Con la fuerza no se acaban cultivos ilícitos

Con la fuerza no se acaban cultivos ilícitos

A la Diócesis de Tumaco llegó monseñor Orlando Olave. Dice que trabajará por consolidar la paz.

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05 de junio 2017 , 07:18 a.m.

El nuevo obispo de la Diócesis de Tumaco, monseñor Orlando Olave Villanoba, dice que no tiene miedo de estar en uno de los municipios más golpeados por el conflicto armado en Colombia y confiesa que no llega ni como un trabajador social o un empresario, sino como un enviado de Dios.

El prelado, pocos días después de haber asumido el cargo ante el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Ettore Balestrero, en la Catedral de Tumaco, expresa que trabajará para consolidar el proceso de paz en ese territorio que hoy es disputado por el Eln, las bandas criminales y los narcotraficantes para sacar provecho de las rutas de la droga.

Sobre cómo resolver el complejo tema de la existencia de cultivos de uso ilícito en una extensa franja de este municipio de la Costa Pacífica de Nariño, el obispo, proveniente de Barrancabermeja, sostiene que no es a punta de Fuerza Pública, sino con inversión social y con la misión que debe cumplir toda la institucionalidad del Estado colombiano.

¿Sintió temor por tener que continuar su apostolado en una de las regiones más golpeadas por la violencia en Colombia?
Temor no, porque yo siempre he confiado en Dios y si me trajo hasta este lugar, sin duda, Él mismo me dará las fuerzas. Yo no vengo aquí como un trabajador social o como un empresario, yo vengo aquí en nombre del Señor y de la Iglesia.

¿En qué se asemejan Barrancabermeja y Tumaco a la hora de continuar con su misión evangélica?
Son pequeñas ciudades, ciudades intermedias con un clima muy parecido, son además, ribereñas pero, sí tienen algunas características similares: la dignidad y espontaneidad de la gente, pero también se parecen con la realidad social; Barranca también fue golpeada por distintos actores armados, por la corrupción y por el abandono del Estado.

En Tumaco, los territorios dejados por las Farc, los empiezan a ocupar otros grupos armados ilegales. ¿No se pone en riesgo el proceso de paz?
Llevo pocos días aquí en Tumaco, no tengo la información más fidedigna sobre el tema, eso lo han dicho los medios de comunicación, pero creo que nos toca trabajar para que el proceso de paz se consolide y tome el mejor rumbo. La institucionalidad, el Gobierno Nacional y los organismos de seguridad tienen que garantizar la seguridad en la zona.

¿Cuál considera que es la estrategia para que desde la Diócesis se pueda contribuir a que esos grupos armados dejen en paz el territorio?
La Iglesia siempre ha hecho una presencia. Nosotros no somos los indicados para hacer las cosas que debe hacer el Estado que es el que debe impulsar todas las estrategias para que la paz se pueda consolidar y con ella, la reconciliación; nosotros, como Iglesia, haremos lo que hemos hecho siempre: acompañar y dar nuestro punto de vista porque estamos para ayudar.

Tumaco es en este momento el municipio con más cultivos de coca en Colombia, ¿cree que el Gobierno está equivocado en la aplicación de la política para combatirlos?
El narcotráfico es un problema mucho más profundo y los cultivos ilícitos son consecuencia del abandono, de la falta de carreteras, de la falta de oportunidades de las comunidades; es muy complicado pedirle a un campesino que se ponga a sembrar tomates o cacao cuando no tiene posibilidades de comercializarlos y no tiene seguridad alimentaria. Todo tiene que ir de la mano de la inversión social y que la institucionalidad cumpla con su misión pero, seguramente, a punta de Fuerza Pública este problema no se va a solucionar. Tiene que haber una intervención del Estado y que sean escuchadas las comunidades con sus necesidades.

La corrupción es otro de los males de Tumaco y de los municipios del Pacífico nariñense. ¿Cómo atacarla?
Hay que castigar a los corruptos. Desde la Iglesia podemos formar a nuestros ciudadanos desde la predicación, a sensibilizar siempre de que los recursos públicos son sagrados; los corruptos están acabando con los más pobres, con los que no tienen recursos.

¿Cuál es su mensaje al pueblo católico del Pacífico?
El mensaje es buscar la reconciliación y la paz sin descanso. Debemos insistir en esa búsqueda; yo colocaré todas mis fuerzas, y mi trabajo apostólico en esa tarea y espero poner todo mi empeño en la construcción de la reconciliación y de la paz en esta región.

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