Pedro González, a sus 72 años, encontró la paz pescando en la punta del viejo muelle, inaugurado en junio de 1893.
A sus 72 años, luego de superar la pérdida de su esposa y dos hijos, y de haberse recuperado de una operación de corazón abierto, Pedro González encontró la paz en la punta del viejo muelle.
"Cuando vengo aquí no veo ni entiendo nada, la mente se me despeja y no le pido más nada a la vida", dice, mientras mete una rebelde cojinúa en su pequeño recipiente de poliestireno.
Lleva una camisa blanca, un pantalón vaquero y está descalzo. La gorra protege el rostro duro, quieto en dirección al agua donde acaba de tirar el nailon de pesca. Ya lleva tres cojinúas y de pronto la carnada le alcanza para otra. No son para la venta, sino para el almuerzo.
Justo donde está sentado ahora, con el pie izquierdo apoyado en un carcomido pilote, la actividad era intensa hace más de 70 años. Él no la vivió, pero es capaz de recrear los momentos gloriosos del muelle, y señala hacia los puntos del horizonte donde el mar se mezclaba con los cerros en una bahía estable.
"Algún día el mar volverá a su sitio, pero eso no lo veré yo", asegura, y culpa a los políticos de la actual situación no sólo del muelle, sino de la configuración marina donde está la ruinosa estructura, obra del ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros, inaugurada el 15 de junio de 1893.
Fueron los políticos, dice él, quienes permitieron que perforaran los alrededores del muelle en busca de petróleo y destruyeran un rompeolas natural. Por eso, es incrédulo frente a los recientes anuncios de recuperación, anuncios que son, quizás, los más concretos hasta ahora.
El 11 de agosto el Ministerio de Transporte autorizó al gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, para que explore la posibilidad de entregar el muelle en concesión para usos turísticos. Quedaría vinculado, al mismo proceso, el lote del Distrito 20 de Carreteras, ubicado cerca del puente Laureano Gómez.
"Todos los años lo están arreglando, y nada. Esto lo que necesita es un billete grande, no los baños de agua tibia de otros años, ni las barandas mal hechas, ni los juajuá", dice Miguel Maury, quien lleva 10 años pescando en el muelle.
Hace 13 años, se estableció que rehabilitar el muelle costaba 13 mil millones de pesos. Hoy, se requieren actualizar los costos. Por lo pronto, se estima que el lote del Distrito 20 cuesta unos 9 mil millones de pesos.
El proyecto no es raro para Pedro González, es uno más que ha llegado a sus oídos, y al que no le ve un final feliz.
"Eso de la posible concesión no va a funcionar porque los gobiernos saben que, con esa figura, no van a poder morder la plata", asegura reacomodando las cojinúas entre los pedazos de hielo del recipiente.
JAVIER FRANCO ALTAMAR
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
CARTAGENA
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