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Ejecafetero

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Durante tres horas, el estadio Hernán Ramírez Villegas vibró al ritmo de Reguetón

Primero fueron Zion y Lennox y luego Daddy Yankee quienes hasta la medianoche del viernes pusieron a bailar y menearse a la gente en tribunas y gramilla. La lluvia no enfrió el ánimo.

A las 9:15, cuando las luces se apagaron, hubo un breve silencio de expectativa y luego se escuchó un grito atronador cuando se anunció a Zión y Lennox. Cortos fuegos pirotécnicos precedieron su aparición.

Uno de larga cabellera y camiseta amarilla y Zion de chaqueta y ambos con cachuchas irrumpieron en la tarima y desde ese momento, hasta las 12:15 que acabó el concierto, fue solo un 'meneo' y no faltó el 'perreo'.

'Lo nuestro solo fue una aventura' cantaban y miles de gargantas seguían el coro.

Cuatro bailarinas de minúsculas faldas y altas botas blancas no paraban de bailar, impresionando con su energía para mantener el ritmo durante tantas canciones. Ese esfuerzo físico explica sus esculturales cuerpos.

Pero si eso era en tarima, en gramilla y tribunas era el mismo frenesí al son de "esa nena me interesa... ella es como una doncella... yo quiero tenerla".

'Sacude tus caderas yo quiero sentir que tu eres para mí" cantaban ellos y el 'perreo' y 'zandungeo' no paraba entre los miles de asistentes, muchos de ellos adultos que llevaron a sus hijos. Aún cuando estaba previsto el ingreso de menores desde los 6 años, no fueron muchos chiquitines los que se vieron pero sí de unos 12 a 14 y el resto jovencitas que se pegaban a sus parejas o no paraban de bailar entre ellas.

'Amor de pobre', 'Zun dada', 'El dueño de tu vida' pusieron la nota alta hasta las 10:30, que se despidieron.

Una breve pausa y una ligera lluvia puso de presente los altos precios en el lugar. Un trozo de plástico para protegerse, similar a una bolsa de basura, costaba 5.000 pesos, lo mismo una gaseosa y un perro. Un chuzo que afuera costaba 2.000 pesos acá no se vendía por menos de 7.000.

Luego llegó 'El jefe' como se conoce a Daddy Yankee, y es cuando se confirma cómo este puertoriqueño y sus compatriotas Zion y Lennox llevan el ritmo en la sangre.

Durante más de una hora que duró su espectáculo no se quitó su chaqueta negra ni la cachucha.

"Que Pereira se quede conmigo bailando, bailando, bailando" y al tiempo que cantaba iba bajando y en cada punto del estadio ellas le seguían el paso.

La lluvia arreció pero no enfrió el ánimo. Luego vinieron 'De la paz y la guera' y 'Llamada de emergencia', para cerrar con 'Rompe' y 'Gasolina', temas que le han dado gran reconocimiento.

Unos puestos adelante, una espectacular mulata no dejaba de moverse y su imagen quedó como recuerdo de esa noche.

Afuera, otra vez a la realidad. Muchos perdieron sus correas que señoras y menores se habían ofrecido a guardar a cambio de mil pesos. En otro punto, 'combos' de muchachos 'braviaron' a dos menores que procuraban entregar ordenadamente las que recibieron. Se apropiaron de las mejores y luego, riendo, las comparaban. Otro calvario fue el transporte de regreso. Los taxistas llegaban por parientes o patrones y la espera fue larga.

Por suerte, el espectáculo, el ritmo y el 'perreo' valieron la pena.

PEREIRA

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