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Testigos de aparición de la Virgen hace 20 años se encuentran

Por: ANDRÉS ROJAS Y OLGA MORALES B. | 6:47 p.m. | 12 de Mayo del 2011

Virgen

Luz Elena se prepara para escribir los mensajes que ha recibido de la Virgen y publicar un libro.

Foto: Archivo particular

El milagroso hecho cambió la vida de dos personas. EL TIEMPO los reunió para que se conocieran.

Veinte años después de que la vida de dos personas cambió drásticamente, luego de presenciar la aparición de la Virgen María, en el departamento de Risaralda, EL TIEMPO los reunió para que se conocieran.

Son las diez de la mañana y dentro de la Catedral Primada de Bogotá el padre Astolfo Moreno espera con paciencia la llegada de Luz Elena Valencia, la mujer a la que vio alcanzar el éxtasis con la aparición, hace 20 años, de la Virgen María, frente a miles de peregrinos, en El Jordán (Pereira).

Astolfo tenía 16 años entonces, cursaba segundo semestre de Ingeniería Industrial en la Universidad de Los Andes y viajó con su familia a Pereira, pues un amigo les había contado de las apariciones de la Virgen de Medjugorje (Bosnia-Herzegovina).

Esta historia comenzó el 31 de octubre de 1990, cuando Luz Elena Valencia, de 16 años, perdió el bus del colegio de la Policía, que la llevaría a estudiar desde Dos Quebradas a Pereira. Salió afanada, se subió a una buseta, se sentó en el lado de la ventana y junto a ella se hizo una mujer que olía a rosas. "Me preguntó la hora. Yo le dije: 'Las 6 y 5. ¿Por qué... va retrasada?' Y me contestó: 'La retrasada eres tú, que por perezosa hiciste que el bus del colegio te dejara' ". Luz Elena quedó sorprendida de las cosas que sabía la mujer. "Se me salieron dos lágrimas y ella me preguntó: '¿Estás nerviosa?'. Entonces, con el dedo gordo, me limpió un ojo y con el meñique el otro y me dijo: 'Bobita' y me tranquilicé".

La mujer le pidió a Luz Elena que rezara todos los días el Rosario para salvar a la humanidad de sus pecados y le anunció que al llegar al colegio iba a saber quién era ella. Y se bajó del bus.

Luz Elena entró al colegio buscando en su cabeza alguna respuesta a ese extraño encuentro. Cruzó la puerta y se halló frente a la gruta de la Virgen, cuyo rostro era igual al de la mujer con la que había hablado. Sus piernas se doblaron. Ella era una católica como tantos y sólo se le ocurrió rezar un Ave María. De vuelta a su casa, compartió esa experiencia con su mamá, quien, sorprendida, visitó a una vecina para que les enseñara a rezar el Rosario, como lo había ordenado la Virgen 'en persona'.

Una de esas noches, mientras rezaba con toda su familia, Luz Elena notó una brillante luz azul en el patio de su casa. Sin embargo, era la única que la veía. Toda la familia salió detrás de la adolescente, que afirmaba que estaba viendo a la Virgen.

Como nadie más la podía ver, Luz Elena tomó la mano de su mamá para que ella misma tocara el manto de la Virgen. "Mi mamá dice que sintió una energía estática como cuando se pasa la mano por encima de un televisor recién apagado", afirma.

Desde esa noche, los Rosarios se empezaron a rezar en la gruta de su casa donde, de manera improvisada, levantaron un altar lleno de rosas. Una noche, en medio de la oración, la hermana menor de Luz Elena, Glenis, vio un resplandor en los ojos de su hermana: cuando la observó, vio el reflejo de la Virgen en la pupila de Luz Elena.

Este fenómeno sin explicación obligó a la adolescente a retirarse del colegio y quedarse en casa para dedicarle más tiempo a estar al lado de la gruta, pues el rumor corrió como pólvora entre los vecinos y mientras Luz Elena estuviera en casa, llegaba una romería para ver la imagen a través de sus ojos.

Un mundo de apariciones

En marzo de 1991, la Virgen le dijo a Luz Elena que buscara por en Risaralda un terreno para hacer un jardín. Al segundo día encontró un lugar enclavado en las montañas cafeteras, al lado de un bosque de guaduales, con un hilito de agua que corría. "De repente, empezó a oler a rosas y escuché a la Virgen que me dijo: 'Hijitos míos, al fin me habéis encontrado'. Y vi un ángel alto, rubio, de ojos claros, alas grandes y largas con un escudo en su mano izquierda".

El lugar se llenó de pájaros y mariposas. Luz Elena, extasiada, comenzó a andar hacia atrás y descalza. Tres veces cayó de rodillas, haciendo un triángulo de lados iguales, donde hoy está el jardín.

