La historia de princesa afro, otro amor que se frustra en novela María

La historia de princesa afro, otro amor que se frustra en novela María

Jorge Isaacs hizo una dura crítica a la esclavitud, a través del malogrado amor de pareja africana. 

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Ilustración de cómo sería Nay de 'María', cuando vivía en África y luego de su llegada a América, a la hacienda vallecaucana en la obra que se remonta al siglo XIX.

Foto:

Miguel Yein

04 de junio 2017 , 05:04 p.m.

“Con la corta y pulcra falda de carmesí salpicada de estrellas de plata; el amplio chal color de cielo, que después de ocultarle el seno, cruzándolo, pendía de la cintura; turbante rojo prendido con agujas de oro, y collares y pulseras de ágata...”. 

Esta es la descripción que Jorge Isaacs hace en su obra María sobre Nay. Ella es la hija de Magmahú, un noble guerrero y uno de los jefes más poderosos de la nación Achanti, de África occidental.

Pero la historia de Nay, como la de Efraín y María, también es la de un amor frustrado y, en su caso, por su príncipe africano: Sinar, el hijo del jefe de una tribu enemiga, cuyo padre fue derrotado y muerto por Magmahú. 

Isaacs le dedica cinco de los 65 capítulos de María a ese amor imposible de Nay y Sinar, y a su historia como una mujer que en sus primeros años hasta conocer a su enamorado vivió en la opulencia y con servidumbre como una princesa en su tierra natal.

Nay y Sinar son los amantes de piel de ébano, a través de los cuales, Isaacs expuso su crítica social a la esclavitud de la cultura africana en América, cuando llegó al Nuevo Mundo, arrastrada con grilletes y látigos, como los que recibió Nay en esa tortuosa travesía por el Atlántico hasta que terminó en El Darién, en casa de un marinero que la compró. En esa travesía, María relata que algunos esclavos prefirieron suicidarse al no poder vivir libres.

Nay es el símbolo en María de la comunidad afro que ha buscado erradicar la desigualdad que hoy, en pleno siglo XXI, sigue rondando en el país y en el departamento de El Paraíso de los protagonistas del idilio malogrado de una de las obras que, precisamente, ha sido elogiada a lo largo de los 150 años desde su primera edición, por ser una de las primeras novelas que marcó la era de la modernidad en la literatura latinoamericana.

El escritor y docente vallecaucano Umberto Valverde se pregunta “por qué Jorge Isaacs recoge la tradición oral de los esclavos y la incorpora en su texto”. Lo hizo para ahondar en la cultura afro en María para hacer un libro de análisis con otros investigadores y escritores, con fotografías de Fernell Franco: María, más allá del Paraíso.

Valverde recalca que el libro se elaboró para tocar diversos aspectos, pero en esa época pocos habían analizado la importancia de la cultura negra en la obra.

Hacienda El Paraíso, en El Cerrito (Valle del Cauca), donde transcurre la obra de Jorge Isaacs.

Hacienda El Paraíso, en El Cerrito (Valle del Cauca), donde transcurre la obra de Jorge Isaacs.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Anota que no que hay que olvidar, como también lo dice el docente Fabio Martínez, que

'María' rinde tributo a una comunidad que sufrió la tortura del desarraigo. Nay fue una princesa que tuvo servidumbre en África. En la Nueva Granada, ella fue una criada, según la obra.

Isaacs y el propio Efraín le rinden tributo a Nay, cuando empieza la agonía de la africana por causa de una hepatitis. “Aquella mujer que iba a morir lejos de su patria; aquella mujer que tan dulce afecto me había tenido desde que fue a nuestra casa; en cuyos brazos se durmió tantas veces María siendo niña”.

“Es preciso decirlo de una vez: en María se incorpora una historia que tiene sus ancestros en la cultura africana porque son elementos constitutivos, vivientes y participantes de la idiosincracia y la cultura del Valle del Cauca, territorio claramente diferenciable y diferenciado del resto del país donde la negritud ha sido definitiva en la estructura social que conforma nuestra personalidad”, sostiene Valverde. Señala que un aspecto que revela esta predominancia es “indudablemente el musical. Las referencias en María, salvo alguna mención a las ‘vueltas’ antioqueñas están íntimamente relacionadas con la música negra”.

Valverde también explica que “el Valle del Cauca, Cali y sus alrededores, las gentes del Pacífico que recibieron la influencia negra, asimilaron estos elementos culturales para producir un nuevo ser, vivamente narrado y contado por uno de los mejores exponentes, Jorge Isaacs... La negritud no es un elemento de adorno, es una manifestación auténtica de una tradición y un pasado al cual no podemos renunciar”.

“La trama histórica que sostiene a María se inicia en África y Jamaica. Del continente negro vino Nay y de la isla caribeña, Ester (María). El destino las junta y comparten sus desgracias, primero en el Chocó y luego en la hacienda de la Sierra, en el pie de monte de la cordillera que otea al valle del río Cauca. En esa geografía, inmersas en su historia y su cultura, se entrelaza, en profundo paralelismo, la tragedia amorosa de estas mujeres”, explica el docente Darío Henao, de la Universidad del Valle y quien ha hecho análisis sobre Jorge Isaacs, su obra y sobre la presencia afro en la misma.

Después de que Magmahú aceptó a Sinar para que se casara con Nay, la fiesta de la boda, con atavíos llenos de oro por el abolengo de ella y de su príncipe, duró casi una semana en su amada África.

