En violencia contra la mujer: 'Ni una más'

En violencia contra la mujer: 'Ni una más'

Ataque contra Dora Lilia Gálvez, en Buga (Valle) refleja que no cesa violencia contra ellas.

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Con representación, colectivo pide parar violencia contra las mujeres. Este año en el Valle han sido asesinadas 147.

Foto:

EL TIEMPO

20 de noviembre 2016 , 01:51 a.m.

Trauma craneoencefálico severo, trauma en el tórax y abdomen, lesiones en sus partes íntimas, quemaduras de primer y segundo grado, trauma de tejidos blandos, lesiones en el pulmón derecho, grave infección general por heces y orina que le obligaron ingerir.

Es el cuadro de las lesiones que sufrió Dora Lilia Gálvez, el domingo 6 de noviembre cuando hacía limpieza y la atacaron en una casa en el barrio Sucre, de Buga, centro del Valle.

De 44 años y un hijo de 26, se dedicaba a oficios varios y en esa tarea llevaba dos semanas pintando esa vivienda y la aseaba para entregarla. En las paredes quedaron los rastros de sangre y de la violencia que sufrió ese día.

El brutal ataque pone de presente la violencia de todo tipo contra la mujer, incluso chiquillas de apenas meses abusadas, víctimas de allegados. Esta semana se conoció el caso de una niña de 5 años a la que su padre, al que le habían otorgado la custodia, le ponía ver videos pornográficos. En su contra un juez de Cali ordenó su detención carcelaria.

En Cali y su área metropolitana (Yumbo, Vijes, Candelaria, Jamundí y La Cumbre), de acuerdo con los registros de la Policía, hasta septiembre se registraron 97 homicidios de mujeres. Otras 50 fueron asesinadas hasta octubre en los 36 restantes municipios del Valle, para un total de 147 en el departamento este año.

Otras 383 fueron víctimas de ataques sexuales y 1.266 denunciaron violencia intrafamiliar.

Ángela, víctima de muerte anunciada

Adalgiza Charria, quien lidera colectivos en defensa de los derechos de las mujeres, expresa que agresiones como la que fue víctima Dora Lilia Gálvez deberían indignar y movilizar a la ciudadanía.

“Es aterrador, es necesario un ‘basta ya’, un ‘ni una más’, esto tiene que ser un inaceptable social”, dice la comunicadora.

Expone que por el caso de una adolescente de 16 años que a mediados de octubre fue drogada, violada y empalada en Argentina, miles de personas marcharon el 17 de octubre en rechazo al brutal ataque.

Una marcha se hizo el mismo día en Ciudad de México por ese hecho y contra la violencia hacia las mujeres en el país azteca. Brasil y España también expresaron repudio.

Charria dice que “no se puede permitir ninguna justificación ‘que porque estaba borracha’, ‘llevaba minifalda’, ‘porque tenía otro’. Todo el mundo exponer razones para justificar, no se puede permitir eso”.

El exfiscal Elmer Montaña señala que tras estos ataques hay dos aspectos estructurales, uno cultural, que tiene que ver con una formación y educación machista que viene desde el hogar

“Tenemos todavía una cultura en donde la mujer está en condiciones de sometimiento y más cuando hay dependencia económica, social e incluso afectiva. Eso hace que las barreras que desde el punto de vista social debieran existir para que el hombre no actúe de esa manera, son muy difusas, es una sociedad que no ha levantado barreras claras y acciones morales y legales en contra de los agresores”, expone.

Y agrega que otro aspecto es el legal, en donde el Estado es ambivalente y le ha dejado toda la responsabilidad al sistema judicial y muy poco hace para prevenir este tipo de violencia y menos para orientar a las mujeres victimas de agresiones.

“Sólo cuando se presentan los hechos de violencia grave ya corresponde conocerlos al sistema judicial, hay alguna respuesta, pero mientras tanto las mujeres siguen viviendo dentro de la familia y al interior de la sociedad problemas de agresión que no le permiten a ellas tener un tipo de atención, asesorías”.

Ambos expertos en esta problemática coinciden en que muchas son víctimas crónicas y cuando se llega a un ataque brutal hay un largo antecedente de maltrato verbal, empujones y otros hechos. Señalan que hace falta un pronunciamiento fuerte de las iglesias.

Precisamente, esta semana la Gobernación del Valle anunció una ruta de atención con enfoque diferencial, con enlaces en Buenaventura, Buga, Tuluá, Cartago, Roldanillo y Sevilla. Se espera que esta vez sea efectiva esa estrategia.

Ángela, víctima de muerte anunciada

Las lágrimas de una niña tratando de reanimar a su madre fueron las únicas acompañantes de Ángela Yiced Salazar Loaiza, quien murió apuñalada por su expareja en una calle del barrio Compartir a escasos 20 metros de la guardería donde su hija estudiaba.

El hecho que ocurrió el pasado de 4 febrero no era extraño para la mamá de Ángela, quien indicó que “esa muerte ya estaba anunciada”, e insistía a su hija que no se viera más con el hombre pues, en repetidas ocasiones, atentó contra su vida.

Uno de los atentados que quedó en el reporte de la fiscalía fue en noviembre de 2015, cuando Ángela salió a reclamar un dinero de Familias en Acción, luego llamó a su expareja quien le había prometido ayudarla a gestionar una tarjeta de identidad.

El hombre le discutió al encontrarle el dinero en el bolso, reclamándole su procedencia, luego la subió a la fuerza en su moto hasta el río Meléndez donde la trató de violar y apuñalar. Al anochecer la subió de nuevo a la moto y la llevó hasta el municipio de Suárez, en el Cauca, al día siguiente la violó y la amenazó de muerte.

A pesar de esto, no se dictó ninguna medida de aseguramiento contra su expareja, solo una medida de protección policiva que expidió la Fiscalía.

Escuela de maltrato, desde el hogar

Milena Palacios conoce del maltrato desde su niñez. Cuenta que su mamá salió con ella y sus hermanos del Chocó, huyendo del maltrato del esposo.

Pero la enseñanza en su casa era que debía aprender a cocinar y hacer oficio para atender a sus futuros hijos y marido.A los 14 salió de su casa y entonces se repitió en ella el drama del maltrato que había vivido su mamá.

Pese a que aportaba para atender los gastos, su marido le reclamaba que no era suficiente.

“Primero fue agresión verbal y luego física”, dice. Y aún ya separados, no paraba la agresión. Un juzgado le impuso restricciones en las visitas. Hoy, ella invita a las mujeres a no callar.

A sus 33 años termina su bachiller y quiere seguir una carrera.

CALI

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