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En San Antonio del Chamí, en Mistrató (Risaralda), el 70 por ciento de los niños tienen desnutrición

"De los 430 nacimientos anuales, el 70 por ciento presenta desnutrición aguda y el 10 por ciento se muere", dijo Javier Valencia, alcalde de Mistrató, al hablar de los problemas más graves.

El corregimiento, que según el Dane tiene 3.200 habitantes -de los cuales 3.000 viven en el área rural-, está ubicado a 1.500 metros sobre el nivel del mar y se encuentra a media hora del casco urbano de Mistrató y a dos horas en carro desde Pereira. 

Hace dos años terminó allí la presencia de dos décadas del frente Aurelio Rodríguez de las Farc, pero los principales problemas de sus habitantes son el mal el estado de la vías y la desnutrición.

El pasado viernes 4 de julio, con la visita de varios diputados risaraldenses se adelantó una jornada de salud, que rota cada mes en cuatro veredas del municipio.

Según Yilian Milena Carvajal González, gerenta del hospital de Mistrató, ese día se esperaban cerca de 150 consultas y 500 pacientes, atendidos por diez personas, entre ellos un médico, un odontólogo, una psicóloga, una higienista, auxiliares de enfermería y odontología.

"Las patologías que componen el perfil de morbilidad de la población son la parasitosis, enfermedades respiratorias agudas, leishmaniosis, malaria, tuberculosis, gastritis y piodermias", agregó Carvajal.

Diagonal a una de las esquinas del único parque de la vereda está ubicado el puesto de salud, que no mide más de media cuadra.

La entrada estaba obstruida por varias personas que no alcanzaron a sentarse en las bancas de la sala principal para esperar su consulta. Allí casi todos eran indígenas Emberá Chamí, la mayor parte eran mujeres, que iban con tres o cinco niños para recibir la atención médica.

Atención a niños y ancianos

Uno de los que esperaba en la entrada era José María Paijó, de unos 70 años, quien había viajado desde la noche anterior al casco urbano para que le recetaran una medicina para su dolor en el codo y todo el antebrazo derecho, porque ya no podía utilizar el machete. Además buscaba que le operaran una catarata en su ojo derecho.

El salón está rodeado por un consultorio médico y otro odontológico, una farmacia y dos baños. En la esquina derecha, diagonal a la entrada, aparece un corredor en el que se entra a tres salas de hospitalización.

Al final del pasillo se accede al patio donde a partir de las 9:00 a.m. hasta la 1:30 p.m. entraron cada 15 minutos grupos de 7 niños a la jornada de limpieza dental.

La encargada de atender a los menores, la higienista Marlovy Londoño Vanegas, además de enseñarles el cepillado evaluó la presencia de caries, sarro y placa en la dentadura de los menores.

Una de las niñas fue Yenny Saraidine Maigra, de 7 años, quien a pesar de no tener ninguna enfermedad bucal, aprendió por primera vez la forma de cepillar sus dientes.

Por una de las ventanas que comunica con el patio, su abuela Brus Helene Niaza, -a la que le faltaban dos incisivos superiores y el canino inferior derecho-, preguntaba inútilmente "si para los adultos también había cepillos y flúor".

Daniel Suárez Pérez

Mistrató (Risaralda)

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