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Todos los caminos conducen a la 'bomba' del director del Tránsito

Soluciones viales bajo el puente de la 51B despiertan suspicacias porque obligan a los conductores, ahora, a pasar frente a la estación de servicio donde Enrique Berrío Mendoza tiene intereses.

El puente que cruza sobre la vía Circunvalar por la carrera 51B fue construido sin orejas de acceso a principios de los 90, pero unos pequeños desvíos por la derecha permitían evadirlo, y tomar la propia Circunvalar hacia la izquierda respectiva.

La ausencia de separadores centrales en el pedazo de cinta asfáltica de la Circunvalar bajo el puente permitían la operación, de manera que un conductor procedente del corredor universitario podía tomar, luego, hacia su izquierda si su intención era llegar, por ejemplo, a la zona industrial de la Vía 40.

De la misma manera, y en sentido contrario, quien venía bajando desde las últimas calles de la ciudad y no quería seguir de largo por el puente porque requería de tomar la Circunvalar hacia la izquierda, tomaba el corto desvío pegado a la cerca del mercado Makro (a su derecha) y listo.

En ese punto de intersección bajo el puente, lo más seguro era que ambos conductores se toparan con otro que trataba de tomar por el corredor universitario luego de venir manejando por la Circunvalar. Lo hallaba haciendo escuadra en su carril, esperando cruzar hacia su izquierda.

Así fue por 10 años, y ningún conductor recuerda un accidente grave. Pero hace un par de semanas, la empresa Construseñales, a petición de la entidad distrital Metrotránsito, comenzó a taponar los desvíos alcahuetes y a extender el separador central. De esa manera, cualquier maniobra tendiente a cruzar la cinta asfáltica o cambiar de carril es imposible.

Un boletín de Metrotránsito daba cuenta, días antes, de que la intención era reducir la accidentalidad y optimizar una movilidad segura "se dio continuidad al separador central con tachones para evitar las maniobras peligrosas que se realizaban en una vía de alto flujo vehicular, en especial de tráfico pesado", decía el documento.

La sola incomodidad que los cambios produjeron bastarían para sembrar la polémica. Ahora resulta que quienes quieren tomar la Circunvalar en el sentido que lo venían haciendo, ya no pueden tomar a sus respectivas izquierdas en la vía asfáltica, sino a sus derechas y llegar hasta los puentes de las otras intersecciones-el de la 46 situado a 300 metros hacia el sur, o el de la 53, un poco más cerca y hacia el norte- y usar sus respectivas orejas de acceso.

Más tiempos, más vueltas, pero... ¡Epa!, resulta que usar los accesos del puente de la carrera 53 (el más hacia el norte), hacen inevitable que el conductor pase por la estación de servicio La Castellana, donde tiene intereses el actual gerente de Metrotránsito, Enrique Berrío Mendoza.

Esa estación ("bomba", como le dicen en la Costa) es de propiedad de las empresas Gazel y Sodicsa, y ésta última es una distribuidora de combustibles y servicios automotrices, uno de cuyos propietarios es el actual gerente de Metrotránsito.

De manera que la solución ingeniosa para reducir la accidentalidad en un cruce donde no se recuerda un real accidente, terminará aumentando la circulación de vehículos frente a la estación La Castellana. "Quienes más se quejan son los conductores, pero lo que estamos evitando es accidentes", dijo uno de los operarios de Construseñales al frente de los trabajos.

En declaraciones a la prensa, Berrío Mendoza insistió en la condición "peligrosa" de ese cruce, y desestimó, sin profundizar en ello, el presunto conflicto de intereses. "Además, les estamos dando uso a los accesos de los puentes", dijo.

Ya de por sí esa estación ha sido centro de polémica desde cuando comenzó a construirse en el 2007. Arquitectos y urbanistas se pronunciaron porque se empleó el espacio público de un bulevar y quedó en un punto aparentemente peligroso.

A la final, se construyó por visto bueno del municipio de Puerto Colombia (porque está en su jurisdicción) y el asunto quedó ahí.
La que se abre ahora es otra polémica asociada a la misma estación de servicios.

"Como el puente no tiene orejas, se toma esta decisión desastrosa para los conductores, pero beneficiosa para los manes de una  bomba mal hecha y mal puesta", dijo el taxista Luis Carlos Gómez, uno de los que presta su servicio en el supercentro Makro.


JAVIER FRANCO ALTAMAR

Corresponsal de EL TIEMPO

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