeres vestidas en forma similar precedieron el desfile de carnaval. Sandra Pérez, dice que ellas siempre acompañaron a la cofradía satánica y esta vez decidieron participar con sus propios atuendos.
"Eso es mucha diabla, así cualquiera cae en tentación", "Es una diabla muy buena", fueron algunos de los comentarios de los presentes al verlas pasar.
Una república fiestera
Nelson López Vinasco y Alvaro Gartner Posada, gerente y canciller del Comité del Carnaval, explican que con motivo de las fiestas se crea una expecie de 'república' con presidente, ministros, canciller y otros cargos. Desde julio se expide un decreto mensual, que en forma irónica hace a alguna situación del municipio o el país.
La elaboración de la figura demoró tres meses y medio por parte de la empresa Celula Films, de Pereira. Con la dirección del cineasta Menhelberch Rendón; Jhon Quintero, como productor ejecutivo y Mario Escobar en la parte electromecánica, ocho artesanos se encargaron de realizar la compleja figura. El diseño y traslado y rearme en alguna bodega de Riosucio se mantiene cada dos años en absoluto secreto.
Para los seis días de desfile -la fiesta va entre el 2 y el 7 de enero de año impar- hay quienes reservan balcón, con precios que varían entre 220.000 y 360.000, según el piso. Para estar acorde con la fiesta, la moda es llevar cachos sintéticos luminosos que venden a 5.000 pesos y otros de menor precio en diversos materiales.
Niños como Sara Kalleward Mejía, Esteban Cataño y Juan Diego Quiñonez, de entre 2 y 6 años, recorrían uno de los parques con estos trajes. También una bebé, María Paz, de 7 meses, era paseada en coche, con sus respectivos cachos.
Además de la cerveza, el aguardiente y otros licores, es común el consumo de guarapo, a 800 pesos la botella o 35.000 galón.
Cada dos años con ocasión del Carnaval centenares de personas retornen al municipio para participar en el desfile de colonias, con nombres como Los Duendes del faro, Los Calambombos, Los Pavos, con llamativas indumentarias y sonoras murgas. Desde una semana antes es casi imposible conseguir alojamiento en hotel y toca acudir a viviendas familiares.
Seis dias de rumba
Recorrer menos de kilómetro y medio hasta llegar a la plaza de La Candelaria le tomó al diablo dos horas. Centenares de personas lo seguían y otros miles se apostaron a cada lado de las vías y en los balcones para no perder detalle.
Una vez instalado en la plaza, fue leido el respectivo bando y cada tanto se repetía el coro de /Salve, salve, placer de la vida./ Salve, salve sin par carnaval/ de Riosucio la tierra querida,/ eres timbre de gloria inmortal/.
También fue entonado otro coro al diablo. /Oh Diablo del carnaval, despierta y vuelve a la vida/ y con tu cola encendida/ ven mi mente a iluminar/
Pero lo que hizo este diablo fue 'prender' la fiesta y en una de las plazas el grupo argentino Los Llamanty fue la atración con su fusión de tango y rock. Varias veces intentó cerrar el espectáculo y los aplausos obligaron a seguir en tarima.
Toda la noche fue un pasar de diablas que eran una tentación y había algunas aferradas a sus parejas que más parecían vampiros.
En la plaza San Sebastián había lleno total y la orquesta Los Tupamaros mantuvo una rumba hasta el amanecer. A las cinco de la mañana, cuando se silenciaron los equipos, centenares de personas permanecieron en el parque, como resistiéndose a dejar la rumba.
Para este lunes está previsto el desfile de la confraternidad, por parte de las comunidades rurales y sus reinas, una cabalgata y la primera de tres corralejas y en la noche será el desfile de faroles, y otra vez, encuentro de diablos.
El miércoles será la quema y el desfile fúnebre en el que todos visten de negro, tristes por la partida de este festivo personaje, por el que tendrán que esperar dos años para prender el carnaval.
IVAN NOGUERA. Ivanog@eltiempo.com.co
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