Luego de hablar con el dueño del lugar, que cedió en comodato el terreno por 100 años, la gente empezó a escuchar de las apariciones en la vereda El Jordán. Feligreses aseguran que la Virgen habló a través de Luz Elena con voz melodiosa. Otras veces, escribió mensajes y así lo testifican apartes del libro Soy la llave espiritual de la fe, aparición y mensaje.

Ese mismo año, Astolfo Moreno fue invitado a ver el fenómeno. Su familia pasaba duros momentos y un día partieron en bus, desde Bogotá, en peregrinación hacia Pereira. Cuando llegaron, había miles de personas esperando. En ese entonces sólo había un jardín pequeño y el resto del lugar era monte. Él cuenta que ese día la Virgen dio a cientos de peregrinos un mensaje a través de Luz Elena.

El asombro fue total cuando se dieron cuenta de que el Sol saltaba en el firmamento. Para Astolfo fue el llamado divino. "Fue una manifestación hermosa de que Dios existe", afirma el hoy sacerdote.

Quienes estaban con Luz Elena pidieron silencio. Había una estatua de la Virgen, rosas y astas de cuatro metros de alto, con las banderas de los países donde se dice que ha aparecido María. La de la mitad era la bandera blanca y azul de la Virgen. De repente, todas dejaron de ondear, excepto esa. El insoportable calor dio paso a una agradable temperatura. Testigos hablan de una 'serenidad singular'. Muchos lo describen como un momento celestial. Del cielo empezó a caer algo semejante a la escarcha, mientras el Sol bailaba de un lado al otro. Las palabras de la Virgen se escucharon a través de Luz Elena, quien entró en éxtasis profundo, su voz normal se convirtió en una voz angelical: la Virgen daba su mensaje.

"Pidieron que no grabáramos el mensaje de la Virgen. Mi tío llevaba una filmadora de betamax e hizo caso omiso y grabó. La sorpresa fue cuando, al llegar a Bogotá, pusimos la cinta y sólo se veían las imágenes del paisaje y del jardín, pero lo que la Virgen habló quedó sin audio", relata Astolfo.

Tan pronto se graduó de la Facultad de Ingeniería, en él se desató una 'sed de búsqueda'. "Mis dudas se disiparon por completo. Decidí, cuando iba por la mitad de la carrera que quería ser sacerdote; pero terminé para no dar pasos precipitadamente. Fueron tiempos difíciles; yo ya quería ir al seminario de una vez. Por fin, lo logré y es la vida que tengo. No es solo enamorarse de alguien y tener sensaciones y afectos, sino esa idea de que la vida no es fortuita, Dios tiene un plan. Eso se manifestó en esta experiencia. Dios fue organizando mi vida", dice.

Veinte años después

Veinte años después de la aparición, EL TIEMPO propició el encuentro del padre Astolfo -sus dos metros de estatura hacen que cualquiera se vea pequeño a su lado- y Luz Elena, una mujer menuda, con un rosario colgado en su cuello y una enorme sonrisa. Se saludan con un abrazo tímido (el padre Astolfo se agacha). "Me decían que era alto, Padre, pero nunca me imaginé que tanto", dice Luz Elena.

Han pasado 20 años. Un común denominador los sigue uniendo: el deseo de dar a conocer la palabra de Dios. Luz Elena cuenta que luego de recibir a peregrinos en su casa, de adelantar las obras del Jordán y de seguir viendo a la Virgen María, a los 18 años ingresó al Convento Hermanas Menores de San Francisco, en Dos Quebradas.

Diecinueve meses después sintió que quería una vida en la que pudiera comunicar el mensaje que la Virgen dejó en ella. Se retiró del convento y volvió al lado de su familia. Los años pasaron, se enamoró y contrajo matrimonio. Hoy, con su esposo, tienen tres hijas. Sigue siendo una devota de la Virgen, que se continúa apareciendo en su casa, cerca del aeropuerto de Bogotá. A veces, cuando duerme, siente su llamado: le pide que recen juntas el Rosario, asegura.

Al menos cuatro veces por año, es invitada a dar charlas en diferentes ciudades, lo que la obliga a no trabajar. "Mis días y noches son para la Virgen. Siempre estoy lista cuando me llama y tanto mis tres hijas como mi esposo lo entienden: son testigos de la llegada de varios ángeles a mi casa y han podido ver a la Virgen en mis pupilas".

El padre Astolfo habla de sus estudios sacerdotales en España y su proceso hasta llegar a ser, hoy, el Párroco de la Catedral Primada.

Juntos recuerdan esos instantes milagrosos en que cayó escarcha y el Sol danzó.

ANDRÉS ROJAS Y OLGA MORALES B.
Especial para EL TIEMPO

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