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Anapoima, paraíso que sufre por agua potable

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Anapoima, paraíso con mucha sed

Ante la falta de un acueducto eficiente, los carrotanques se han vuelto un negocio rentable.

El agua llega dos días a la semana. En el resto, el servicio lo prestan carrotanques.

Es mediodía en Anapoima. La temperatura es ideal para descansar bajo la sombra de los árboles. Al otro lado del parque, se escuchan las risas de los niños mientras juegan en las piscinas.

Este municipio, considerado uno de los principales destinos de Cundinamarca, parece un paraíso turístico, pero tiene un problema: sufre por agua potable hace 40 años.

"Anteriormente se abastecía del río Bogotá, pero debido a su contaminación construyeron un acueducto que es insuficiente para atender la demanda actual", anotó Álvaro Cruz, gobernador del departamento.

Sin embargo, el verdadero drama se vive en época de vacaciones. La población se triplica, alcanza casi las 60 mil personas, y la escasez es evidente.

Sus habitantes han tenido que acostumbrarse a recibir agua dos veces a la semana por los grifos. El resto de días utilizan la que han podido almacenar en tanques subterráneos o elevados y que después de ocho días se ensucia y se llena de larvas.

"Muchas veces nos morimos del asco, no podemos bañarnos ni mucho menos cocinar con ella", dijo Raquel González, habitante del barrio Asopovín, uno de los más afectados.

En sectores ubicados sobre las montañas, la situación es más crítica. El líquido no tiene la presión suficiente para subir ni siquiera hasta los lavamanos. En estos casos deben pedir el agua a la empresa Aguas del Tequendama o pagar por el servicio a un particular. El viaje del carrotanque les puede costar 60 mil o 70 mil pesos.

Debido a este problema, Daniel González, vendedor de tintos y jugos en el parque principal, optó por construir una especie de  jacuzzi  en el patio de su casa para aprovechar al máximo el agua. "Con mucho esfuerzo lo logré; ahí me baño y la reutilizó en los sanitarios", asegura.

Por su parte, Alfonso Villalobos, personero municipal, dijo que el problema es que la tubería es vieja y está sobre un terreno inestable. "Desde que vivo aquí, siempre ha existido este racionamiento y no se ve el progreso". Pero el alcalde, Hugo Alexander Bermúdez, no cree que la responsabilidad sea del municipio. "El Distrito (Bogotá) jamás se ha puesto la mano en el corazón. Hay desidia política frente a la recuperación del río Bogotá o para buscar una solución definitiva", expresó.

El gerente de Aguas del Tequendama, Agustín Cortés, reconoce que el acueducto es débil y que el agua que suministra la empresa es insuficiente para atender el municipio. "Se necesitan 52 litros por segundo para superar de raíz la crisis", asegura.

Anapoima se abastece de dos fuentes hídricas: una es la quebrada La Honda, en Tena, y la otra, un embalse que construyó el proyecto privado Mesa de Yeguas.

Del primero se captan 23 litros por segundo, pero en el recorrido entre Tena y La Mesa se pierden 15 litros por segundo, porque decenas de fincas han 'chuzado' la tubería (de PVC) para extraer, de forma ilegal, el agua. De esta manera, a la población llegan sólo 8 litros por segundo.

Por otro lado, el sistema de Mesa de Yeguas provee al municipio de 15 litros por segundo. Aunque entre los dos sistemas suman 38 litros, Anapoima apenas recibe 23, que no son suficientes para cubrir toda la demanda. Según Aguas del Tequendama, la solución definitiva se previó desde hace 10 años y consistía en llevar agua desde Bogotá. El contrato fue adjudicado en el 2006 y el 2007 por el gobernador Pablo Ardila y la red debía estar operando a partir del 2009. Sin embargo, hoy no funciona.

Germán Rodríguez, subgerente de Empresas Públicas de Cundinamarca, explicó que los contratistas incumplieron. "Se venció el plazo y ahora ellos tienen que probar la tubería y entregarla funcionando".

Mientras se resuelve el asunto, los habitantes del turístico municipio de Anapoima tendrán que seguir utilizando el agua de sus tanques y añorando que algún día, cuando abran los grifos, esta brote a borbotones.

KATYA CHAMIÉ
Redactora EL TIEMPO

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