Cerrar

Patrocinado por:

En La Churria, el 'Cartucho' pereirano, la droga es pasaporte cotidiano a la locura

Cerca del Terminal de Transporte de Pereira, entre elegantes barrios y algunos centros comerciales, hay un sector frío, oscuro y sucio que muchos ignoran, pocos lo visitan y otros cuantos viven en él.

En Pereira son muchos los sectores catalogados como 'ollas', y a pesar de ser anunciada como la ciudad comercial por excelencia, también existen muchos lugares donde se expenden drogas ilícitamente.

Algunos barrios de la ciudad envuelven en ellos sectores que asustan y alejan a muchos. Estos lugares son conocidos como los territorios del miedo, desconocidos e incomprendidos por la sociedad; estos territorios existen en todos los lugares del mundo y su pan de cada día es la droga.

Algunos sectores de los barrios La Carrilera, Las Mercedes, Nacederos, El Plumón, Kennedy, La Isla, El Dorado y otros son algunos de los territorios donde algunos temerosos de la ciudad no irían.

El piso es un lodazal con algunas guaduas, basuras y desagües; sus habitantes no tienen techo, viven bajo la sombra que brindan algunos árboles y 'cambuches' improvisados con plástico sostenidos de cualquier cosa; ventanales no necesitan, viven al aire libre.

Se trata de La Churria, la 'olla' más grande y temida de Risaralda, abandonada, olvidada y detenida en el tiempo ante el crecimiento de la Pereira comercial.

Queda en medio de la profundidad que encierran los prestigiosos barrios Álamos y Pinares, y para llegar al epicentro de la locomoción, hay que ingresar al sector de La Dulcera, uno no tan prestigioso.

A lo lejos, se divisan algunos escalones grandes que avisan la llegada al olvidado lugar. Es una noche lluviosa característica de Pereira y en el aire se mezclan olores de distintas sustancias psicoactivas como alcohol metílico, cigarrillo y marihuana, sólo por nombrar algunos.

Un centro comercial informal

La Churria además de alojar a las personas que viven en la calle, es también un centro comercial informal, sombrío e infortunado comparado con los otros tantos que se edifican a diario en el núcleo risaraldense.

Llegando a La Churria se asoma el primer local comercial, atendido por el administrador y dueño de la licorera, un hombre viejo ya dormido por la borrachera, donde ofrece 'combos' baratos que reúnen una copa de alcohol metílico, un cigarrillo piel roja o uno de marihuana más dos fósforos, por la módica suma de 300 pesos.

Enseguida del pequeño estanquillo hay dos tiendas y dos 'cambuches' improvisados, cada uno al frente del otro. En las tiendas venden diferentes productos de la canasta familiar, a bajos costos, y enseguida de ellas, en cada cambuche, cerca de 15 personas reposan, algunos dormidos por el trajín del día y otras intentando conciliar el sueño en el suelo que los acoge.

Algunos han conseguido como recicladores las comodidades que poseen, otros en cambio no son tan afortunados. "Colchones, sábanas, colchonetas o cobijas que la gente tira a la calle dizque por viejas, nosotros las recogemos", comenta 'El Guajiro', uno de los habitantes de La Churria que vivió en el Cartucho de Bogotá.

'El Guajiro' trabajó como vendedor de un periódico local, sin embargo, un día recayó y volvió a las drogas. Desde entonces vive en La Churria y es reciclador. 

Este casi 'centro comercial' también posee un mall de comidas. El menú principal que ofrecía el restaurante aquella noche era un "delicioso 'arroz a la valenciana' con avena por 800 pesos, pueden adicionar carne, plátanos y si negociamos puedo dejarle el plato ¡más barato!", exclamó 'El Chef', asegurando que la comida llega a su restaurante "vía satélite o gracias a la ayuda internacional". Alrededor sonaron risas y carcajadas al unísono.  

Además de la licorera, las tiendas, los cambuches y el restaurante en La Churria hay espacios para la diversión. 'El Casino', lugar exclusivo para ellos, donde juegan con dados, cartas, cartones o con lo que se ingenien, lo importante es jugar. Las ambiciosas apuestas van desde 100 a 5.000 pesos, es decir la posible ganancia del día. Incluso hay una zona especial para aquellos que quieran fumar algo más que tabaco, por respeto a aquellos que no lo hacen.

Los habitantes de La Churria y, en general, quienes viven en la calle, se debaten a diario entre la fantasía y la realidad, muchos de los argumentos que utilizan son: "todos somos concientes de la situación que vivimos; estamos muy grandes y ya no tenemos solución; los que vivimos así, sabemos lo que está bien y lo que no; nos hacemos daño a nosotros, a nadie más; vivimos en este hueco para que la ciudad no se vea fea y no le damos mal ejemplo a nadie", puntualiza 'El Pecueco'.

La ciudadanía conoce el sector como una zona deprimida, peligrosa, pero no se alcanza a imaginar las atareadas ocupaciones que se viven allí y desconocen totalmente las necesidades de los mismos.

Así, muchos llegan al terminal de Pereira en busca de parientes, amigos, diversión y entretenimiento en los centros comerciales más grandes y lujosos del Eje Cafetero; mientras tanto, allí abajo, en el subsuelo, hay seres humanos que se elevan y se transportan para salirse de la realidad, sin necesidad de subirse en algún medio de transporte. Sólo la droga es su compañera diaria y su pasaporte a la locura...

Desalojo y demolición de un cambuche

El pasado 6 de mayo la Policía Nacional desalojó y demolió un inmueble en el sector de La Churria, sobre el cual se adelanta proceso de extinción de dominio. Las autoridades aseguran que la residencia se utilizaba para la venta, almacenamiento y consumo de sustancias estupefacientes como marihuana, bazuco y heroína.

En la operación se realizaron varias capturas en las que se cuentan no sólo la de los responsables de la venta, sino también de algunas personas consumidoras de drogas, incluso menores de edad implicados.

"Esta es la materialización de un trabajo policial para contrarrestar el accionar del narcotráfico en las ciudades capitales como Pereira, donde el problema de expendios ilícitos ataca a la sociedad", aseguró el comandante del Departamento de Policía Risaralda, coronel José Antonio Poveda Montes.

Muchos de los habitantes de la calle creen que poco a poco el lugar que los recibe a diario será producto de la remodelación que vive la ciudad, se extinguirá en el tiempo, será demolido como tantos otros 'territorios del miedo' que fueron erradicados de la ciudad para no estropear su belleza.

Mayra Alejandra Daza B. 

PEREIRA

Anuncios Google

Publicidad

Zona Comercial

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.

GDA Miembro de GDA. Grupo de Diarios América

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.