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25 años después, la joya de Carlos Lehder está en ruinas

Por: REDACCIÓN JUSTICIA | 10:17 p.m. | 03 de Febrero del 2012

Casa Carlos Ledher

Así luce el hotel que Carlos Ledher construyó con 400 millones de pesos, en 1982.

Foto: Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

EL TIEMPO recorrió lo que queda del emporio del socio de Pablo Escobar.

No había un sitio más distinguido y más de moda en los años 80 que La Posada Alemana. Carlos Enrique Lehder Rivas, el capo del narcotráfico de la época y socio de Pablo Escobar, quien hoy cumple 25 años de haber sido capturado y extraditado a Estados Unidos, construyó el lujoso centro campestre en Salento (Quindío), en la vía que comunica a Armenia con Pereira.

Su admiración por John Lennon, integrante de Los Beatles, lo llevó a hacerle un culto a través del hotel que levantó en 1982, con 400 millones de pesos de la época.

Cabañas tipo suizo, una cava de vinos exclusiva, una jaula gigantesca con tres cóndores y otra con una pareja de leones hacían parte de la exótica propiedad que se convirtió en uno de los íconos del narcotráfico.

Sin embargo, tras la captura de Lehder, el hotel quedó deshabitado por unos meses. Tiempo después su familia retomó las riendas e intentó recuperarlo, pero en 1998 pasó a proceso de extinción de dominio.

Hoy, los opulentos salones, la discoteca que estaba tapizada de pared a pared con las fotos de Lennon y las costosas losas de los baños son solo un recuerdo de La Posada.

Carlos Lehder, enamorado de las canciones de Lennon, compró una colección de libros sobre Los Beatles, escogió sus fotos favoritas y mandó a hacer pinturas inmensas en Londres. Esas eran las que se veían en la discoteca y el bar. Solo se salvó una que está en manos de su familia; las otras fueron saqueadas.

Los familiares de Lehder aseguran que uno de los secuestres que tuvo a cargo La Posada la desmanteló. Se llevaron todo: desde los tapetes hasta los ladrillos que comunican la administración con las cabañas.

Y en 1999, el terremoto que sacudió al Eje Cafetero dejó en el piso la entrada principal. No tiene ni agua ni luz y en la jaula de los cóndores hay dos gallinas de la pareja que cuida la propiedad.

"El gobierno debió haber aprovechado esa propiedad, no haberla dejado perder, o por lo menos llevar allí a mucha gente que quedó en la calle luego del terremoto", dijo uno de los familiares del confeso narcotraficante.

La Posada Alemana solo es un recuerdo más de los años dorados de la mafia que recuerdan la tragedia vivida por miles de colombianos a causa de la narcoguerra.

REDACCIÓN JUSTICIA
justicia@eltiempo.com

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