Óscar Lopera, un ermitaño que es atractivo turístico
Por: REDACCIÓN ARMENIA |
En el río La Vieja, entre Puerto Samaria y Puerto Alejandría, en Quindío, habita el hombre.
Solo el ruido de las aguas del río La Vieja, producido por las balsas de guadua cuando se acerca con turistas, interrumpe la tranquilidad en la que vive, desde hace 20 años, Óscar Lopera López. En una parcela de terreno entre este afluente y el río Roble, en área rural de Quimbaya (Quindío), habita el introvertido hombre al que llaman 'El ermitaño del río La Vieja'.
Miles de turistas recorren 15 kilómetros por el río La Vieja, entre Puerto Samaria en Montenegro (Quindío) y Puerto Alejandría, en Quimbaya, en un tour de balsaje que incluye la historia del ermitaño de 85 años, que para muchos se ha convertido en un mito, y por eso hacen una parada en el sitio El Pescador, para conocer la cotidianidad del solitario hombre.
Lejos de la civilización, en un rancho hecho de plástico y con algunas guaduas, Lopera, nacido en La Dorada (Caldas), pasa sus días en la soledad del bosque y al lado de las tranquilas aguas del río.
Su vida aislada comenzó cuando llegó a la región en busca de oro. Las noches en la ribera del río lo enamoraron tanto que no quiso regresar a la civilización. Según él, "el sistema económico" y un desamor afianzaron su decisión de no vivir en comunidad.
"Aquí no tengo que pagar nada y nunca he tenido que aguantar hambre, la gente viene porque le han contado mi historia y me tratan muy bien, soy como una leyenda", cuenta el ermitaño.
Entre risas, Lopera relata que la gente cree que vive a punta de mojojoys (gusanos) y lombrices, pero 'el ermitaño del río La Vieja' se alimenta de las frutas que recoge en el bosque, víveres que llevan los turistas, y algunos productos que le regalan en una finca cercana.
Uno de sus objetos más preciados es una nevera que le obsequió el dueño de la hacienda La Española, donde se encuentra la parcela de tierra que ocupó sin permiso, desde que llegó a la región, allí guarda las decenas de cucharas y platos que colecciona como una prueba de la cantidad de visitas que recibe.
Germán Rocha, un turista que pasó sus vacaciones en el Quindío, comentó que el ermitaño es un atractivo de la ruta de balsaje, "cuando nos ofrecieron las dos rutas de balsaje, nos comentaron que una era muy emocionante y que la otra, aunque era más tranquila, incluía la historia de un ermitaño y que hasta podíamos hacer una parada y acercarnos a su casa; no dudamos en escoger la última", dijo.
Laura Sepúlveda Hincapié
Para EL TIEMPO
ARMENIA
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