¿Venganzas, tras ataque sexual y el asesinato de Dora Lilia Gálvez?

¿Venganzas, tras ataque sexual y el asesinato de Dora Lilia Gálvez?

La bugueña torturada, violada y quemada en partes del cuerpo, comoRosa Elvira Cely, era madre soltera. Habría dos sospechosos por crimen.

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Tras su muerte, en Cali se realizaron marchas para condenar la hipótesis que se tenía sobre su muerte.

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Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

14 de diciembre 2016 , 05:01 p.m.

La persona que golpeó repetidas veces la cabeza de Dora Lilia Gálvez, además de que le provocó graves daños en el tórax, en el abdomen, los pulmones, así como en su zona íntima y le causó quemaduras en su cuerpo, sería un hombre.
Uno con la fuerza para haber arrastrado por el piso a esta bugueña, de 44 años y de no más de 1,63 metros de estatura, dejándole las piernas laceradas en los músculos de la tibia y el peroné. Pero las autoridades mantienen la hipótesis de que una mujer también hubiera podido intervenir en la tortura que la llevó a su muerte.

Por ahora, los rastros biológicos en el cuerpo de Dora Lilia, tras el ataque que ella sufrió en la tarde del 6 de noviembre en el interior de una vivienda de Buga, son una de las piezas dentro de la investigación de la Fiscalía. Esos rastros biológicos evidenciarían que Dora habría luchado y hasta, posiblemente, arañado a su agresor o a sus agresores, mientras era golpeada hasta provocarle hemorragias en su cabeza, hematomas en el torso, los labios lacerados y quemaduras en los brazos, las piernas y en sus genitales, de primero y segundo grado.

Lo que también impresionó a las autoridades fue el desgarramiento de la zona vaginal. También tenía en su organismo rastros de una sustancia alucinógena.

Sin embargo, la investigación no ha indicado aún a un posible culpable. “Hay dos sospechosos”, informaron en la Gobernación del Valle del Cauca.

Ese 6 de noviembre, la bugueña estaba sola en aquella casa del barrio Sucre, en el noroccidente de esta ciudad, donde su único hijo la encontró desangrándose, siendo un hecho con tal sevicia que conmocionó al país, como los casos de Yuliana Samboní, la niña indígena de 7 años, torturada, abusada sexualmente y asesinada, y de otras mujeres como Rosa Elvira Cely, violada y asesinada en el Parque Nacional, de Bogotá, el 24 de mayo de 2012.

Los golpes a Dora fueron de tal magnitud que el parte clínico dio cuenta de que su cabeza presentó un sangrado cerebral hasta causarle la muerte.

Los médicos del hospital San José, de Buga, donde la mujer permaneció por 23 días y le practicaron más de ocho cirugías hasta que pereció en la madrugada del miércoles 30 de noviembre pasado, precisaron que su deceso fue consecuencia, sobre todo, por el trauma craneoencefálico severo y por una hemorragia intraparenquimatosa del tejido del cerebro.

Para someterla a las múltiples intervenciones quirúrgicas, los médicos le cortaron el cabello, de color negro que solía usar a la altura de los hombros, dejando visibles dos grandes lesiones; una era una herida profunda que abarcó los lóbulos frontal y temporal derecho.

En la ropa que Dora usó el 6 de noviembre también habrían quedado otras muestras biológicas, como las catalogó el Instituto Nacional de Medicina Legal que busca lograr un perfil genético o varios para determinar si hubo un solo agresor.

Miembros de la Unidad de Análisis de Criminal de la Fiscalía no descartan que ese atacante conocía a la señora, pues sabía que ella se encontraba sola en esa vivienda, propiedad de una allegada suya y que durante un mes había pintado para dejarla lista y alquilarla.

Dora pintaba casas, las lavaba y las acondicionaba con el ánimo de recibir dinero del negocio de arriendo al que en Buga se ha dedicado su hermana Francia Elena Gálvez, quien desde hace un año y medio regresó de España. Doña Francia Elena vivió en el país europeo por cerca de dos décadas, pero debido a la crisis económica volvió a Buga, también su ciudad natal.

Mientras Francia Elena se mantuvo ausente, Dora estuvo al frente de la familia. Los Gálvez son un hogar de tres hijas mayores y un varón. La madre de todos ellos llegó a Buga, procedente de Santa Rosa de Cabal, en Risaralda. No conocieron a su padre. Solo estuvo la madre, quien falleció cuando tenía 33 años y dio a luz al menor de todos sus hijos y que fue criado por Francia hasta que Dora se encargó de él, mientras la primera no estaba en el país.

Dora era la mayor de la familia y la segunda es Francia, por lo que siempre fueron muy unidas. De hecho, ambas tenían sobrenombres de cariño. Dora era llamada por su hermana ‘Condorito’ y la segunda era conocida como ‘Pacha’.

Doña Francia dijo que su hermana estuvo velando por el bienestar de sus otros dos hermanos y de dos sobrinas, al tiempo que ella trabajaba en España y le enviaba dinero para el sostenimiento de toda la familia.

