El oso de anteojos se hace fuerte en el Valle del Cauca

El oso de anteojos se hace fuerte en el Valle del Cauca

Proyecto busca fortalecer estado del mamífero en el departamento. Empresa privada y CVC se unieron.

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La bebé osita Ahní

Foto:

Juan Bautista Díaz / El Tiempo

13 de febrero 2017 , 10:07 a.m.

Con una alianza entre la empresa privada y entidades públicas, el oso de anteojos se está recobrando toda su fuerza en el Valle del Cauca.

A través del proyecto Conservamos la vida, desde hace cerca de un año y medio, se está estudiando a este mamífero símbolo de las montañas de nuestro país y ya se apresta para empezar con una fase de concertación e implementación con las comunidades, para que hagan su parte en la conservación del animal.

Según explica María Camila Villegas, directora de la Fundación Grupo Argos, durante la fase de diagnóstico se descubrió que el oso se encuentra en un muy buen estado, con amplia presencia en el sector estudiado correspondiente a tres núcleos en los parques nacionales naturales de Farallones de Cali, Munchique (Cauca) y Tatamá (Risaralda, Valle y Chocó).

“El oso se encuentra en una buena situación en la cordillera occidental, es un corredor para la especie. Esos tres núcleos son 11.200 kilómetros cuadrados y nosotros focalizamos 4.117 km2.

En ese espacio encontramos una ocupación de osos del 74 por ciento, por lo que se puede decir que en el resto del corredor hay muchísimos más osos”, aclaró. Según estudios, en zonas de 3.800 km2 pueden existir poblaciones de 50 osos macho y hasta 150 hembras, por lo que los especialistas son optimistas sobre la situación de esta especie en el suroccidente del país a pesar de la existencia de una serie de amenazas en su contra.

“Con el estudio logramos desmontar el mito que al oso le busca el ganado. El oso es omnívoro pero se alimenta de frutos y bromelias y aprende a comer lo que se le pasa. Él es un animal tímido al que no le gusta estar en presencia ni del hombre ni del ganado, salvo que el ganado esté muerto o que haya una presa vulnerable y él la haya probado”, explicó.

De acuerdo con Villegas, de este proyecto hacen parte la CVC, Parques Nacionales Naturales, fundación grupo Argos, Wildlife Conservation Society (WCS), Celsia, Smurfit Kappa y la fundación Julio Mario Santodomingo en una alianza sin precedentes.

“El oso es una especie paraguas, si se cuida el oso se cuida a una serie de especies que dependen de él. Su cuidado significa el cuidado de muchos servicios ecosistémicos. Por ejemplo, parte importante del agua para Cali viene de esa zona, por lo que cuidar al oso es cuidar el agua para Cali”, explicó.

El proyecto, que es un esfuerzo a 5 años con una inversión de $5 mil millones, se prepara para su fase de trabajo directo con la comunidad, que es la más extensa y se pretende que se extienda por 3 años y medio pero con la que se busca que las comunidades que conviven más cerca del oso cambien sus conceptos acerca de él y pierdan el miedo que, instintivamente, se le tiene.

“La población tiene una baja tolerancia con la especie. No ha sufrido ataque pero no quieren vivir con el oso, le tienen miedo. Ahora estamos en la fase de concertación con la comunidad y de generar una conciencia ambiental sobre la especie”, concluyó.

Una especie que se debe proteger

Entre las muchas bondades del oso de anteojos, u oso andino, está su gran capacidad para repartir semillas por los bosques que habita. “El oso esparce semillas y ayuda a la regeneración natural de los páramos y bosques andinos de nuestro país”, señaló María Camila Villegas, directora de la Fundación Grupo Argos.

Actualmente, el oso es considerado como una especie vulnerable a la extinción, por lo que se combinan esfuerzos para su preservación. La experiencia del proyecto Conservamos la Vida ya ha sido estudiada en países del área andina como Perú, donde podría ser replicada.

Riesgos para el oso en la región

De acuerdo con el estudio realizado como parte del proyecto ‘Conservamos la vida’, los principales riesgos para el oso de anteojos, o andino, son en su orden: la presencia de ganado bovino, con un 25 por ciento; la tala selectiva de su hábitat, 21 por ciento; cultivos, especialmente de maíz, 19 por ciento; incendios 9 por ciento, y minería, 8 por ciento siendo estos los más significativos.

El 18 por ciento restante corresponde a otras causas. Se encontró además que en los predios diagnosticados, la mayoría (81 por ciento) desarrollan una actividad con potencial conflicto con la presencia del oso, como ganadería y agricultura. Una proporción (44 por ciento) de los dueños o encargados de los predios expresaron estar dispuestos a cambiar de ocupación, si la rentabilidad de la nueva actividad productiva es igual a la que obtienen con la labor a la que se dedican en la actualidad.

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