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La mujer que sobrevivió al paso de las Farc, el Eln y los 'paras'

Por: |

Nélida Ayala

Nélida Ayala es punto de referencia para las víctimas en el sur de Bolívar.

Todo empezó en octubre de 1985 cuando a su compañero sentimental lo mató un comando del Eln.

Desde que mataron a su primer esposo, Nélida Ayala empezó a pensar que algo podía pasarle, que la violencia también podía arrasar con ella, pero nunca se marchó de El Rosario, la vereda de San Pablo (sur de Bolívar) donde ha vivido toda la vida.

Tiene 57 años. Es una mujer delgada, bajita, que dice “quedar casi ciega” si se quita las gafas. Se ve frágil, pero su testimonio de vida se ha convertido en un punto de referencia para las víctimas de la región que, como ella, decidieron no sucumbir ante los golpes de la guerra. La historia la contó el miércoles en un salón comunal del municipio, ante representantes de grupos de víctimas.

“Yo fui víctima cuatro veces. La violencia me ha afectado de una forma brutal, y cada vez que me acuerdo me da tristeza, pero siempre le he pedido a Dios que me haga fuerte”, dijo.

Todo empezó en octubre de 1985. Su compañero se llamaba Jairo Espinel, tenía 30 años. Transportaba combustible hacia el vecino poblado de Simití, cuando un comando del Eln los interceptó.

“Nos llevaron para un corregimiento que se llama Monterrey. Nos tuvieron hasta la media noche, y luego se lo llevaron a él para un sector conocido como Pozo Azul. Al día siguiente me soltaron y me dijeron que lo fuera a buscar allá. En la mitad de la carretera, entre San Pablo y Pozo Azul, lo encontré muerto”, recordó Ayala.

Tres años después, el 30 de mayo de 1988, fue secuestrada por las Farc durante un mes. Se había convertido en concejal de San Pablo y la guerrilla se la llevó, junto a otros 10 cabildantes, a la Serranía de San Lucas. Y once años después un hermano suyo fue asesinado por paramilitares, el 8 de enero de 1999, en una masacre que dejó 14 muertos en el pueblo.

“Mi hermano se llamaba José Daniel Ayala. Un día antes lo habíamos invitado a un paseo a una finca, pero no quiso ir. Se cerraban las inscripciones de los candidatos a la Alcaldía y él iba a participar. Ellos llegaron en chalupas por el río Magdalena, como a las 11:00 p.m., y se metieron a los estaderos, agarraron al que encontraron, los fueron acostando y los mataron, entre esos cayó él”, dijo.

En el 2005 fue ella quien estuvo cerca de perder la vida. Un grupo de ‘paras’ la señaló de ser una supuesta colaboradora de la guerrilla. “Fueron a buscarme a mi vereda para matarme, pero la comunidad me apoyó, yo dije las verdades que tenía que decir, y ellos desistieron”, contó.

El último susto se lo llevó en el 2007, cuando un familiar le contó que a su único hijo lo quería reclutar un grupo paramilitar en Barrancabermeja. “Se lo querían llevar y yo lo tenía estudiando. Me lo llevé para la finca a trabajar y allá lo tengo, ya está casado y tiene dos hijos. Tenía 17 años, ahora tiene 22”.

Actualmente Ayala continúa viviendo en El Rosario. Allí tiene sembradas 15 hectáreas de palma y como líder sacó adelante un proyecto para que la comunidad cambiara cultivos de coca por palma, caucho y cacao. Es licenciada en Ciencias y Medio Ambiente, y tiene estudios de trabajo social y derechos humanos.

“Ante todo Dios me ha dado mucho ánimo. Le pido antes de salir de casa que me apoye y me ayude a salir adelante. Le he pedido mucho que me deje lograr mis sueños: que eran tener un buen compañero, unos hijos, unos nietos y tener con qué vivir. Hoy tengo mis cultivos, conseguí un buen compañero después de la muerte del primero, tengo a mi hijo que ya no será atropellado por la violencia, y a dos nietos que quiero mucho”, contó.

A sus victimarios prefiere perdonarlos, aunque aclara que lo más importante es que reconozcan porqué hicieron lo que hicieron. En las audiencias de Justicia y Paz escuchó al líder ‘para’ alias ‘Julián Bolívar’ pedirle perdón por la masacre del 99.

"Me dio rabia y a la vez me dio un alivio, porque yo tenía en el corazón un dolor muy profundo", dijo la mujer, quien cree que sus heridas sanarían más si el resto de sus victimarios también pidieran perdón. Mientras tanto, ella sigue trabajando en sus cultivos y viendo crecer a sus nietos en El Rosario.

Alberto Mario Suárez D.
Redactor de EL TIEMPO

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