Dora también tuvo siempre pendiente de su hijo, Luis Fernando Gálvez, de 23 años, quien junto con su hermana le ayudaba con los gastos del hogar, cuando trabajaba como conductor de un motorratón o en una empresa de aceites y grasas comestibles. No obstante, hoy está desempleado. Según la familia Gálvez, en esos 20 años que Francia estuvo en el exterior, Dora se dedicó a ser ama de casa y a los cultos diarios de la iglesia cristiana Dios Ministerial de Jesucristo Internacional. Hace nueve años, ella se vinculó a esta iglesia. Ese sería el lapso desde cuando se habría apartado de una relación que sostuvo con una mujer, pues Dora era miembro de la comunidad Lgbti y, como lo manifestó su hermana, habría participado en actividades de grupos de género, en Buga.

Sobre el padre del único hijo de ella, la familia indicó que “fue por una relación esporádica” y habría perdido contacto con él. En la actualidad, Dora no tenía pareja, según la hermana y una de las sobrinas, quien vende reliquias religiosas cerca a la Basílica del Señor de los Milagros.

También agregaron que la bugueña, nacida el 23 de julio de 1972, había permanecido por unos 20 días pintando la vivienda de Sucre, un barrio de estratos 2 y 3, donde viven vendedores, cerrajeros y amas de casas y que, de acuerdo con la Secretaría de Gobierno de Buga, no figura entre los más violentos de esta municipalidad.

Era el domingo 6 de noviembre, cuando Dora había ido por la tarde a lavar esa casa y a limpiar la pintura que había quedado salpicada para entregar las llaves.

Sin embargo, en el barrio Divino Niño, otro sector modesto de Buga y donde ella vivía con el resto de su familia, empezaron a preguntarse por qué no llegaba la señora. Fue así que su hijo fue a buscarla y la encontró agonizando, llevándola hasta el hospital Divino Niño de la misma localidad vallecaucana. Pero habrían habido inconvenientes para el ingreso y luego fue trasladada al hospital San José, el 7 de noviembre.

La familia la sacó del Divino Niño, “después de 12 horas y media esperando una autorización. Ella vomitaba mucho y le dieron unas pastas trituradas para prevenir enfermedades venéreas”, dijo Francia.

En el hospital San José dijeron que debido al daño en el cerebro, Dora Lilia fue sometida a un coma inducido para estabilizarla y aunque habría mostrado una leve mejoría por lo que le quitaron el equipo de ventilación para que pudiera respirar por sí misma, se agravó el 30 de noviembre.

“Yo veía que ella sangraba mucho por la cabeza, cuando mi sobrino la encontró”, dijo la hermana.

El martes 29 de noviembre, “ella abrió los ojos. Ella estuvo consciente, contrario a lo que informó el hospital. Ella me entendía lo que yo le decía, porque cada vez que le hablaba movía los ojos y los brazos”, añadió Francia, quien aseguró que su hermana mayor no pudo hablarle para revelarle quién fue su atacante.

Las hipótesis

Las autoridades señalaron que entre las hipótesis de la violación, la tortura y el asesinato habría detrás una venganza personal.

Al respecto, los Gálvez no se pronunciaron, pero instaron “a la Policía y la Fiscalía a trabajar más para capturar a los supuestos responsables”, para que les practiquen pruebas y se confirme quién fue o fueron los autores del crimen.

Sin embargo, doña Francia rechazó enfáticamente la versión de que una mujer podría estar detrás de la presunta venganza. Estas mismas versiones plantean que si una desconocida participó en el hecho no habría sido autora material del ataque. “Eso es mentira, estoy en contra de esos comentarios”, dijo la hermana, mientras que otros familiares desvirtuaron información relacionada con una supuesta persecución de motociclistas a Dora, días antes del ataque.

Otra hipótesis es que el homicidio habría sido motivado por una deuda de los llamados ‘gota a gota’. La tercera sería que habría sostenido un altercado con un vecino del barrio Sucre.

El secretario de Gobierno de Buga, Jaime Ochoa, pidió y el alcalde del municipio, Julián Andrés Latorre, pidieron celeridad a la Fiscalía para capturar a los autores de este hecho repudiado por todo el país, pues la agresión cumplió ya 39 días.

El funcionario anotó que de los 59 homicidios en lo que va del 2016, en Buga, 57 de las víctimas fueron hombres.

Pero añadió que los crímenes en su ciudad se han reducido en un 29 por ciento. En el 2015 hubo 83 asesinatos, más de hombres que de mujeres.

La Fiscalía contestó que la investigación sí está avanzando, pero que debido a la complejidad del asunto, por ahora, no es recomendable dar mayores informaciones para lograr justamente capturas. Pero hay poca denuncia, como lo lamentó la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, convocando a la población a no quedarse callada con situaciones que merecen total indignación como este ataque.

Grupo de la comunidad Lgbti y defensores de género de Buga también se unieron al clamor de capturas y de justicia, como lo han expresado en movilizaciones, una de ellas, cuando el cuerpo de Dora Lilia fue velado en la funeraria Senderos de Paz, en el centro bugueño.

A unas cuadras de allí y junto a la Alcaldía, hubo un plantón contra la violencia a las mujeres, organizado por la Oficina de la Mujer, Equidad, Género y Población Lgbti, de la Administración.

El mismo clamor de justicia se repitió durante el sepelio en el cementerio diocesano de Buga, el único de la localidad.

Aún se mantiene la recompensa de 20 millones de pesos ofrecidos por la Gobernación del Valle a quien dé informes sobre los autores del asesinato y tortura a Dora Lilia.

Otros 10 millones de pesos los ofreció la Alcaldía de Buga. En Cali también se han registrado manifestaciones en rechazo al brutal ataque contra ella.

CAROLINA BOHÓRQUEZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Buga (Valle del Cauca)

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