Foto: Manuel Pedraza-EL TIEMPO
En el chelo, Andrés Díaz; en el piano, Stephen Prutsnan, en el concierto del barrio Las Palmeras en el marco del Festival de Música Clásica.
Desde ayer en barrios populares de Cartagena se ofrecen conciertos gratuitos de música clásica.
Se trata de un nuevo capítulo de una especie de conquista musical en las barriadas de Cartagena. La llegada, por segundo año consecutivo, del Festival de Música Clásica a la cuna de los ídolos de la champeta, el ritmo afrocaribeño que es como una religión entre las comunidades populosas de la ciudad.
Ayer fue el primero, en el barrio Las Palmeras, de tres conciertos gratuitos que sedarán durante esta semana y en el que se presentan artistas internacionales que hacen parte del cartel del evento.
La tarea de esta conquista empieza a dar sus frutos. Y, con ello, se demuestra que no sólo de champeta viven en la otra Cartagena.
Fleider Arévalo, de 11 años, un nativo de la ciénaga de La Virgen, en cuyas orillas creció uno de los cordones de pobreza más grandes del Caribe colombiano, baila y canta champeta. Sin embargo, hace dos años se enamoró de un género que ahora, dice, le corre como la sangre por sus venas: la música clásica.
Ayer Fleider fue uno de los invitados al concierto en el Centro Cultural Las Palmeras. Se sentó en las primeras filas a ver y escuchar a los maestros y quedó maravillado. Movía su cabeza una y otra vez, como valorando con sus gestos el armonioso sonido del piano, el clarinete, el violín y el cello.
Sin titubear, dice que ahora, si le ponen a escoger, preferiría un concierto de música clásica a uno de champeta. "El sonido de la música clásica me aliviana, es más ordenado y tranquilo", dijo.
El popular empresario y padrino de varios ídolos de la champeta, José Quessep, dijo que no duda que la gente, en sus barrios, se emociona con estos conciertos cl¿sicos. Pero advierte: "No es lo mismo, mi hermano, si llevan a un man de África o cualquiera de esos manes que tocan nuestro ritmo: ¡con ellos la gente se enloquece!".
Llegar con un ritmo más espiritual y calmado a la cuna de los Sayayín ('ya le cogí el maní a mi suegra'...) y de los Álvaro 'El Bárbaro' ('El Pato') no deja sorprender.
Andrés Díaz, cellista chileno, quien estuvo ayer en el concierto, dijo: "Es admirable la reacción en estos barrios por la música clásica, teniendo en cuenta que están acostumbrados a escuchar ritmos africanos y caribeños".
Para corroborar la impresión del artista chileno, ayer el clarinetista español, José Franch-Ballester, solicitó a cuatro niños voluntarios subir en la tarima para tocar las palmas. Pero se llevó una enorme sorpresa cuando vio que no sólo fueron cuatro, sino 15 los niños que, emocionados, subieron para participar en un ejercicio de armonía musical con el clarinete.
"Realmente el público de Cartagena se entrega totalmente, sentimos que aprecian con mucha alegría lo que hacemos", afirmó.
Sandra Meluk, directora de la Fundación Salvi, encargada de organizar el Festival, dijo: "Queremos demostrar que la música clásica es una oportunidad de vida y que pueden tomarlo como una opción profesional".
Quessep remata con una impresión bien caribeña: "Para ese poco de 'pelaos' escuchar un violín o un violonchelo o cualquiera de esos instrumentos, también es una vaina 'bacana' (agradable)".
CARTAGENA
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