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Francisco Piedrahíta sobrevivió masticando plantas y bebiendo orina

Por: CATALINA GALLO R. EDITORA REDACCIÓN EL TIEMPO | 11:41 p.m. | 28 de Mayo del 2011

Así fue encontrado Francisco Piedrahita en el parque natural de EE. UU.

Así fue encontrado Francisco Piedrahita en el parque natural de EE. UU.

Foto: Archivo Particular

Tras cuatro días en un pantano de Estados Unidos, Piedrahíta sobrevivió sin comida ni bebida.

Francisco Piedrahíta guardó el celular en la cajilla de seguridad del hotel donde estaba hospedado en Estados Unidos. Lo tenía para las emergencias que se le pudieran presentar durante su estadía en ese país y estaba seguro de que ese sábado no habría ninguna.
Se fue en un taxi al Parque Nacional Jean Lafitte, una zona de 9.300 hectáreas cerca de Nueva Orleáns, para tomar fotos de aves, uno de sus pasatiempos, y terminar así su viaje antes de regresar a Cali, donde trabaja como rector del Icesi, una de las universidades de mayor prestigio en Colombia.

Ya en el parque, Francisco camino detrás de un wood duck, un pato que a él le encanta y que no había podido fotografiar. Logró capturar la imagen de la hembra, más no la del macho, así que se salió un poco del camino en su búsqueda. No lo encontró, pero tampoco la salida del parque. Caminó por cuatro horas con muchísimo esfuerzo y cuando entendió que no podía seguir, decidió quedarse en una especie de isla, totalmente agotado.

Tampoco pudo dormir. A las ocho de la noche comenzaron a picarlo y a rodearlo las hordas de mosquitos, zancudos, tábanos, un montón de insectos que luego Francisco describiría como más agresivos y más fuertes que los del trópico (Vea aquí los textos que escribió Francisco Piedrahita mientras estaba perdido).

La compañía de estos animales no cesó hasta las ocho de la mañana del día siguiente, pero ya no era tiempo para dormir. Francisco sentía que debía mantenerse despierto para ayudar a que lo encontraran. Su camisa amarrada a un palo era su bandera y la ondearía cuantas veces fueran necesarias.

Ese día, hacia las seis de la mañana, comenzó a escuchar unos ruidos que le aseguraron que la búsqueda había comenzado. Sabría después que esos sonidos provenían de unas obras civiles cercanas, pero en ese momento le dieron esperanza, como lo hicieron, hacia las 10 de la mañana, unas sirenas de bomberos.

Horas más tarde, un helicóptero pasó justo encima, él ondeó su camisa y quedó convencido de que pronto lo rescatarían, pero el día de Francisco terminó con él dentro del pantano, sin comida, sin bebida y con conjeturas sobre lo que habría podido pasar durante esas horas fuera del parque, con su familia y conocidos.

La señal de alarma

Aquel sábado, mientras Francisco intentaba reencontrar la salida del parque, a las cinco de la tarde los guardias le solicitaron al taxista que se retirara, porque ya iban a cerrar. Él les explicó que su pasajero no había regresado y entonces la Policía comenzó su trabajo.

El conductor, un hombre mayor, afroamericano, que cobraba a 32 dólares la hora, no sabía que esta buena obra le acarrearía problemas, pues se convirtió también en sospechoso de la desaparición de Francisco y fue varias veces interrogado e investigado por las autoridades.

Cuando Claudia, la esposa de Francisco, y sus dos hijos, Esteban y Vicente, supieron que él estaba perdido, viajaron a Estados Unidos.

Más de 100 personas se dieron a la búsqueda, del servicio de parques de Estados Unidos, unos de Colorado y la Florida que viajaron exclusivamente a encontrar al hombre desaparecido, tres helicópteros, la Guardia Nacional y gente de la oficina del sheriff del condado. Francisco diría luego que le había dado mucha vergüenza que un acto suyo hubiera generado semejante reacción.

Fuera del parque, todo era acción, pero adentro, en el pantano, las horas de Francisco se iban entre el hambre, la sed y el no poder dormir. Y el silencio. Podía escuchar el tráfico día y noche, pero ni una sola voz. Ese no contacto con un ser humano le causó mucho sufrimiento. Masticaba pequeñas plantas, las chupaba y luego botaba el bagazo. Buscaba la humedad vegetal, pero esta no fue suficiente y bebió su propia orina. El pantano era lodo.

Las hipótesis que barajaban sus familiares se movían entre la posibilidad de que un cocodrilo lo hubiera atacado, que alguien lo hubiera atracado y sacado del parque o que una serpiente lo hubiera envenenado. Por paradójico que pareciera, no tener rastros de Francisco, les hacía pensar que él estaba completo.

En blanco

Luego de la ilusión del primer helicóptero que vio sobre él, vino un día sin señales para Francisco y así, los siguientes se fueron entre la misma dieta, las mismas noches de insomnio, unas horas de sueño en el día, unas conversaciones consigo mismo que por fortuna no lo llevaron a tirar la toalla y unos altos y bajos entre las posibles señales de que lo estaban buscando, y las horas en las que el silencio y la calma total lo sumían en la incertidumbre.
También pasaba el tiempo escribiendo a modo de bitácora en recibos de tarjetas de crédito que llevaba consigo.

Hasta que Francisco comenzó a sentir su boca seca y entonces sí tuvo miedo. Una deshidratación podría llevarlo a perder la razón y también la vida. Decidió cambiar de estrategia y moverse. Salir de esa isla implicaba pasar por partes muy grandes de pantano, dos palos lo acompañaron para avanzar, medir profundidad y movilizarse. Se encontró con un tronco gigantesco de ciprés y pasó la parte más ancha del pantano subido en él. Avanzó una hora hasta que de pronto escuchó un helicóptero que comenzó a dar vueltas sobre él. Fuera del parque, un hombre le informó a Claudia que habían encontrado a su esposo y que estaba bien. Ella se desmayó.

Lo demás fue la felicidad del reencuentro y los días en el hospital recuperándose. Pero la familia Piedrahíta quería encontrar al alguien más: al taxista. La policía los ayudó. En la clínica abrazó a su pasajero perdido, que le ofreció pagarle el servicio. El conductor cobró 170 dólares, pero Francisco le dio lo correspondiente a 8 horas de trabajo, cerca de 500 mil pesos, más propina.

El domingo, mientras Francisco estaba en el pantano, la Policía requisó el hotel y encontró en la cajilla de seguridad el celular que él había llevado para cualquier emergencia.

* Con reportería de Brenda Murphy.

Catalina Gallo R.
Editora redacción EL TIEMPO

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