Foto: Ricardo Vejarano / EL TIEMPO
Con todo y cachos fue quemado el Diablo del Carnaval de Riosucio debido a la inconformidad de los habitantes de este municipio.
Desde el mismo sábado 3 que desfiló dando inicio formal al Carnaval, se generó una polémica y, contrario a los últimos años que se ha guardado la imagen, esta vez fue quemado.
Sus ojos brillaban en la oscuridad y su pelaje gris y trompa le daba un aire entre gato, ratón o cuzumbo. Algunos lo consideraron muy feo y otros que no tenía relación con la tradicional imagen del Carnaval de Riosucio. Por la polémica, el diablo fue condenado a la hoguera.
"Que no vuelvan a presentar al pueblo un diablo tan desfigurado de lo que debe ser su imagen real: la exteriorización de un alma juguetona, india, pícara y no la de gato con alas", es el comentario que escribió Antonio, un habitante de Riosucio.
"Ese diablo es muy feo, ese asusta y no como otros, que es irónico", comentó otro habitante.
Este año, la imagen, de unos 5,5 metros de alto y 400 kilos de peso, fue realizada por una firma de Pereira. La idea era que tuviera forma de jaguar, retomando la mitología indígena, pero el resultado fue otro.
Álvaro Gartner, coordinador de comunicaciones del Carnaval de Riosucio -a los habitantes de este municipio caldense de 48.000 habitantes no les gusta que le llamen Carnaval del Diablo- reconoce que terminado el desfile inaugural, se originaron comentarios en contra y cierto malestar, por lo que la figura original fue quemada.
"Desde 1979, con la utilización de acrílico en la representación, se hace una imagen similar que se quema y se guarda la figura que desfiló, en particular la cabeza", dice.
En la Casa del Carnaval, una especie de museo de estas fiestas, reposan unas seis máscaras o rostros del diablo.
Por eso, el miércoles luego del desfile del Calabazo -una procesión fúnebre por la muerte de la imagen del Carnaval- ante la polémica, el diablo se fue a los infiernos y fue quemado con todo y cachos.
El carnaval se realiza cada dos años -año impar- en los primeros días de enero. Con ocasión de las fiestas, centenares de riosuceños residentes en otras ciudades o países retornan al municipio y se integran en un desfile de colonias, con murgas y disfraces.
El diseño y elaboración de la imagen del diablo es uno de los secretos mejor guardados. Su desfile es uno de los eventos centrales y recorre el municipio acompañado de una cofradía satánica -habitantes vestidos de diablo, armados con tridentes- que se encarga de proteger la 'bestia'.
El guarapo -a la usanza indígena- es la bebida tradicional y el último día, horas previas a la quema del diablo, se entierra el calabazo con guarapo.
Con la ceremonia de la quema del diablo, que esta vez se realizó el miércoles 7 a las 10:30 de la noche en la plaza de Candelaria -la plaza indígena- finalizan las fiestas. Esta vez no quedó ni un cacho del diablo para guardar en la Casa del Carnaval.
PEREIRA.
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