Foto: Gudilfredo Avendaño / EL TIEMPO
Los pobladores del corregimiento de San Juan de Asís intentaban salvar ayer de sus viviendas lo poco que quedó en buen estado. La zona está sin agua potable y escasean los alimentos.
El hecho, que ocurrió en la vereda San Juan, del municipio de Puerto Libertador, destruyó 300 viviendas.
Los organismos de socorro que trabajan en la zona no han podido realizar bien su labor por las minas antipersona, que tanto guerrilla como paramilitares han sembrado en la región.
El alcalde de Puerto Libertador, Mario Carrascal Náder, dijo que no se ha podido llegar al punto alto de la quebrada, donde existe un represamiento de agua, que puede desatar otra tragedia, porque la zona está minada.
Por ello, el Mandatario solicitó al Gobierno Nacional apoyo aéreo a fin de trasladar a los socorristas que pretenden abrir paso a las aguas.
El fenómeno, que sorprendió a los pobladores a las 8:45 de la noche, dejó sin techo a 1.500 personas, según el censo de la Defensa Civil y la Alcaldía de Puerto Libertador.
Ayer la administración reubicó a las familias en la vereda Las Clarisas, cercana al lugar de la tragedia.
Las dos víctimas murieron al ser arrasadas por la corriente que destruyó casas, cultivos y un puente que comunica la población con Puerto Libertador.
Una de las víctimas fue identificada como Josefa María Pérez, de 55 años, mientras que la segunda es un hombre de aproximadamente 40 años, que no ha podido ser identificado.
Otros seis habitantes que se encontraban desaparecidos al momento de la avalancha fueron encontrados con vida ayer aguas abajo.
La situación empeoró en horas de la tarde, cuando empezaron a escasear alimentos y agua potable.
El servicio de energía también se vio afectado por la furia de las aguas que bajaban de la montaña acompañadas de lodo y piedra.
Por ello, fue declarada la alerta roja en la zona, especialmente en las riberas de la quebrada San Pedro.
El corregimiento de San Juan de Asís está enclavado sobre la zona selvática del Nudo del Paramillo. La actividad económica es la minería, a la cual se dedica la mayoría de los habitantes.
Sin embargo, la siembra de cultivos de coca empezó a sustituir la actividad minera en la región.
"Lo perdimos todo"
Ingrid Gómez Tovar, madre de tres niños, dijo que la furia de las aguas acabó con el poco patrimonio adquirido en tantos años de trabajo.
"Lo perdimos todo, no tenemos para dónde coger, quedamos en la calle y dependiendo de lo que el Gobierno nos ofrezca", aseguró la mujer.
Dijo que la tragedia no fue peor gracias a que al momento del hecho la mayoría de las personas estaban despiertas.
"Cuando empezó a bajar el agua con piedras y palos, toda la gente salió a correr recogiendo únicamente a los niños y ancianos, porque no daba tiempo para nada más", explicó.
Gudilfredo Aveldaño M.
Especial para EL TIEMPO
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