Los 'hijos' regados del viche

Los 'hijos' regados del viche

Bebidas autóctonas en el 'Petronio Álvarez' que se suman al tradicional licor que sale de la caña.

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Variedad de bebidas autóctonas en el Festival 'Petronio'.

Foto:

EL TIEMPO

16 de agosto 2016 , 01:51 a.m.

No es sino que se anuncie el Festival ‘Petronio Álvarez’ para que las redes sociales estallen con frases alusivas a la fiesta más grande del Pacífico, por ejemplo, aquellas que exaltan al viche como el acompañante perfecto para el alboroto.

En el imaginario de muchos se ha quedado la idea de que “sin viche no hay corrinche”, pero esta bebida autóctona de la región es mucho más que un sinónimo de rumba.

Del guarapo de caña de azúcar, que se destila en un proceso natural, brota toda la magia. Su connotación también tiene un aire místico, pues hasta los tiempos de la luna son importantes en el momento de los cortes de la caña e influyen en la calidad de lo que se convierte en la cura de todos los males. ¡Hasta libera!

Los primeros hijos del viche fueron los esclavos afro descendientes que, como lo cuenta el expositor de bebidas autóctonas Dimas Orejuela, “se tomaban un traguito de viche, para salir a enfrentar las guerras de liberación del pueblo y lo vincularon al conocimiento ancestral”.

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Inclusive, los más viejos continúan enterrando el viche por varios días en reposaderos, para darle un sabor fermentado diferente, como forma de conservar una práctica de los antepasados, que en la actualidad se ha visto afectada por los afanes de la comercialización. Los saberes de los ancestros también quedaron envasados en botellas de viche curadas con hierbas, estas potencian sus propiedades milagrosas, a través de ritos y rezos, de allí los dones sobrenaturales que vienen marcados por el grito de libertad de los primeros hijos del viche.

En los adentros de las selvas del Chocó, la botella medicinal curada fue la mejor receta para los enfermos y, como lo cuenta Teresa Murillo, quien mostró sus bebidas y es nativa de San Juan.“El curandero, ese hombre mayor a quien se le había transmitido el conocimiento, es quien la elabora con una receta especial, para cada persona y para cada enfermedad”, dijo.

De la selva a todas partes, los hijos del viche se fueron regando. Se convirtió en la base de un incontable número de bebidas autóctonas de un ‘padre’ que se mezcla con otras buenas sustancias, no discrimina y es el culpable de más de un embarazo, por las propiedades afrodisiacas y fecundativas que se le atribuyen.

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El Festival y el viche son más que el famoso ‘arrechón’, que se elabora con tres leches, borojó, miel, maní y otros ingredientes para darle un sello propio; es más que ‘crema de viche’, que se inspira en el conocido Baileys, para paladares más suaves. Ambas bebidas conocidas como potenciadores sexuales.

Es más que ‘toma seca’, conocida también por su apodo de ‘bebedizo’ o ‘chuco’, que “limpia a las mujeres que acaban de dar a luz y les saca sus fríos bajos, les ayuda a recuperarse y las deja listas para su próximo embarazo”, cuenta el guapireño Dimas, “y también sirve para los cólicos menstruales porque tiene canela, nuez moscada y hierbas como la nacedera”, agrega la chocoana Teresa.

Aparecen otros hijos que tienen nombres curiosos y llamativos como ‘abre cucas’ que, según Alberto Pinillo, quien ayuda con las bebidas a su madre Licha Pinillo. “Se diferencia porque contiene naidí, un fruto que comparten las familias; además trae casi todo lo que tiene el ‘arrechón’”, a lo que su compañera de stand agrega que: “Abre cucas ¡Literal!”, comentó.

Como un gemelo del ‘rompope’ está el hijo ‘parapicha’, ese mismo que doña Maura de Caldas, cocinera tradicional, traía a Cali para dar a conocer las bebidas autóctonas del Pacífico en su restaurante, que tiene el bejuco pichapará, las pichas de animales y alivia la preocupación de virilidad de más de uno.

El ‘tumbacatre’ con secretos de las abuelas, el ‘canelazo’, la balsámica chocoana o ‘levantamuerto’, ‘vinete’ similar al vino; y ‘aguas del placer’, con el nombre de quien las elabora.

Este es el ‘Petronio Álvarez’, un Festival que, sin duda, permite la reunión más grande de todos los ‘hijos’ regados del viche, los que están en las botellas y los de carne y hueso, que revolotean pañuelos sin parar. 

LUISA MARÍA BOLAÑOS

CALI

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