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Historia de los guardianes del cayo Serrana, en San Andrés

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En ese extremo insular del territorio nacional, 10 infantes de marina son los ojos del país.

Hace 18 meses, cuando el infante Daniel Riso salió de Barranquilla a iniciar su vida militar, nunca imaginó que en su primer trabajo solo le permitirían jugar fútbol con una bola de trapo, que el único oficio sería barrer todos los días metros de playa, y menos que no podría bañarse en ella, pese a la tentación de disfrutar de un paisaje paradisiaco de aguas verdes cristalinas.

"Son las restricciones. Aquí uno debe cuidarse de hacer solo lo que le dicen, porque esto es tan lejos, tan lejos, que si te llega a pasar algo jugando o te muerde una barracuda en el mar, es difícil que te trasladen herido, porque estamos en la última 'gotica' de tierra del país", cuenta Riso. (Vea una galería con los mejores paisajes del cayo Serrana).

El joven de 20 años había dejado a su mamá, una asesora turística desempleada, abandonada con sus hermanos de trece y quince años para enlistarse en las filas de la Armada Nacional. Solo tenía claro que lo que le pagaran, no importaba la suma, tendría que enviarlo sagradamente para sostener su hogar, luego del escape que hizo a Venezuela su padre por "diferencias en la casa".

Pero lo que tampoco sabía Riso, uno de los diez infantes de marina que presta su servicio militar en el cayo Serrana del archipiélago de San Andrés, era que su nombre estaría en la ruleta con la que esa fuerza sortea a los defensores de esta tierra, de 620 metros de largo y 420 de ancho, que Colombia cuida desde hace 40 años y en la que el Gobierno tiene los ojos puestos desde que se inició el litigio con Nicaragua.

Hoy se cumple el día 35 desde que el buque ARC Cartagena de Indias desembarcó al grupo en una casita de madera al mando de un cabo, una mole con 5.600 caballos de fuerza que el país compró a Alemania en 1996, después de que fue usado en la Segunda Guerra Mundial.

"Yo no sabía que Colombia tenía esos cayos así en el mar, por eso me sorprendí mucho. Acá comenzamos con ejercicio a las seis de la mañana, luego desayunamos y volvemos a la gimnasia. Trotamos, un calentamiento suave como hasta las 8, y después empezamos el mantenimiento de la isla, porque al borde llega mucho mangle y hay que estarle haciendo el aseo a cada rato", confiesa Riso.

Lo curioso es que cuidando estas aguas continentales ricas en pesca y minerales el tiempo se les va a los infantes levantando trincheras para la charla después del almuerzo, pues no han sido necesarias para otra cosa, por lo que la metralleta punto 50 de su armamento está archivada en el baño de uno de los cuartos de la casa.

Y mientras Riso barre uno de los sacos tirados en el suelo, Víctor Vera saca agua de uno de los tres pozos con filtro para recoger agua lluvia para el baño; César Velandia acomoda un comedor de sillas de plástico debajo de un quiosco, y Jabith Nassar corretea a un centenar de cangrejos que llegaron como carroñeros a despedazar el esqueleto de un pargo rojo que los infantes abandonaron en el suelo.

Ninguno de ellos sobrepasa los 20 años. Todos decidieron, ante las negativas del destino, tocar las puertas de la Armada. Les revisaron la dentadura, los mandaron a un psicólogo para que certificara que eran aptos y que no se iban a enloquecer en el cayo y los dotaron con todo lo necesario para que el país conservara la soberanía en este paraíso que pocos nacionales han pisado.

Belleza natural estratégica

"Qué culpa, ¿sí o no? Porque entramos a la vida militar y uno no sabe qué le va a tocar -narra uno de ellos-. Pero gracias a Dios tuvimos la oportunidad de entrar a la Armada, porque a uno lo tratan muy bien, y aquí, aunque aburridos, no estamos pendientes de si nos van a tirar cilindros en la cabeza".

Cayo Serrana está a más de 14 horas de navegación desde la isla de San Andrés. Cuando falta menos de un kilómetro, puede verse el cayo, rodeado de una especie de aura cristalina que decora un tapete de arena blanca muy fina. Es un sueño.

Apenas se inicia el desembarco en bote empieza a notarse la tranquilidad. No hay turistas ni hoteles ni vendedores, nada. Solo el infante Riso y sus compañeros de la Armada que saltan como resortes para la bienvenida.

"Aquí solo hay caminos, matas, palma de coco y cangrejos. No hay más nada -dice Riso-. Habíamos organizado una cancha de fútbol chévere, pero la tuvimos que quitar porque ahí hicimos el helipuerto para que aterricen el Ministro y la cúpula militar"

Y así fue. Aunque el grupo vio con susto cómo la visita se adelantó un día, estuvieron listos, con el cayo barrido y decorado, para que el ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón y la cúpula militar recorrieran el lugar.

"A la Luna ha ido ya mucha gente, pero aquí todavía es poca la que ha venido", bromeó el general Alejandro Navas, comandante de las Fuerzas Armadas.

Pinzón, que con la fotografía que se tomó con el grupo de jóvenes militares renovó el retrato de hace casi medio siglo, en el que los primeros soldados izaron la bandera colombiana, les agradeció a estos muchachos su presencia y su trabajo en Serrana.

Ellos le contaron que, antes de Colombia, Estados Unidos tuvo una base aquí y que el nombre del cayo fue en memoria de Pedro Serrano, un español que naufragó y se quedó por siete años en este lugar en 1520, cuya historia fue la inspiración de Daniel Defoe para la novela Robinson Crusoe.

También le dijeron que en cierta época del año vienen tortugas gigantes a desovar en el sitio y que aún no han podido terminar de contar los tipos de aves que hay, y que llegan casi todo el año.

"Ustedes son unos héroes, gracias por prestar este gran servicio al país. Un día, todos recordarán lo grande que hicieron a nuestra nación, haciéndola soberana", les dijo el Ministro.

Pero Daniel Riso no aguantó las ganas y les contó a los altos militares que estaba buscando un crédito para hacerse oficial.

"No importa lo que uno tenga al frente, hay que luchar", les dijo el muchacho, que curiosamente es el único del grupo al que le ha tocado por tres veces el turno en el cayo.

Los días del barranquillero, más largos de lo normal, pues en cayo Serrana cae la noche a las 8 p.m., han servido para afianzar su confianza en continuar la carrera militar. Una oportunidad que logró conseguir para salir adelante y que comenzó defendiendo el último rincón del país en el Caribe.

"El Caribe está definido": Juan Carlos Pinzón, ministro de defensa

Durante todo un fin de semana, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, navegó por el archipiélago de San Andrés.

"Al oriente del meridiano 82 todo es Colombia", les recordó en su recorrido a los infantes en el cayo Serrana. Pinzón insistió en la presencia de las Fuerzas Armadas del país en las islas, bajos y cayos del archipiélago y aseguró que esa soberanía se hace efectiva con "operaciones estratégicas, de interdicción, señalización de los cayos, las islas, y la lucha contra el tráfico de armas y la trata de personas", aseguró el Ministro. Y agregó: "Nicaragua nunca ha estado presente aquí".

JUAN GUILLERMO MERCADO
Redactor de EL TIEMPO

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