Foto: David Osorio/EL TIEMPO
A pesar de todas las dificultades, la marcha indígena arribó esta semana a Bogotá, donde espera obtener respuesta de la Presidencia de la República.
En una vistosa y colorida caravana, llena de chivas de pueblo, buses y camiones, los cerca de 10 mil indígenas que atraviesan el país, colmaron el Coliseo León XIII y sus alrededores.
La guardia indígena lo controlaba todo desde la tarde del martes ante la mirada incauta de los vecinos del municipio que no entendían del todo la presencia de los forasteros. La Policía custodiaba desde las afueras del coliseo y para entrar al predio era necesario el visto bueno del coordinador de la guardia luego de ser sometido a una exigente requisa.
Ya adentro, el panorama era distinto. En el interior del coliseo, un centenar de carpas se armaron en la cancha de baloncesto, y en uno de los camerinos del escenario se improvisó un puesto de salud que unió los saberes de la medicina occidental con el de la tradicional indígena. Fue un encuentro de dos mundos.
De un momento a otro Nubia, una joven adolescente de 14 años cayó desmayada mientras batía el caldo de la mañana en su campamento. "Es un dolor bajito", decía su madre preocupada, mientras los hombres recios de su comunidad la llevaban presurosos al puesto de salud.
Un tegua indígena tomó por la cintura a la muchacha y la recostó sobre un colchón. Un 'médico occidental' se veía pensativo contemplando en silencio la escena con su fonendoscopio terciado al cuello.
El indígena remitió a la paciente a donde Luz Ángela Trochas, una homeópata que a punta de plantas cura los males. Nubia había sido víctima de un fuerte cólico menstrual. "Ya es mujercita", se anticipó a decir una de las enfermeras.
"Aquí se respetan los conceptos y se llegan a acuerdos en los diagnósticos. Llevo seis años trabajando con médicos indígenas", reconoció Rafael Dueñas, profesional de la Universidad del Cauca.
A las ocho de la mañana el carrotanque plateado y verde C- 87 de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) se parqueó muy cerca del coliseo. Veinte chorros de agua se encendieron para dicha de la comunidad indígena que hacía dos días no lavaban sus rostros.
Las madres aprovecharon para llenar baldes, ollas y otros recipientes, mientras sus hijos menores, 'coca' en mano, dejaban caer el líquido sobre sus diminutos cuerpos.
"Está rica el agua. Ya era necesario un bañito", contó Lorenzo, mientras restregaba en el aire unos pantaloncillos. Desde el planchón de una camioneta Mazda de doble cabina, Aida Quilqué y Feliciano Valencia, líderes del Consejo Regional Indígena del Cauca impartían órdenes y gritaban arengas a favor de la minga.
Valencia le confirmó a 'Cundinamarca 7 días' que el jueves a las 7 de la mañana, se reunirá con el presidente Álvaro Uribe para tratar entre otros, las repercusiones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos sobre la economía de sus pueblos y la puesta en marcha de la declaración universal de los derechos de los pueblos indígenas.
El hombre, un sujeto bajito, de cabello negro que le llega a la espalda y un bigote que le baja hasta la comisura de los labios siempre se encuentra acompañado por tres miembros de la guardia indígena que no permite que extraños se le acerquen a su jefe, más aún desde que dos hombres armados llegaron muy cerca del campamento.
Al ser interrogado por supuestas amenazas de los grupos denominados 'Colombianos dignos para salvar la patria' y 'Campesinos embejucados', Valencia afirmó que "todo se trata de una confabulación de narcotraficantes, terratenientes y paramilitares, que buscan entorpecer nuestro proceso".
Este fin de semana, la minga se reunirá con ONG internacionales, con quienes discutirán temas de etnia.