“Era ya la última noche que los nobles de la tribu pasaban en casa de Magmahú en danzas y festines. Hermosas mujeres los rodeaban, y ellas y ellos ostentaban sus más bellas joyas y vestidos. Magmahú, por su gigantesca estatura y lo lujoso del traje que llevaba, se distinguía en medio de los guerreros, así como Nay había humillado durante seis días con sus galas y encantos a las más bellas esposas y esclavas de los Kombu-Manez. Hachones de resinas aromáticas, sostenidos por cráneos perforados de Cambez, muertos en los combates por Magmahú, iluminaban los espaciosos aposentos”, relata la obra de María.

La obra ha sido traducida a más de 30 idiomas.

La obra ha sido traducida a más de 30 idiomas.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO


Pero en el relato, Nay y Sinar son hechos prisioneros y vendidos como esclavos. Son separados y cada uno es embarcado en buques distintos.

El destino de Nay fue la Nueva Granada y no vuelve a saber nada de su príncipe Sinar. Solo le queda su recuerdo con el hijo de ese amor: Juan Ángel.


Nay llega a la Casa de la Sierra, porque el padre de Efraín la compró al marinero irlandés “William Sardick, establecido hacía dos años en el golfo de Urabá, no lejos de Turbo” por 150 castellanos de oro...Nay supo enseguida por Gabriela (esposa del marinero), al referirle esta que estaba vendida, que esa pequeña porción de oro, pesada por los blancos a su vista, era el precio en que la estimaban”, dice la obra de Isaacs.

El padre de Efraín conoce a Nay en la casa del marinero, a donde llegó con María, procedente de las Antillas. Al ver que la pequeña se sentía a gusto con Nay decidió comprarla. Así que la noble hija de un jefe guerrero de África, que se cubría de joyas y galas, solo valía unas cuantas monedas, y ella y su hijo pasaron a ser de la servidumbre de una hacienda patriarcal del entonces Estado del Cauca.

En María, el nombre de Nay cambia luego por el de Feliciana, el que Isaacs le dio cuando ella llega a la Casa de la Sierra para ser el aya de Efraín y María, a quienes encantaba con relatos de princesas y príncipes de África, pero mostrando su tristeza por el desarraigo. “... casi a ninguna hora estaban sin lágrimas los ojos de la hija de Magmahú: el canto de alguna ave americana que le recordaba las de su país, o la vista de flores parecidas a las de los bosques del Gambia, avivaba su dolor y la hacía gemir”, se lee en María.

Feliciana cambia su identidad porque se convierte al Cristianismo por un sacerdote francés, como cuenta la historia que reveló la influencia de la religión como un factor preponderante en la transformación de las raíces africanas.
María hace otra crítica a la esclavitud, pues los esclavos quedaban libres al cumplir la mayoría de edad y Nay quería que su hijo dejara de ser esclavo, aunque en un comienzo pensó en la muerte del niño para liberarlo.

El investigador Donald Mcgrady, de la Universidad de California, al analizar los personajes afrodescendientes de la obra vallecaucana dice que “en Nay y Sinar, Isaacs condena la esclavitud como sistema social, pero al mismo tiempo tiene cuidado de señalar que algunos amos trataban paternalmente a sus esclavos. Por un lado pone de relieve, horrores degradantes que sufren los negros en manos de traficantes que los traen de África; por otro demuestra que algunos blancos les dan un trato bondadoso (el padre de Efraín compra a Nay para salvarla... y le da su libertad”.

Añade que “al ver la importancia que Isaacs concede al tema de la esclavitud comprendemos por qué colocó en África la acción de Nay y Sinar. África no solo representaba para él un continente desconocido y, por lo tanto, exótico sino que también le daba la oportunidad de tratar un problema que siguió siendo de actualidad...”.

Entre líneas, Isaacs fue más allá del romanticismo

Investigadores y críticos especializados como los escritores vallecaucanos Umberto Valverde, Fabio Martínez y Fernando Cruz Kronfly; el docente Darío Henao, de la Universidad del Valle; o Donald Mcgrady, de la Universidad de California (Estados Unidos), opinan en sus estudios que la obra de Jorge Isaacs no puede quedar encasillada en viejos paradigmas. Recalcan que ni siquiera puede ser vista como una mera descripción costumbrista.

María no es precisamente romántica porque sea una novela de amor. Hay muchas novelas de amor que no son románticas. Lo que la hace romántica americana es, paradójicamente, su distanciamiento respecto del romanticismo europeo...En principio, Isaacs no es un romántico en el sentido y con el alcance que el movimiento romántico europeo tuvo, como un movimiento de reacción contra los abusos de la razón y los efectos de la Ilustración. Más que una novela realmente romántica, María es una novela de amor”, dice Cruz Kronfly sobre Isaacs. Añade que los personajes no buscan la felicidad perdida.

“Durante casi 150 años, la crítica y los manuales de enseñanza han tenido a su autor por espejo de Efraín, el infortunado héroe romántico de la novela. Enfoque tradicional que hace apenas unos años empezó a reevaluarse en un libro colectivo, María, más allá del Paraíso”, dice el docente Henao. Este libro fue escrito por Cruz Kronfly, Manuel Mejía Vallejo, Umberto Valverde, Rodrigo Parra Sandoval, Álvaro Bejarano, Jaime Galarza, Hernán Toro, Santiago Mutis y Darío Ruiz, con fotografías de Fernell Franco.

CALI

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