Vive bailando: un nuevo son para chicos vulnerables

Vive bailando: un nuevo son para chicos vulnerables

Este emprendimiento social ha beneficiado a 5.236 jóvenes de zonas vulnerables del país.

Programa Vive Bailando

Desde el 2014 se han beneficiado más de 5.236 niños y jóvenes entre los 11 y los 25 años.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

30 de julio 2017 , 12:18 a.m.

Cuando Jorge Luis Sinisterra escucha una salsa clásica, cierra los ojos y olvida su pasado. Al son de timbales y trompetas mueve las caderas. No le teme a sus pasos. Se desplaza seguro, confiado, de un lado al otro en la pista.

Tal soltura de movimientos parecía imposible hace más de 8 años, cuando era combatiente de las Farc en las selvas de su natal Buenaventura, en las que se estuvo internado desde los 14 años. Por eso, Sinisterra resume el significado del baile en tres palabras: libertad, paz y tranquilidad.

“Uno en el monte no se mueve sin miedo el constante de que lo maten. Por eso bailo: para olvidarme del horror que viví”, cuenta este joven de 26 años.

En 2016, siete años después de desmovilizarse, llegó a Cali en busca de oportunidades para reinsertarse a la vida civil, y estando allí se enteró de un programa que utiliza el baile como un aliado para que los jóvenes superen dificultades, aprovechen su tiempo libre y fortalezcan su autoestima y sus habilidades de liderazgo.

Así fue como Jorge se convirtió en uno de los 5.236 jóvenes entre los 11 y los 25 años que se han beneficiado de Vive Bailando, un emprendimiento social que desde el 2014 ha logrado que muchachos de zonas vulnerables en 17 ciudades del país hayan encontrado en la danza una ruta para mejorar las dinámicas sociales de sus comunidades.

El baile me ha ayudado en mi proceso de reinserción

“Bailar me ha ayudado mucho en mi proceso de reinserción: me ha devuelto la alegría de la infancia que perdí en el monte, me ha enseñado a convivir en sociedad, me ha dado el sentido del respeto, de la disciplina, de la paz y de la convivencia”, sostiene Jorge.

Tal es la transformación que el baile le ha dado a su vida que se convirtió en profesor voluntario del programa en la comuna 14 del Distrito de Aguablanca, en Cali, y ahora es un líder y multiplicador que usa el ‘hip hop’, la salsa urbana, la salsa clásica y hasta el tango para reclutar jóvenes en las calles y mostrarles otros horizontes distintos a la delincuencia y las drogas.

Ese fue el objetivo que se planteó Clemencia Vargas, creadora y directora ejecutiva de Vive Bailando, cuando le apostó todo su talento al desarrollo de este emprendimiento
social.

Ella, que encontró en el baile una poderosa herramienta de superación personal y de resiliencia cuando tuvo que salir del país a los 6 años por circunstancias personales, llegó a ser bailarina profesional, en Estados Unidos, al lado de grandes artistas como Madonna, los Backstreet Boys y los Black Eye Peas, entre otros.

“Pronto me di cuenta de que quería replicar esa experiencia de vida que yo tuve con los jóvenes de mi país. Después de 18 años regresé y empecé a montar la fundación”
, cuenta Clemencia.

Hoy, con el respaldo de 15 aliados, entre ellos el Banco de Desarrollo de América Latina-CAF, Coca-Cola Femsa, la embajada de Suecia y el Pnud, mantiene una filosofía clara que permite diferenciar este programa, de cualquier academia de baile: “Nosotros no formamos bailarines. Formamos jóvenes con las capacidades para asumir una vida responsable”, explica Vargas. De ahí que existan decenas de casos exitosos de jóvenes que han abandonado la delincuencia y han encauzado su liderazgo hacia mejores propósitos, jóvenes que han retornado a las aulas tras haberlas abandonado por años, jóvenes a quienes el programa les ha ayudado a encontrar oportunidades de trabajo o les ha permitido descubrir sus habilidades, mejorar su autoestima y recuperar la autoconfianza.

De eso es testigo Mayra Alejandra Guerrero, una cartagenera de 17 años para quien, gracias a la pasión por el baile y los sueños que le ha ayudado a construir el programa, este la ha blindado frente a riesgos como el embarazo adolescente, el pandillismo y los vicios que acechan a las niñas de su edad.

“Los talleres que he recibido me ayudaron a descubrir qué era lo que yo quería hacer en la vida, a empoderarme y a luchar por un proyecto económico y social”
, cuenta Mayra, quien estudia tecnología en turismo e idiomas en el Colegio Mayor de Bolívar.

Con la misma edad de Mayra pero en las montañas de Cali, Jhonatan Villada Valderrama relata que el cambio experimentado lo vive en su hogar y en su barrio. “Yo era muy grosero con los mayores y muy problemático en el colegio. Ahora dialogo para resolver los conflictos, paso más tiempo con mi familia, ayudo con los oficios de la casa, me gradué el año pasado de bachiller y ya estoy estudiando enfermería y administración en salud”, dice Jhonatan.

Y es que desde la caseta comunal del barrio Decepaz, en la comuna 21 de Cali, este y otro centenar de jóvenes les están poniendo ritmo a sus vidas y están demostrando cuánta certeza hay en la popular frase de la música y escritora austriaca Vicki Baum “hay atajos para la felicidad, y el baile es uno de ellos”.

EL TIEMPO

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