Ahora avanzan hacia la pavimentación de las calles del sector de Altos del Once de Noviembre, sin ingenieros, pero con la ayuda de todos.
La presencia de las autodefensas y luego de pelotones de militares en sus esquinas, acabó con la tranquilidad de este sector subnormal, ubicado en el nororiente de Santa Marta, a un costado de la Troncal del Caribe que comunica a Magdalena con La Guajira.
José Toncel, líder comunal del sector, recuerda que hace once años no había nada, era una invasión en donde la única presencia del Estado eran las patrullas militares.
En silencio y sin llamar la atención de los alzados en armas comenzaron a trabajar. Lo primero que hicieron fue adecuar la entrada principal al barrio, pues tenían problemas cuando llegaban en carros, pues los dejaban con las compras muy distantes de sus casas y en invierno el camino se empantanaba lo que les dificultaba entrar o salir.
Para ello, reubicaron a una familia cuya casa era un obstáculo en el trazado de la nueva vía y organizaron un 'ladrillotón' en el que recolectaron el material suficiente para reconstruir la nueva vivienda y mudar a sus propietarios.
Llegaron las obras
Fue el primer trabajo que de manera concertada y mancomunada hicieron los habitantes de Altos del Once de Noviembre y con ello revivieron el espíritu de libertad, secuestrado por el temor a los violentos que seguían allí de forma invisible.
Como era una invasión no tenían ningún servicio, pese a las constantes solicitudes a la Alcaldía y a las empresas prestadoras de servicios públicos. Además, tenía el estigma de ser un barrio de 'paracos' o zona roja.
"Hicimos colecta casa por casa y logramos comprar las tuberías para meter el alcantarillado, luego las mangueras para el agua", recordó Toncel. Hoy tienen alcantarillado y toman el agua cruda del tubo madre que va al acueducto de Santa Marta.
En esta operación todo el mundo colaboró, hombres, mujeres y niños tiraron picos y pala, se organizaron bazares, rifas y se pidió plata a los comerciantes de la zona.
"Toda la semana vendo agua en las esquinas del centro, pero el domingo se lo dedicó a la comunidad", señala Olman Gallego, un hombre flaco, de piel tostada, dueño de un entusiasmo que contagia y que desde las primeras horas de los domingos o festivos pasa de casa en casa, con una olla, para recoger lo que va a llevar el sancocho comunitario con el que almuerzan los que ese día trabajan en cualquiera de las obras del sector.
Delcy Narváez, es ama de casa y siempre luce una sonrisa. Ella, que oficia como secretaria del comité del barrio, recuerda que presentaron un proyecto en el Ministerio de Minas y así fue como les llegó la energía eléctrica. En esa obra también la comunidad puso la mano de obra.
La gran mayoría de personas que habitan ese sector son vendedores ambulantes, trabajadores de oficios varios o domésticos.
Puro pavimento
Con los cambios, al barrio llegaron nuevos vecinos como José Farid Vera, un agente de policía que también arrastró carretillas y tiró pico y pala en sus días de descanso.
"La única forma de que salgamos de la pobreza es que nosotros mismos nos pongamos a trabajar y no esperar a que nos lleguen las obras", dice.
Y así lo tienen claro los habitantes de este sector, en donde cada habitante aporta algo, ya sea como electricista, plomero, albañil, o cocinero, pero todos meten la mano por el barrio.
En los últimos fines de semana un grupo de hombres en Altos de Once de Noviembre trabaja en la gran obra del sector: El pavimento.
Sin ingenieros, ni topógrafos, ellos mismos han tirado las placas de concreto entre las carreras 36 y 38, unos 200 metros de largo por cuatro de ancho.
Actualmente, trabajan en el tramo comprendido entre la 35 y 36, con calle 77.
"Ahora podrán entrar los carros y en caso de emergencia sacar o traer a los enfermos sin inconvenientes", dijo Lacides Acevedo, un mototaxista que llegó hace cuatro años de la Sierra Nevada.
Así como lograron tener agua, energía, televisión y gas, sacan dinero se sus bolsillos y les piden una colaboración a los carros y empresas que llevan productos a las tiendas para la compra de cemento o trozos de concreto, que consiguen en otras construcciones para que rindan más la mezcla y la arena.
"Aquí nos coge la noche trabajando, pero luego vamos a celebrar porque tenemos pavimento", recordó Cristóbal Campo, un mecánico padre de tres hijos.
En la esquina de la carrera 35, Carmen Castro, la encargada de hacer las colectas, atraviesa con un grupo de niños una soga con la que paran a todos las motos y carros para pedirles colaboración.
"Aquí todo el mundo colabora, de 200 hasta 5.000 pesos nos dejan hasta 100.000 pesos y eso es una gran ayuda", señala la mujer. Para terminar el pavimento les falta tres viajes de arena, tres de triturado de gravilla y 100 bultos de cemento.
Así, en medio de la risa de Carmen y el sudor en la frente del grupo de hombres avanza Altos de Once de Noviembre a punta de pico y pala.
Planeación sin rumbo fijo
Para la ex secretaria de Planeación de la ciudad y actual directora de Proyectos de la Gobernación del Magdalena, Sandra Pubiano Leyton, la falta de recursos económicos y los problemas estructurales de las administraciones locales de turno han sido el principal obstáculo para el crecimiento ordenado de la ciudad en los últimos años.
"La capital del Magdalena ha crecido mucho y no tiene los recursos ni el equipo técnico para salir adelante al planeamiento que se
requiere", señala la funcionaria.
Rubiano, que también fue asesora del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, dice que otro agravante es que al crecimiento normal de la ciudad se le sumó inesperadamente la carga de más de 70 mil desplazados, lo que provoca que cada día las necesidades sean mayores.
"En un Estado que no cumple con sus funciones los habitantes buscan sus propias soluciones que no son las mejores, ya que no cuentan con planificación, son propuestas aisladas, que van en detrimento de los que pagan los servicios públicos", subrayó.
LEONARDO HERRERA D.
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
SANTA MARTA
COPYRIGHT © 2008 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.